En casa de su enemigo

Chris Froome, con el maillot especial que el Sky ha diseñado para este Tour./REUTERS
Chris Froome, con el maillot especial que el Sky ha diseñado para este Tour. / REUTERS

El británico lucha para ganar por quinta vez en París y unirse así al 'Caimán', Anquetil, Indurain y Merckx. El Tour está en Bretaña, patria chica de Bernard Hinault, pentacampeón y azote de Froome

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El Tour discurre estos días en las rutas de Armórica, el país frente al mar, el territorio del occidente francés que abarca la Vendée, Bretaña y parte de Normandía. La fortaleza de Astérix y los irreductibles galos. La casa de Bernard Hinault.

Aquí no triunfó la Revolución Francesa. Se combatió. Un territorio duro, resistente al invasor. Sea romano o británico. Se llame Julio César o Chris Froome. El líder del Sky corre en casa de su enemigo.

Antes del inicio del Tour, Hinault fue el crítico más agresivo con el líder del Sky. Llegó a llamar al pelotón al boicot. Pidió a los corredores que no tomasen la salida el sábado pasado en la Vendée si lo hacía Froome. Y consideró su caso de «positivo», descalificando a la UCI: «No, no es un control anormal. Puede que el Ventolin no sea gran cosa, puede que eso no provocara que ganara la Vuelta a España, no lo sabemos, pero a esos niveles está prohibido, y no hay más. Las reglas son las mismas para todo el mundo».

«El pelotón debería plantarse y decir: 'Si Froome empieza la carrera, nosotros no lo haremos'» Bernard Hinault Excorredor

«Te han pillado, así que no deberías estar corriendo; es bastante simple, ha dado positivo» Bernard Hinault Excorredor

«Con la edad nos enredamos; no voy a hablar mal de uno de los mayores campeones de la historia» Chris Froome Sky

«Estaré encantado de explicarle todo un poco más en detalle... porque entendió todo mal» Chris Froome Sky

Froome, que en este Tour aspira a unirse la aristocracia histórica de los pentacampeones junto a Hinault, quiso responderle: «Con la edad nos enredamos; no voy a hablar mal de uno de los mayores campeones de la historia. Si nos vemos, estaré encantado de explicarle todo un poco más en detalle... porque entendió todo mal».

Siendo una persona culta como es, y políglota además, sería raro que Froome no haya leído algún libro de Astérix y Obélix en cualquiera de los 107 idiomas a los que han sido traducidos. Así que, a grandes rasgos, se hace una idea del carácter bretón. Durante la etapa de ayer pudo ver unas cuantas banderas 'Gwenn ha du', que en bretón significa la blanca y negra. La Unesco considera que el idioma autóctono está en peligro grave. Poco más de 200.000 personas conocen la lengua. Todo es algo distinto por aquí.

Bretaña es la capital del ciclismo francés. El año pasado se organizaron un total de 365 carreras oficiales, una por día. Para hacerse ciclista hay que demostrar en esas pruebas, donde se reúne la flor y nata del campo amateur, no solo de Francia. Muchos ciclistas británicos, como Adam Yates, cruzan el Canal de la Mancha para probar suerte.

Froome conoce el terreno que pisa. La primera pedalada que dio en un Tour de Francia la dio en Bretaña, en Brest. Fue hace diez años, en 2008, cuando aún era un desconocido y un ciudadano de Kenia. Dos meses más tarde falleció su madre en Nairobi y sacó su licencia británica.

El Tour discurrió ayer íntegramente por carreteras bretonas y hoy volverá a hacerlo, con la llegada al Muro de Bretaña. La jornada transcurrió sin incidentes y Froome pudo competir con tranquilidad, como se esperaba. En el tramo final se le vio rodar en cabeza, bien respaldado por su equipo.

«No pertenece a la leyenda»

El enfrentamiento entre Hinault y Froome tiene todos los ingredientes de un buen culebrón. Son dos personajes antagónicos. El francés es una personalidad volcánica, agresivo. El británico es un hombre metódico, que no se guía por las emociones sino por los datos. El choque de personalidades es absoluto. Existe una brecha generacional y dos formas de ver el mundo irreconciliables. Hinault ve que la forma de correr de Froome y el Sky no le representan, no le parece que sea el ciclismo que a él le hizo grande.

Existe, además, la rivalidad deportiva. Hinault ganó cinco Tours, como Jacques Anquetil, Eddy Merckx y Miguel Indurain. Un cuarteto intocable que Froome quiere convertir en quinteto. Si gana el domingo 29 en París, se colocará a su altura...

Pero Hinault no lo reconocerá: «Froome no pertenece a la leyenda del ciclismo», declaró al periódico belga 'Het Laatste Nieuws' tras el Giro de Italia, cuando el británico se convirtió en el tercer hombre de la historia en ganar tres grandes vueltas seguidas, después de Eddy Merckx (Giro-Tour-Vuelta-Giro en 1972 y 1973) y del propio Hinault (Giro-Tour-Vuelta en 1982 y 1983) «Froome no pertenece a esa lista», zanjó el bretón.

En su calidad de embajador del Tour, Hinault estuvo siete años felicitando en lo más alto del podio a Lance Armstrong. Las hemerotecas están llenas de fotos de ambos sonriendo. Esa experiencia, además de su carácter, quizá haya influido también a la hora de ser tan intransigente con Froome, hasta el punto de pedir el boicot.

El británico y su equipo respondieron con su colosal victoria en los tribunales de la UCI en su caso del salbutamol. Froome, por supuesto, se presentó en la salida y derrotó a Hinault.

El bretón, sin embargo, sigue siendo un icono del ciclismo francés. Es el último corredor local en ganar el Tour. Su quinto maillot amarillo lo vistió en París en 1985, hace 33 años. El ciclismo francés sigue siendo modélico por organización, equipos y formación. Y Bretaña, su referente. Pero no es fácil sacar un nuevo Hinault. No parece que este vaya a ser el año. Tampoco.

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