Ciclismo

Omar Fraile, el cazador

Omar Fraile aprieta los dientesen los últimos metros de lasubida final a Mende. / EFE
Omar Fraile aprieta los dientesen los últimos metros de lasubida final a Mende. / EFE

El vizcaíno gana en Mende, donde Thomas, Froome y Dumoulin vuelven a confirmar su superioridad |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El día que derrotó en una etapa del Giro de Italia a Rui Costa, Omar Fraile (Astana) se convirtió en un ciclista nuevo. Fue el 17 de mayo del año pasado en Bagno di Romagna, el día que el Giro del Centenario homenajeaba a Gino Bartali. El corredor santurtziarra batió con todas las de la ley al portugués en una etapa hecha a la medida del excampeón del mundo, con una fuga tensa con el pelotón en los talones. Una situación en la que Rui Costa era infalible, en la que había cimentado su fama y su prestigio de cazador implacable. El peor enemigo para alcanzar la meta con él. Capaz de desestabilizar a cualquiera con su cuidada estrategia de guerra a base de saltarse relevos y atacar solo una vez, pero para ganar. Capaz de provocar un caos como el del Mundial de Florencia y acabar ganando el maillot arco iris. Aquel día en el Giro, Fraile le ganó en su terreno y se convirtió en otro ciclista. En el heredero. En lo que es hoy: un cazador.

Su estilo recuerda al de Rui Costa. Domina el arte de ir agazapado. Ayer, en la fuga de 31 corredores que decidió la etapa, el vizcaíno supo guardar fuerzas. Supo ir encontrando motivos para dejarse caer a la parte trasera del grupo. Supo que no se le notara. Solo un viejo maestro como Philippe Gilbert (Quick-Step) se lo afeó.

No se puso nervioso cuando se marcharon Gorka Izagirre (Bahrain), Slagter (Dimension Data) y Stuyven (Trek), en un corte que parecía ganador. El ormaiztegiarra, tras el abandono de Nibali, tiene vía libre para buscar sus opciones y las está explotando. Ayer acabó muy enfadado. «Muy mal, porque teníamos casi un minuto de ventaja y, en un momento, uno de los dos compañeros de escapada dejó de colaborar». Era Slagter, al que se lo reprochó de forma visible sobre la bicicleta.

Fraile supo sacar provecho de todo, que cualquier cosa que sucediese en la etapa fuera en su beneficio. Como esa discusión entre Izagirre y Slagter que dejó a Styven solo en cabeza.

Entonces, Fraile midió al belga, calculó cómo sufriría su corpachón de clasicómano para alcanzar lo alto de Mende (tres kilómetros al 10,1%) y atacó en la parte final de la subida. Rebasó al flamenco a doscientos metros de la pancarta y resistió por la mínima la acometida por detrás de Alaphilippe (Quick-Step), otro que no da puntada sin hilo. El cazador ya tenía su presa. El exremero de la Sotera de Santurtzi tuvo tiempo hasta de atarse el maillot para que se viera la publicidad.

Fraile, que cumplió 28 años el martes, logró su tercera victoria de la temporada tras la etapa de la Vuelta al País Vasco en Eibar y una del Tour de Romandía. Las tres, del World Tour. Tras comenzar en la bicicleta de montaña, el ciclista de Santurtzi iba a pasar a profesionales con el Euskaltel cuando desapareció. Le dio la alternativa Caja Rural, donde se mostró como un ciclista combativo. Allí corrió cuatro temporadas hasta que fichó por el Dimension Data en 2016, su primer equipo World Tour. Esta es la temporada de su debut con el Astana.

Antes de ir al Tour, pasó por la sede del club de remo Itsasoko Ama en el puerto de Santurtzi para despedirse. Miró a lo alto al monte Serantes, testigo de tantas horas de entrenamiento. Y viajó a Francia. De caza.

Cede Mikel Landa

La etapa propició una de esas jornadas extrañas, con los favoritos a más de 18 minutos del ganador. El Sky controló la etapa sin ningún problema y todo quedó aplazado a la subida final a Mende, donde sus dos líderes, Thomas y Froome, volvieron a mostrar su fortaleza.

El más beneficiado de la jornada fue Primoz Roglic (Lotto-Jumbo). El ganador de la Itzulia atacó en lo más duro del puerto y fue capaz de abrir hueco. Fueron solo ocho segundos con Thomas, Froome y Dumoulin (Sunweb), pero distanció a todos los que le siguen en la general. El esloveno es cuarto y mira hacia adelante, a la espera de un fallo de cualquiera de los tres primeros.

Mikel Landa (Movistar) intentó moverse pero no está bien. Las secuelas del golpetazo en la etapa de Roubaix siguen provocándole un dolor incompatible con luchar con los más fuertes de la carrera. Se dejó 37 segundos con Roglic y medio minuto con los tres favoritos. Su compañero Quintana estuvo bien y solo cedió diez segundos con Thomas, Froome y Dumoulin, pero cada vez parece más evidente que ese es su sitio: un punto por detrás de los que se van a jugar la victoria. Este tampoco será el Tour de su sueño amarillo. Bardet (AG2R) no tuvo el brillo de otros días. Apenas cedió nada, pero también está en ese escalón inferior al de los que se van a jugar el maillot amarillo de París.

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