Tour de Francia

Mikel Landa: «Vuelvo a ser feliz»

Tras ser protagonista en dos etapas pirenaicas, el ciclista de Murgia buscará «el podio» en los Alpes

J. GÓMEZ PEÑA

«Siéntate aquí, Mikel, en el sillón que quieras», le ofrece Jesús Rubio, uno de los fotógrafos que cubre el Tour. Hay dos asientos, tres rojos y otro amarillo. «Mejor en el amarillo», se ríe Mikel Landa. Es el color del Tour, del líder. Ha recuperado el humor que perdió la pasada semana en aquella caída camino de Albi. «Fue un palo muy duro». Aún le hacen daño los dos minutos y pico que perdió. «Por una vez quería correr con las mismas opciones que los demás, sin verme obligado a la remontada, pero, ya ves, parece que nunca puedo. Eso me dio mucha rabia», lamenta. Y eso, su habitual infortunio, le obliga siempre a la hazaña, a ataques lejanos. Es el camino más largo para lograr victorias, pero el más corto para hacerse un hueco en el corazón del público. «Pues sí, en mi caso no hay bien que por mal no venga», bromea. Landa ha vuelto a ponerse en pie. Y todo el Tour le mira ahora que vienen los Alpes.

En la primera jornada de descanso, ante la prensa, le costó mantener a raya dos lágrimas rabiosas que le enrojecían la mirada. «Me costó asimilarlo. Todo el mundo me animaba y me decía que tenía que atacar, pero a mí ya no me apetecía», confiesa. Los Pirineos le han devuelto las ganas. «Estas dos etapas me han sentado muy bien. Y ahora afronto lo que queda con optimismo. Me he visto bien y el equipo me ha ayudado muchísimo. Vuelto a ser feliz», se anima. Y Landa animado es espectáculo seguro.

Siempre ha tenido ese carácter corsario, un punto rebelde y atrevido. «Yo no tengo nada que conservar. Además, creo que esta tercera semana del Tour va a ser diferente a otros años. Noto que hay gente que en vez de asegurar lo que ya tiene va a ir a darle la vuelta a todo». Como él y el Movistar. El alavés es séptimo en la general, a 4 minutos y 54 segundos de Alaphilippe, líder. Entre el segundo, Thomas, y el sexto, Buchmann, hay menos de un minuto. Para poner el pie en el podio, Landa tiene que recortarles tres minutos. «Sé que lo tengo muy difícil, pero me siento bien. Mi objetivo, más que ganar una etapa, es meterme en el podio», fija como meta. Se quedó a un segundo en 2017 y ha perdido la tercera plaza del pasado Giro por apenas 8 segundos. Siempre al borde, salvo en 2015, cuando fue tercero en el Giro. «Entonces me llegó sin buscarlo. Y desde entonces no hago más que perseguir un podio sin conseguirlo».

No dudará. Los Pirineos han mostrado al Movistar cuál es la vía más directa al éxito: el ataque en masa. «Todos vamos a estar con Mikel», anuncia Alejandro Valverde. «Mikel está bien y todos sabemos que suele acabar en forma las grandes vueltas. No creo que le pese la fatiga del Giro. A la carrera italiana llegó casi sin competir. Está fresco», recuerda. El campeón del mundo tiene 39 años y miles de carreras. Ya ha pasado por todos los escenarios posibles. Conoce el oficio. Y lanza un órdago en favor de Landa. «Si queremos ganar el Tour tenemos que correr como en los Pirineos. Lo vamos a hacer. En los Alpes van a caer minutadas»,pronostica. Landa, su carácter alegre y combativo, le sienta bien al Movistar.

Y él, cuanto nota el efecto que tiene en sus compañeros, se viene arriba. Retroalimentación. «Los Pirineos me han dado moral y confianza. Alaphilippe ha mostrado alguna muestra de debilidad. Thomas no parece tan fuerte. Pinot es el que mejor está... Lástima que no vino conmigo cuando ataqué en el Muro de Peguere. Podríamos haber sacado más tiempo. A Pinot le toca remontar y eso me puede venir muy bien en los Alpes», augura. «No hay nada que defender». A punto de salir a dar un paseo en bici durante la segunda y última jornada de descanso del Tour, Mikel Landa quiere verse ya en los Alpes, de jueves a sábado. En la altitud del Galibier, el Iserán y Val Thorens. «¿Aún puede ganar el Tour?», le preguntan. «Es complicadísimo, pero soñaré hasta el último día», responde sentado en un hotel de Nimes en el sillón que ha elegido, amarillo.

Palo de Valverde a Quintana

La etapa del domingo, con final en Prat d'Albis, vio al Movistar en un ataque encadenado. Una sinfonía azul. Todos se conjuraron. Pero hubo una nota discordante. Nairo Quintana, que iba en la fuga, no dio ni un relevo cuando le cogió Mikel Landa, ya en la subida final. Tampoco ayudó luego a Valverde. El murciano, molesto porque un día antes el colombiano no les había comunicado en carrera que iba mal antes de quedarse atrás en el Tourmalet, le dio un toque de atención por no haberles echado una mano en la subida a Prat d'Albis. «Íbamos todos al límite. Si Nairo no hizo más, espero que fuera porque no podía». Ese 'espero' resume el malestar del murciano y de Landa por la actitud pasiva de Quintana. «Nairo da lo que da», dicen en el equipo. Pese a todo, Valverde le reclama para los Alpes. «Es un corredor buenísimo, que ha ganado el Giro y la Vuelta. Esperemos poder aprovecharlo en los Alpes».