Bienvenidos al Norte

El Tour de Francia atraviesa hoy los temibles adoquines de la París-Roubaix, en una etapa que provoca pánico a los líderes de la general y también a sus directores

Un voluntario repara uno de los tramos adoquinados que hoy recorrerá el Tour. /Amis de París-Roubaix
Un voluntario repara uno de los tramos adoquinados que hoy recorrerá el Tour. / Amis de París-Roubaix
Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Enloquecido por la velocidad y el miedo, el pelotón del Tour llega hoy a los caminos adoquinados que conducen a Roubaix. Un lugar irreal, fuera del tiempo, al que los favoritos y sus directores tienen pánico, como corresponde. Estos caminos han tumbado a sus grandes maestros. A Boonen, a Museeuw, a Cancelara... ¿Qué no pueden hacer con el ligero Quintana? ¿Con el desgarbado Froome? ¿Con el gafe Porte? ¿Con el leve Bardet? Bienvenidos al Norte.

Serán 15 tramos, un total de 21,7 kilómetros de pavés. Muchos. En los últimos 29 años, el Tour ha atravesado estas rutas en cinco ocasiones y nunca había recorrido tantos kilómetros adoquinados: 8,5 en 1989; 3,9 en 2004; 13,2 en 2010; 13 en 2014 y 13,3 en 2015. El incremento es significativo.

El infierno de verdad comenzará en el cuarto tramo, el 12, cuenta atrás con la que el Tour los numera. A 70 kilómetros de meta, el pelotón –o lo que quede de él tras los tres primeros tramos más escalonados– se meterá de cabeza en la boca del lobo: doce tramos en 62 kilómetros. 17,4 kilómetros de piedras. Desde la entrada del sector de Warlaing a Brillon hasta meta, de cada tres kilómetros y medio que recorrer los ciclistas uno será sobre pavés. El peligro es evidente.

Precedentes cercanos. Hace tres años, la etapa Seraing-Cambrai, con siete tramos, no provocó diferencias.Pero hace cuatro, la Ypres-Arenberg Porte du Hainaut, con nueve sectores previstos que acabaron siendo siete por la lluvia, causó estragos. Los ciclistas corrieron aterrorizados. Froome tuvo que retirarse por una caída –¡¡¡ antes de llegar al primer tramo adoquinado!!!– y Contador se perdió por el camino. Vincenzo Nibali tiró de sus cualidades de prestidigitador de la bici y dio un recital que le lanzó al triunfo final en aquel Tour. Hoy, las previsiones dan sol.

AFP

Cinco tramos difíciles. En el menú de 15 tramos de pavés, cinco destacan sobremanera. El Tour –organizador también de la París-Roubaix– clasifica la dificultad en un grado de uno a cinco. La etapa de hoy superará un tramo cinco estrellas, Mons-en-Pévèle, y cuatro de cuatro. Desde que a 67 kilómetros de meta los ciclistas entren en Tilloy-Sars et Rosières (14.44 horas) hasta que salgan de Mons-en-Pévèle (15.13) hay 26 kilómetros, de los que 11,2 son adoquinados, con un tramo cinco de estrellas, dos de cuatro y dos de tres. Esa media hora puede definir la etapa y, quién sabe, el Tour.

Aún quedará un final muy exigente, cuando a 24 kilómetros de meta se acceda al tramo Cysoing-Bourghelles, un cuatro estrellas que se enlaza sin solución de continuidad con un tres –Bourghelles-Wannenhain– y otro cuatro –Campin-en-Pévèle–, para nueve kilómetros mortales de los que 4,5 son por pavés. De ahí a meta solo quedarán 15 kilómetros y un tramo adoquinado casi simbólico.

Se correrá diferente. Aunque la etapa de hoy recorre los caminos de la París-Roubaix, será una carrera distinta. En primer lugar, porque no es lo mismo una etapa de una gran vuelta que una clásica, que empieza y termina en el día.Los puntos de vista son diferentes y aunque habrá corredores cuyo objetivo sea ganar hoy, para la inmensa mayoría la carrera sigue.

Los tramos adoquinados estuvieron a punto de desaparecer

El abandono y el avance del asfalto amenazaron la existencia de los característicos caminos rurales adoquinados de la región del Norte por donde discurre la París Roubaix desde 1896 y hoy pasará el Tour.

Se trata de poco más que senderos pavimentados con piedras de gran tamaño que servían de acceso a los campos de cultivo. En los años 60, solo los más escondidos y los que ya carecían de utilidad para las labores agrícolas se mantenían. Llegaron a quedar reducidos a 22 kilómetros. Jacques Goddet, director del Tour, encargó a Albert Bouvet encontrar nuevos tramos. Revitalizaron la carrera.

Actualmente, hay una asociación de Amigos de la París-Roubaix compuesta por voluntarios que cada año reparan los tramos dañados y reponen los adoquines que la gente va robando como recuerdo, que no son pocos. En esta tarea suelen contar con la ayuda de los estudiantes de formación profesional de Raismes.

Por otra parte, las alineaciones de los equipos son diferentes a las que presentan en la clásica de abril. Incluso el Quick-Step tiene un perfil distinto al de primavera. Eso hace que haya menos especialistas, menos nivel por tanto y menos peligro para los escaladores, dentro del alto riesgo que corren en un día como hoy.

Hay cinco ganadores de la París-Roubaix en la salida: Niki Terpstra (Quick-Step), Peter Sagan (Bora), Greg Van Avermaet (BMC), Matthew Hayman (Mitchelton) y John Degenkolb (Trek). Hay otros excelentes especialistas, como Sep Vanmarcke (Education Firts), Mathias Frank y Olivier Naesen (AG2R), Alexander Kristoff (UAE), Michael Valgren (Astana) o Boasson Hagen (DimensionData), entre otros. Así que no están todos los que son y el libreto de la carrera será diferente, pero se trata de una jornada complicadísima para los corredores no curtidos en este terreno, que son todos los de la general con la excepción de Nibali, un mago de la bicicleta.

No se llega al velódromo. Los corredores del Tour no disfrutarán esa sensación única de llegar al velódromo de Roubaix, reservado solo para el Infierno del Norte. La meta estará situada justo al lado, pero fuera. Junto al velódromo moderno. Hace cuatro años, la etapa llegó a Arenberg, pero tampoco se superó el mítico tramo del bosque del mismo nombre.

El apelativo de 'Infierno del Norte' no hace referencia al pavés

La París-Roubaix es conocida como el 'Infierno del Norte', pero el apelativo no se refiere a los tramos de pavés. Hoy, esos kilómetros adoquinados son, en efecto, un infierno, pero no siempre fue así. El nombre surge después de la I Guerra Mundial, que azotó especialmente esta zona. La carrera transcurría por una carreteras destrozadas por la contienda, llenas de agujeros provocados por la artillería y con obstáculos de todo tipo. De ahí surge el nombre 'Infierno del Norte'. No de los tramos de pavés, que en aquellas ediciones heroicas, de hecho, eran lo que mejor estaba del recorrido ya que dado su nulo interés militar salieron intactos de la guerra.

Como todos los actos de inspiración, el nombre resultó tan afortunado que sigue vigente para definir lo contrario de lo que indicaba en su origen.La carrera ha cambiado, pero sus mística no. Es tanta, que hasta el Tour se arriesga a perder a alguna de sus figuras por pasar por estos caminos.

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