Puerta grande o enfermería

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Thibaut Pinot entiende el ciclismo no como un asunto a todo o nada. Como esos banderilleros a los que persigue el hambre y se la juegan delante de un toro de 600 kilos al grito de 'o puerta grande o enfermería'. Y salen con una cornada en la femoral, dando gracias al cirujano y a todas las vírgenes que conocen y con más hambre que antes.

Pinot merece un homenaje. Antes que desistir, prefiere acabar en el hospital. Literalmente. Hace dos años, llegó tercero y luchando por la victoria a la penúltima etapa del Giro. Testigo directo de la cabalgada de Froome en La Finestre, 24 horas más tarde cruzó la meta casi inconsciente empujado por sus compañeros y acabó en el hospital del Valle de Aosta. Se tiró allí un tiempo, antes de resucitar y reaparecer triunfante en la Vuelta a España, donde ganó dos etapas.

Ayer, se bajó cuando ya no podía ni mover la pierna. Ni un minuto antes. Su compañero William Bonnet le empujó unos metros. Una imagen que se repite para Pinot, un maldito, un romántico, una personalidad sensible. Uno que ha hecho grande este Tour, como Alaphilippe.

Se le escapó a Francia la carrera en apenas dos horas. De la marcha triunfal en los Campos Elíseos a la derrota en todos los frentes, en menos de cien kilómetros. Hinault sigue esperando sucesor, desde 1985.

El Tour se va a Colombia por primera vez en la historia y lo va a ganar un chaval de 22 años. Un dato relevante, que confirma el cambio de canon ciclista que ha supuesto este Tour. Alaphilippe ha triturado todas las teorías de preparación; Bernal, la ideología conservadora que gobierna el ciclismo según la cual las carreras de tres semanas son solo para hombres hechos y derechos, forjados en toda clase de adversidades a lo largo de los años.

Si lo logra, Bernal será el segundo ganador más joven de la historia del Tour, solo por detrás de Henri Cornet, que se anotó el de 1904 con 20 años. Igualará con François Faber (1909) y Romain Maes (1935), que también lo hicieron con 22.