Ciclismo

Correr el Tour, un deporte de riesgo

Un espectador cae al paso de Bardet mientras otro le persigue. / TWITTER BARDET
Un espectador cae al paso de Bardet mientras otro le persigue. / TWITTER BARDET

Organización y ciclistas no ocultan su preocupación por los problemas de seguridad en carrera | La falta de control sobre el comportamiento de los espectadores en la subida a Alpe d'Huez enciende las alarmas y eleva la alerta para los Pirineos

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

«La situación está casi descontrolada». Las palabras de Julián Eraso, presidente de Organizaciones Ciclistas Euskadi (Vuelta al País Vasco y Clásica de San Sebastián), son claras. Asistió alarmado al final de la etapa del Tour en Alpe d'Huez. Alarmado, pero no sorprendido. «Es un problema de muy complicada solución, muy difícil». El diagnóstico de Eraso, al frente de dos carreras del World Tour, es compartido en el mundo del gran ciclismo profesional.

La subida a Alpe d'Huez fue una vergüenza y tuvo consecuencias graves: Vincenzo Nibali (Bahrain) acabó en el hospital con una vértebra fracturada. Pero, con ser muy serio, aún pudo ser peor. Un energúmeno que golpea a Froome, aficionados corriendo junto a los corredores y cayendo delante de ellos, empujones de todo tipo, bengalas que ahogan a los ciclistas en pleno esfuerzo, las motos de carrera haciendo milagros para no atropellar a nadie, gente saltando las vallas que limitan la calzada...

El mismísimo director del Tour, Christian Prudhomme, reconoció ayer en la salida que «la subida al Alpe D'Huez fue dolorosa». Unas imágenes del teléfono de un aficionado demostraron ayer que Nibali no cayó al ser golpeado por una moto sino que su rueda trasera se enganchó con la correa de una cámara de fotos de otro espectador que no se retiró como debía.

«Problema de cultura»

Eraso reconoce que «es muy difícil de controlar por muchas vallas que se pongan, la gente se las salta». Y añade: «Es un problema. Lo que no hay es cultura de ver ciclismo. La gente no va a ver la carrera, sino a dejarse ver. A montar su circo particular, a ser protagonistas ellos y no los ciclistas». No es muy optimista. «Educar a la gente es dificil. Se ha creado un submundo alrededor de gente que va a que se le vea. Es complicadísimo de gestionar para un organizador».

Explica que «el Tour, con el apoyo que tiene de la Gendarmería y de la policía, no puede con ello. Eso da fe de la dificultad del problema. Nosotros tenemos el apoyo de la Ertzaintza, que llega a donde llega. Ya nos gustaría tener el que tienen el Tour o la Vuelta. Pero tampoco eso garantiza nada. El año pasado vimos cómo un guardia civil tiraba a un espectador contra los ciclistas. Y cualquier día vamos a tener un susto con las motos de la policía o cualquier otra, porque el riesgo de accidente, de que atropellen a alguien, es grande. Hace falta respeto, pero es justo lo que no sobra».

Todas las organizaciones vallan cada vez más kilómetros y más zonas delicadas, pero no basta. «Se vio en Alpe d'Huez. La gente salta las vallas. Luego, detienen al que empujó a Froome, pero al final con eso no solucionas nada. Nosotros estamos probando con vallar todos los pasos de montaña y los sprints intermedios, además de las zonas de meta. Como mínimo, vallamos 500 metros. En Bilbao, todo el kilómetro final. Haría falta sentido común, pero no abunda».

Los problemas que afectaron a la etapa de Alpe d'Huez no son nuevos. Hace un par de años, los líderes del Tour se vieron bloqueados por las motos, atrapadas por la multitud, en plena subida al Ventoux. Fue el día de la famosa carrera a pie de Chris Froome sin bicicleta. Richie Porte chocó violentamente contra una de las motos y esquivó un golpe directo en la cabeza por milímetros.

Desde hace tiempo, cada etapa de montaña es una angustia para los organizadores de las grandes carreras, las que atraen a todo ese público masivo no aficionado al ciclismo. Más vallas, más voluntarios y más severidad policial no han conseguido erradicar el problema.

El agravante Sky

A las dificultades habituales, en este Tour se añade un agravante: el clima de hostilidad contra el Sky que se vive casi en cada etapa. Los abucheos son norma (afectan también a Geraint Thomas, sin ningún problema con el dopaje) y cada día se ven personas a los lados de la carretera dedicando gestos de reprobación a los ciclistas del equipo inglés.

Antes del inicio del Tour, Christian Prudhomme, alarmado, pidió mesura a los aficionados y llamó a la cúpula del Sky a una cumbre sobre seguridad. Enfrentados de forma total, Tour y Sky, sin embargo, acordaron un lenguaje común y pidieron respeto para los ciclistas. Quien quiera silbar y abuchear, que lo haga, pero ni un paso más allá, fue el sentido del mensaje que enviaron al público ambas instituciones antes de salir. La reclamación se ha atendido con dificultades.

En las ocho etapas que quedan y, visto el dominio del equipo inglés, no hay motivos para relajar la vigilancia. El público del Tour, históricamente, suele mostrar su antipatía con el más fuerte.

Tres etapas críticas

La llegada hoy a Mende puede ser problemática (a Froome ya le escupieron y le lanzaron una bolsa de orina en esta etapa en 2015), pero es una subida de apenas tres kilómetros, en teoría más sencilla de controlar por la seguridad.

La prueba de fuego llegará en los Pirineos, desde el martes, con tres etapas críticas: Bagnères-de-Luchon, Portet y Laruns. Se espera una asistencia masiva de público, entre ellos muchos aficionados vascos.

El comportamiento de la afición ya ha condicionado demasiado este Tour, dejando fuera de combate a uno de los favoritos, Vincenzo Nibali. Ciclistas, equipos y organizadores cruzan los dedos para que sea el último incidente.

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