Ciclismo

Dumoulin corre en casa

Froome y Dumoulin ruedan juntos. / AFP
Froome y Dumoulin ruedan juntos. / AFP

Adorado por el público francés, viste el maillot del Sunweb, que apuesta por la honestidad y el juego limpio | Le preguntan por qué no ficha por el Sky o un equipo más potente, pero él ha renovado por cinco temporadas

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA BAGNERES DE LUCHON.

A Tom Dumoulin le dicen siempre que corre sin equipo, que el Sunweb está hecho para los sprints y no para la montaña. El holandés se encoge de hombros. Entonces le tientan con una idea: ¿Se imagina en el Sky rodeado de los mejores gregarios del mundo? Ni se lo plantea. En 2011, Dumoulin era un integrante más del conjunto filial del Rabobank, el buque insignia del ciclismo neerlandés. Pero para ser profesional eligió irse al modesto Argos-Shimano, el antecesor del Sunweb. Dumoulin, introvertido y alérgico a la fama, decidió unirse a un proyecto diferente, el de Iwan Spekenbrick, el mánager de esta escuadra. Es un hombre invisible y recto. Aplica sus cuatro principios: inspiración, integridad, progreso e innovación. Para él, lo importante es el trabajo en equipo. La comunión de fuerzas. Si alguien traiciona a la familia o peca de egoísta, lo echa. Eso le sucedió a Barguil el año pasado en la Vuelta. Se negó a ayudar a un compañero. A la calle. En este estricto hogar donde la honestidad es la ley, Dumoulin corre a gusto. En casa.

Así se siente en el Tour. El público francés le adora. «¡Allez, Tom!», se escucha en cada etapa. Hasta el apellido es de origen galo. Le quieren, además, porque es el símbolo de la resistencia ante el Sky. Ahí, en la diferencia de potencial entre la escuadra británica y el Sunweb, surge la pregunta. ¿Por qué no ficha por un conjunto más potente? Dumoulin ha renovado para cinco temporadas con el Sunweb. ¿Por dinero? No. Cobra bastante menos que otros líderes de su nivel. Simplemente, prefiere el plan que se ha marcado Spekenbrick. Sin prisa y sin atajos.

El Sunweb nació en 2005 con otro nombre, Bankgiroloterij. Luego se llamó Skill, y en 2011 descubrió a Kittel, que era un contrarrelojista. Lo transformó en velocista. Los técnicos del equipo holandés vieron que era casi imposible ganar una gran vuelta sin recurrir a los viejos hábitos del ciclismo -entre ellos, el dopaje-. Por eso se volcaron en el sprint. Tras Kittel alumbraron a Degenkolb. Y se centraron en crear una cantera. Si algún día iban a ir a por el Tour, tendría que ser con uno de los suyos. En 2012, antes de que ganara el Tour del Porvenir, ataron al francés Warren Barguil. Ya entonces tenían a Dumoulin. Una temporada después el equipo dio un salto: ganaron etapas en el Giro con Degenkolb, en el Tour con Kittel y en la Vuelta con Barguil.

El escalador galo fue una de las sensaciones del pasado Tour. Venció en el Izoard. Pero traicionó la filosofía del Sunweb en la Vuelta al no obedecer las órdenes de sus directores. Esa noche lo enviaron a casa. Y le abrieron la puerta. Iwan Spekenbrick no perdona que rompan su código. Si descubre que uno de sus corredores no ha cumplido su palabra o ha hecho algo indigno, se lo quita de encima. A su alrededor sólo quiere gente a la que pueda dar la espalda sin riesgo a una cuchillada. Es su biblia: crear ciclista potentes en la carretera y honestos siempre. Con el dinero de Sunweb -promotora de vacaciones y alojamientos turísticos- podría contratar a varios escaladores contrastados para rodear a Dumoulin. No lo ha hecho. Con el apoyo de firmas como Giant y Etxeondo, los está forjando. Tiene joyas como Kelderman u Oomen que ya vienen.

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