Ciclismo

Roglic toca la puerta y Thomas no abre

Roglic, Dumoulin y Thomas, en pleno descenso/Reuters
Roglic, Dumoulin y Thomas, en pleno descenso / Reuters

El esloveno se adjudica la etapa del Aubisque y el líder asegurará hoy su victoria en el Tour

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

En un club privado inglés, una tarde de apuestas y whisky, puede pasar cualquier cosa. Puede pasar que un gentleman sentado en un cómodo sofá del Reform Club, en pleno Pall Mall londinense (concretamente en el número 104), levante la vista del 'Morning Chronicle' y diga que es posible dar la vuelta al mundo en 80 días. Y que otros socios acepten la apuesta. El Tour es un club privado que gestiona el Sky al estilo inglés: Primoz Roglic (Lotto-Jumbo) toca la puerta y Geraint Thomas no le abre. Solo para socios, 'sorry'.

El corredor galés se aseguró ayer la victoria final en el Tour de Francia, en una travesía sin sobresaltos por las carreteras mágicas del Aspin, Tourmalet y Aubisque, donde no ofreció resquicios de debilidad. Thomas da continuidad a la saga que inauguró Bradley Wiggins y alargó Chris Froome. Desde 2012 el Tour es del equipo inglés, con la única excepción de 2014 cuando Vincenzo Nibali metió su cuña aprovechando las caídas de Froome. Todo lo demás, seis Tours, han sido del Sky.

Este rodillo ha causado víctimas. Una por encima de todas las demás: Nairo Quintana (Movistar). El fenomenal colombiano se va a retirar sin haber podido ganar el Tour de Francia, uno como él que tenía el talento, las condiciones y la voluntad de hacerlo. Que representaba uno de los grandes ciclismos del mundo y su sueño amarillo. Froome le frenó y ahora, Thomas.

El galés va a ganar el Tour con 32 años, por lo que la guerra por la sucesión está abierta. El próximo eslabón del Sky será Egan Bernal, pero aún tiene 21 años. Hasta que este nuevo colombiano esté para ganar en París pasarán unos años, quizá pocos, y en este interregno se abren opciones para los aspirantes.

Primoz Roglic quiere ganar el Tour. Ayer se llevó la etapa con un maravilloso descenso del mítico Aubisque, en el que distanció a todos los favoritos. Su plástico dominio de la bicicleta es una delicia para los ojos. Y su motor es de primera. El esloveno volvió a atacar ayer varias veces, como hizo en el Portet. Ha llegado con gasolina a la última semana y, a los 28 años, ha dado un salto en el escalafón para situarse a la altura de Tom Dumoulin (Sunweb), que es mucho decir porque el holandés es el heredero natural del trono de las vueltas de tres semanas que deja vacante Froome. Dumoulin también tiene 28 años. Como Quintana, pero sus caminos se cruzan, unos suben y otro baja.

Vencedor de la Itzulia

Roglic se colocó ayer en posiciones de podio, es tercero, y hoy tratará de asegurarlo en carreteras vascas. Ganador de la Vuelta al País Vasco en abril, el esloveno se fue directamente de Arrate a Senpere para inspeccionar el recorrido de la crono de Iparralde, los 31 kilómetros de hoy. Le gustó lo que vio.

La victoria final de Thomas no se pone en cuestión, porque el galés va muy bien contra el crono y tiene 2:05 de ventaja sobre Dumoulin. Roglic está 19 segundos más atrás y Froome, a siete segundos del esloveno. Cuatro campeones para tres escalones del podio de París.

La presencia de Dumoulin y Roglic ha dado vida a la carrera, ante los problemas del tridente del Movistar, lastrado por la caída de Landa en Roubaix y reconfortado por la victoria de etapa de Quintana en el Portet. Tanto el holandés como el esloveno son ciclistas transparentes, que corren de cara. Los dos han buscado la debilidad del Sky y la han encontrado a medias, en Froome. Han tanteado a Thomas, que si gana el Tour es porque ha sido el más fuerte. No hay lugar a la duda, porque Dumoulin y Roglic han probado todos los días. No queda la sensación de qué habría pasado si...

En la era de dominio del Sky desde 2012, a sus corredores les han acompañado en el podio Quintana (tres veces),Bardet (dos), Nibali, Purito Rodríguez, Valverde y Urán. Ninguno de ellos repetirá mañana en París. Solo Nibali ganó también el Tour en este tiempo.

La fotografía de Dumoulin y Roglic al ataque, Thomas de amarillo y Froome quedándose, invitaría a hablar de cambio de ciclo, de relevo generacional, pero Thomas va a ganar el Tour con 32 años, uno menos que Froome.

Dumoulin y Roglic deberían dominar el panorama en el corto plazo, pero ambos necesitan reflexionar. Tienen las condiciones para ganar en París, pero salen perdiendo en la comparación cuando se analizan los medios de los que disponen para hacerlo. Mientras el Sky es un coloso al servicio de sus líderes, Roglic y Dumoulin corren solos. El Sunweb no puede acompañar a su jefe cuando el grupo queda reducido a menos de 30 unidades y el Lotto-Jumbo no tiene cultura ni automatismos de trabajo para la general, por la falta de costumbre.

Ayer, Steven Kruijswijk iba en el grupo principal pero no aportó nada a Roglic. Nadie regala un Tour y a un líder siempre se le va a atacar. Ambos necesitarán estructura para acometer esa empresa y, de momento, no la tienen. Algo como lo que hizo Nibali en invierno al reclutar a Gorka Izagirre –brillante de nuevo ayer– para el Bahrain tras verse desasistido en el Giro de 2017.

Landa, valiente

Mikel Landa (Movistar) se lanzó la ataque en el Tourmalet, a más de cien kilómetros de la meta. Fue valiente en busca de un imposible, pero su corazón le mandó atacar. Salió a por Zakarin (Katusha) y se les unió Bardet (AG2R), a quien este Tour se le ha ido entre los dedos tras ser podio los dos últimos años.

Cabalgaron por los Pirineos y lograron tener al grupo del líder a 3:10. El alavés llegó a ser segundo en la general virtual. El sueño del Landa volador del Giro de hace tres años se encendió en la memoria del algún aficionado. No en la de Landa, que sabía que el ritmo machacón del Sky sería implacable a la larga. Así fue. Aguantó hasta la cima del Aubisque, justo donde Roglic acopló su cuerpo a su preciosa bicicleta Bianchi celeste y se lanzó ladera abajo.

El viejo saltador de esquí no tiene miedo y realizó una bajada preciosa, que recordó a la que firmó a dúo con otro de los protagonistas de este Tour, Julian Alaphilippe, en la primera etapa de la Itzulia, de Elkano a Meagas. Si aquello fue una delicia, lo de ayer no se quedó a la zaga.

En meta, Roglic no cayó en la vulgaridad de apretar hasta el último metro para no perder ni un segundo. Consciente de ser el ganador de una etapa mítica, Aspin, Tourmalet y Aubisque, levantó los brazos como los campeones. Su Tour empieza en once meses. Y el de Dumoulin.

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