Tour de Francia

Las bicis tienen frenos, o eso dicen

Benoot cruza la meta ensangrentado, a más de diez minutos. / REUTERS
Benoot cruza la meta ensangrentado, a más de diez minutos. / REUTERS

Gaviria se anota su segunda victoria en otra etapa en la que el riesgo de caídas elevó la tensión en el grupo |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Philippe Gilbert (Quick-Step) tenía tres cosas que hacer ayer. La segunda, ayudar a Fernando Gaviria a intentar ganar la etapa y la tercera, salir pitando hacia el hotel para ver el Bélgica-Francia del Mundial de fútbol. La primera fue recordar a sus colegas que las bicis tienen frenos.

El belga es uno de los patrones del pelotón y ha sacado a relucir sus galones. Exigió orden a la tropa. El domingo, después de la caída en la preparación de sprint que se llevó por delante, entre otros, a Gaviria, ya apuntó su línea argumental. Los equipos con corredores para la general no deberían meterse en las posiciones de cabeza cuando se está preparando el sprint porque entorpecen con su falta de pericia la labor de los lanzadores y provocan caídas, nervios y tensión.

Con matices, dos ciclistas vascos, Mikel Landa (Movistar) y Omar Fraile (Astana), respaldaron el discurso del patricio valón. «No hay sitio para pasar todos, pero la gente no frena», constata el alavés, aún con el recuerdo fresco del trompazo del Giro de Italia del año pasado cuando Kelderman (Sunweb) se estampó contra una moto por intentar pasar por donde no cabía y arrastró a una docena de corredores, entre ellos a medio Sky. «Es que aquí, si frenas, te adelantan cuarenta, nunca había visto algo así», reconoció el santurtziarra, debutante en Francia.

Ayer, tras la crono por equipos, el Tour volvía a las etapas en línea y al peligro. Y, sí, las bicis tienen frenos, o eso dicen porque aunque algunos solo las usan para apoyar las manos en las manetas. El centro del problema es lo que denuncia Gilbert, la moda de correr adelante. Los directores de la general quieren que sus líderes rueden en cabeza para evitar riesgos de caídas y de quedarse cortados. Y ordenan que les acompañen todos sus gregarios. La suma es sencilla: si hay cinco o seis líderes y cada uno pasa acompañado por siete compañeros (menos mal que Movistar tiene tres y aligera el número de gregarios), son cuarenta corredores.

Esos cuarenta ciclistas se suman a los equipos de los sprinters, que en este Tour son legión. A ocho por escuadra, otros cuarenta o cincuenta. Y cien corredores no caben en ninguna carretera. Menos en las rutas comarcales que frecuenta el Tour.

La impresionante pericia de los ciclistas hace que donde caben diez pasen quince, pero no cincuenta. A Froome (Sky) se le acabó la carretera el primer día y acabó en un prado. Tuvo suerte de no estamparse contra un poste. Adam Yates (Mitchelton) ha visto desaparecer el asfalto bajo sus ruedas un par de veces. Luis León Sánchez (Astana) está en Murcia con el codo roto porque entre aquellas dos isletas no cabía tanta gente y el día de la caída de Gaviria los equipos de los velocistas no pudieron esquivar a unos cuantos escaladores que andaban más perdidos que un pulpo en un garaje en esas posiciones a kilómetro y medio de meta. La consecuencia siempre es la misma: caída.

Antes no se corría así. Los líderes siempre han ido delante en los momentos importantes, pero corrían soldados a la rueda de su rodador de confianza. Con eso bastaba. No molestaban a los equipos de los sprinters, que podían pegarse a sus anchas por delante. Y los 'trenos' respetaban a los grandes de la general y dejaban espacio cuando les adelantaban. Era un equilibrio natural, que favorecía a todos. Eso no significa que no hubiera caídas. Siempre habrá caídas si ciento y pico personas van pedaleando juntas a toda velocidad, pero no se buscaban riesgos añadidos. Se asumían los inevitables, que no son pocos. Ahora es la ley de la selva. Al maillot amarillo le mete el codo cualquiera, lo mismo que a Froome, a Quintana o a quien sea. Esa vieja norma de respeto por la autoridad es papel mojado.

Además, la moda de que todo el equipo corra junto tendrá muchas ventajas, pero también un peligro. Si hay caída, no es raro que varios integrantes de la misma escuadra acaben por el suelo. Lo recuerda bien Landa. En aquella etapa del Giro el Sky quedó desarbolado, Geraint Thomas se tuvo que ir a casa y él, dedicado a la caza de etapas (ganó una).

Ayer, el ruido de la caída se oyó a cinco kilómetros de meta. Con el pelotón lanzado, a punto de dar caza a la escapada del día, hubo un enganchón en la parte delantera derecha y el efecto dominó llevó la caída hacia la izquierda. Landa y Rigoberto Urán (Education First) se llevaron un buen susto, pero se las arreglaron para reincorporarse a la cola del pelotón y llegar en el mismo tiempo. Al colombiano le vino bien la táctica de correr rodeado de compañeros. No le tuvieron que esperar, estaban allí y le metieron rápido en el grupo. Lo mismo que a Landa.

Los más perjudicados fueron Ilnur Zakarin (Katusha), que no pudo pasar y perdió un minuto, y Tiesj Benoot (Lotto), con un fuerte golpe en la cara. Fue la gran caída del día pero no la única. Antes ya habían rodado por el suelo Burghardt (Bora), Gallopin (AG2R), Gesink (Lotto-Jumbo), dos veces, Fuglsang (Astana)...

Una recta de 4 kilómetros

La caída no afectó al sprint, ya que todos los grandes y sus 'trenos' la esquivaron y se organizaron pronto para neutralizar a Jerome Cousin (Direct Energie), Dimitri Claeys (Cofidis) y Anthony Perez (Cofidis) y Guillaume Van Keirsbulck (Wanty). A este último le cazaron bajo el triángulo rojo del último kilómetro.

Quick-Step colocó de forma magistral a Gaviria remontando por las vallas, pero con Peter Sagan (Bora) a rueda. La eterna recta final de casi cuatro kilómetros picaba hacia arriba ligeramente al final. Lanzó el sprint Greipel (Lotto), que no pudo mantener el pulso. El alemán tomó rápido la cabeza, pero cuando Gaviria empezó a mover bien el desarrollo le superó fácil por el centro de la calzada. Sagan eligió el lado derecho junto a la vallas, pero solo le alcanzó para superar a Greipel.

Ahora mismo, Gaviria es el hombre más rápido del Tour con diferencia. Hay que ser muy bueno para ser designado como el sprinter número uno de un equipo como el Quick-Step, sin ser belga y con solo 23 años. Además, la mejor formación del mundo para pruebas de un día y sprints, dejó salir a su referente, Marcel Kittel (a Katusha), para darle todos los galones al colombiano. Ha corrido tres etapas individuales del Tour en su vida y ha ganado dos. En la otra se cayó.

No es que haya nacido una estrella, el año pasado ganó cuatro etapas del Giro, pero es posible que haya comenzado una nueva era en la velocidad. Gaviria es doble campeón del mundo en pista. Y las bicis de pista no tienen frenos. Como las del Tour.

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