Ciclismo | Tour de Francia

La hora de la política en el Tour de Francia

Thomas gana en Alpe d'Huez, con Froome al fondo. / AFP
Thomas gana en Alpe d'Huez, con Froome al fondo. / AFP

Thomas gana en Alpe d'Huez y el Sky tendrá que decidir si deja que sus dos líderes se peleen por el triunfo final |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

¿Puede un grupo de ejecutivos trajeados a la última decidir el Tour de Francia en un despacho enmoquetado de Londres? ¡¡¡No!!!, protestarán los puristas. Pues no sería la primera vez que ocurre.

Después del golpe de autoridad de Geraint Thomas en la cima de Alpe d'Huez, el Sky tiene que decidir qué hace con la carrera. Si deja que siga su curso o interviene. No es una decisión sencilla.

Sin dificultades deportivas aparentes, al Sky el Tour de Francia le va a plantear un problema de gestión. Empresarial. El equipo más caro del mundo tiene que funcionar, más que nunca, como una compañía que debe rendir cuentas a sus accionistas. Y explicarles por qué tiene que ganar Geraint Thomas o por qué debe hacerlo Chris Froome.

Si los mandamases del equipo optan por el estilo Unzue de dejar que la carretera decida, se pueden ver envueltos en una lucha sin cuartel por media Francia entre sus dos mejores corredores, los dos a los que mejor pagan. Además del coste de imagen que eso supondría para la marca en un deporte que se sustenta en exclusiva en el dinero de los patrocinadores, pondría al equipo en una tesitura imposible. ¿Qué pasa si ataca uno y persigue el otro? ¿Bernal, Kwiatkowski y compañía tiran atrás o se hacen los locos? El grupo más organizado, más científico y más metódico del mundo, peor que el ejército de Pancho Villa.

Si los jefes del Sky deciden intervenir, tienen dos problemas. En orden cronológico, cuándo y por quién. Podrían esperar, porque queda mucha carrera. Pero si persiste la igualdad, llegará el día en que deban afrontar el otro problema, el por quién. Thomas es el primer maillot amarillo que gana en Alpe d'Huez (lo hizo Armstrong en 2004 pero sus resultados fueron anulados). La tradición dice que quien sale de amarillo de esta estación de esquí gana en París, aunque hay excepciones (Pedro Delgado).

El galés dominó bien la subida. Sujetó a Tom Dumoulin (Sunweb) y va más que un Bardet (AG2R) que anda una barbaridad. Froome tampoco le hizo daño. Sube como el que más y va bien contra el crono. Está en disposición de ganar el Tour.

Pero las cosas no siempre son tan sencillas como parecen.

Wiggins en Peyragudes

Sky invierte muchos millones de euros en el equipo (se habla de unos 40 anuales) y a cambio espera un resultado que favorezca sus intereses empresariales, que en el caso del operador de telecomunicaciones es sobre todo mejorar su imagen ante sus millones de clientes. Y ahí, dos más dos no tienen por qué ser cuatro.

Froome lo sabe bien. En 2012 andaba más que su jefe de filas, Bradley Wiggins. Hubo momentos muy críticos, como la subida a Peyragudes, donde el subordinado iba desatado y se veía sin ningún lugar a dudas que andaba mucho más que el jefe, que tenía piernas para reventar el Tour. Pero a su vez, igual que ahora, el líder del equipo andaba más que el mejor de sus rivales. Es decir, como ahora, el Sky tenía asegurada la victoria en París. Y eligió que Froome esperase y que ganara Wiggins.

El tiempo le dio la razón a quien tomó aquella decisión. El asunto se solucionó como se arreglan estos temas en el mundo de los negocios: contrato millonario igual que el de Wiggins y promesa del liderato desde el año siguiente. Froome aceptó pero no lo entendió. Tardó cinco años en hacerlo. En lo más alto del podio de París en 2017 valoró la importancia de aquella decisión.

Para el Sky era vital que ganara Wiggins. El equipo nació en 2010 con el objetivo de ganar el Tour con un ciclista británico en cinco años. En aquella fecha, era un objetivo imposible. Pero dos años más tarde tenía la posibilidad de conseguirlo con Bradley Wiggins, un inglés de los pies a la cabeza, campeón olímpico y una celebridad. O de hacerlo con un chico nacido en Kenia, con un pasaporte británico aún con la tinta fresca, desconocido y que fuera de la carretera daba más bien poco juego.

Sky eligió ganar con el ciclista que representaba la identidad y la razón de ser del equipo. Aquel triunfo de Wiggins hizo posible todo lo demás, porque colmó las expectativas. Fue perfecto. Y, gracias a eso, el proyecto continuó y siguió creciendo. Fue más importante que las cuatro victorias de Froome que vinieron después, como reconoció él mismo el año pasado en París.

Y ahora, al Sky se le presenta una disyuntiva similar. ¿Qué es más importante para el equipo? ¿Que gane el mejor o que Froome logre su quinto Tour y se sume (y sume el nombre Sky) a la lista de pentacampeones que forman Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain?

Hinault y Lemond en 1986

Es la hora de la política. No es la primera vez que sucede ni en el Sky ni en la historia del ciclismo. En 1986, Greg Lemond y Bernard Hinault, compañeros en La Vie Claire, llegaron de la mano a la misma meta de ayer, en Alpe d'Huez. Un año antes, el americano era visiblemente más fuerte que el bretón -diferencia que se amplió exponencialmente tras una caída en la que este se fracturó la nariz-, pero el equipo propiedad de Bernard Tapie decidió que Hinault ganase su quinto Tour y que el de 1986 sería para Lemond.

Después de toda una carrera de traiciones y promesas incumplidas, con Hinault buscando su sexto Tour indiscriminadamente, al final la superioridad de Lemond hizo la paz, que se plasmó en el cínico abrazo de Alpe d'Huez. Por cierto, Hinault cruzó primero la línea. El Tour, deporte profesional. Puro y duro.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos