PATRICK Y FREDDY

LUCA CORSI

De la mayor obscenidad surge una mariposa. Precaución, hay poetas por el camino. Vamos hacia la meta en Quimper y nos paran en la Côte de Trimen, la segunda que van a subir los corredores. Es pronto y no hay mucho público. Una furgoneta ocupa la calzada y dos hombres están inclinados sobre el asfalto. Son dos artistas, pero aún no lo sabemos.

Como tenemos tiempo, bajamos a ver qué pasa. Son Patrick y Freddy, unos 50 años. Su labor es recorrer toda la etapa inspeccionando las pintadas que cubren el asfalto. Si ven insultos, obscenidades o mensajes políticos, paran y sacan la brocha. Pero no van a lo fácil. Si en la retransmisión se ve un elegante rinoceronte rosa que sobrevuela con unas alas azules un lago que parece el mar es que alguien había escrito lo que piensa sobre -por ejemplo- el presidente Macron.

Son un espectáculo. Trabajan a cuatro manos. Convierten la mayor guarrería en un fresco impresionista en un momento. Y a por la siguiente. Es la típica cosa en la que no te fijas, pero si te fijas te das cuenta de que hay centenares. No dan abasto. Lo bueno es que hay tantas que no discuten. Pues pinta una oveja si quieres, en la próxima dibujo yo la torre Eiffel.

No podemos resistirnos. Venga, vamos con ellos hasta la siguiente subida, la Roche de Feu. Allá vamos. No tarda en aparecer la primera pintada. Es el anuncio de una página web. También ocultan la publicidad no autorizada, que abunda. Disimulan las letras con cinco o seis trazos limpios y decididos. Ésta, en concreto, queda como un cuadro de Mondrian, varios cuadrados uno encima del otro. Rojo, gris y amarillo. Como el maillot de la La Vie Claire de Hinault y Lemond en los 80, se las da de entendido Kevin, el del 'Herald', que hoy va en el asiento de atrás.

Un par de exhibiciones más de Patrick y Freddy y les dejamos en Les Trois Fontaines. Ellos siguen para Châteaulin y nosotros bajamos a la meta, en Quimper.

Gana otro artista de todos los colores, Peter Sagan.

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