Ciclismo

No es lo mismo andar en bici que ser ciclista

No es lo mismo andar en bici que ser ciclista

Ion Izagirre lo hace todo bien para ganar, pero se topa en la fuga buena con Cort Nielsen, que no perdona |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

«Era imposible». Ion Izagirre (Bahrain) no está teniendo suerte en este Tour de Francia con las compañías. En el Grand Bornand se cruzó con Julian Alaphilippe (Quick-Step) y ayer en Carcasonne, con Magnus Cort Nielsen (Astana). Dos rematadores bendecidos por la inspiración y la velocidad, respectivamente. No se puede hacer más de lo que hizo el ormaiztegiarra esos dos días. Ni correr mejor para ganar. Pero si en el camino se cruza un rival con esas características tan específicas para rematar, solo queda felicitarles por la victoria.

Izagirre manejó la fuga de ayer con eficacia. La presencia del duro Pic de Nore, inédito en el Tour, marcaba el perfil de la jornada y el ormaiztegiarra sabía que la gestión de esa subida decidiría no el triunfo pero sí quiénes se lo jugarían. Respaldado por Pozzovivo, se abría un interesante campo de juego para el guipuzcoano en cabeza de carrera. Sin embargo, se coló un factor poco previsible: Cort Nielsen. Un velocista. Uno que ganó dos etapas al sprint en la Vuelta a España hace dos años. Muy rápido y, si pasa delante el Pic de Nore, muy en forma. Un enemigo malísimo.

El menor de los hermamos ormaztegiarras asumía la realidad nada más cruzar la meta en segundo lugar: «Era imposible porque Nielsen era el más rápido. Tampoco sabes cómo sorprenderle, con lo rápido que es, además con el viento de cara. Al final tenía que tratar de hacerlo lo mejor posible en el sprint. De nuevo al poste y ya van dos porque siempre hay alguno que va más rápido, que sube o baja más que yo. Pero voy a seguir luchando e intentando conseguir un triunfo de etapa».

Ciclismo de escuela

El Tour de Ion Izagirre está siendo para estudiar con atención en las escuelas de ciclismo. Liberado de sus obligaciones tras la retirada de Nibali, está dando un recital de visión de carrera. Se filtra en las escapadas con facilidad, ve al instante cuál es el corte bueno y, ya en la fuga, nunca se equivoca con el tempo. Mientras muchos se desgastan en esfuerzos baldíos, minusvaloran la dificultad de la etapa o calculan mal las distancias, él aparece en el momento clave. Ayer, en el Pic de Nore. No se alteró por el incedio que montó Rafal Majka (Bora), seguro de cazarle en la bajada y en el largo llano posterior. Su lectura de la carrera y lo que pasó fueron la misma cosa.

Su hermano Gorka bebe de las mismas fuentes. El sábado estuvo a un paso de disputar la victoria en Mende, pero también se cruzó con una mala compañía. En este caso, la de Slagter (Dimension Data), que no se dio cuenta de que la rueda de Stuyven (Trek) llevaba a la victoria y racaneó. La bronca que le echó el mayor de los ormaiztegiarras fue de las que hacen época.

No es lo mismo andar en bici que ser ciclista. Algo así le debió de decir Gorka a Slagter. En eso, el ciclismo no es distinto a otros deportes. No es lo mismo tener grandes facultades que saber correr o jugar. Distinguir cuándo hay que atacar o dar relevos. Cuándo regatear o cuándo pasar. Jugarse un triple o penetrar a canasta.

Los Izagirre son ciclistas. Solo corren las mejores carreras, un calendario exigente, y siempre están delante. Llevan al máximo nivel desde enero, desde el Tour Down Under, y acumulan puestos de honor en las mejores carreras, como París-Niza, Vuelta al País Vasco, Suiza, Romandía... Son piezas muy cotizadas dentro del pelotón porque son muy buenos y no fallan. En la última semana del Tour volverán a dejarse ver, porque tienen nivel, terreno y ambición de hacerlo.

El pelotón, de traslado

La etapa fue la escapada, porque para el resto fue un día de traslado. Como la víspera. No sería extraño que alguno hubiera aprovechado para echar una de las famosas 'kuluxkitas' de Txomin Perurena. En la segunda y cuarta horas de carrera el pelotón recorrió 32 kilómetros.

Froome y Thomas corrieron juntos, hombro con hombro, y en ocasiones intentaron cruzar algunas palabras. No ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa, eso será a partir de mañana (hoy es jornada de descanso) en los Pirineos.

El galés aventaja a Froome en 1:39 y a Dumoulin (Sunweb)en 1:50. Y va echando balones fuera. «¿Presión? Presión son los minutos previos a una final olímpica». Es doble campeón olímpico en pista y triple campeón del mundo.

Y lo cierto es que, con sus gafas de sol anticuadas, Thomas transmite una sensación de ir a su aire. Hace unos Tours, bajando a Gap se salió de la carretera y perdió las gafas. Tuvo que correr varios días con las gafas último modelo de la marca que provee al Sky, y pasó un mal rato. Al final las recuperó.

Tiene una buena renta, pero sabe que la diferencia real sobre la carretera no es tan amplia como refleja la clasificación, porque casi todo el tiempo perdido por Froome proviene de la caída del primer día y el de Dumoulin, del pinchazo en el Muro de Bretaña. Sin esos incidentes, los tres estarían en menos de medio minuto, después de 2.500 kilómetros.

La carrera descansa hoy y además lo hace sin el engorroso traslado habitual de estas jornadas, ya que mañana la decimoquinta etapa partirá desde Carcassonne. Será la primera de las tres jornadas pirenaicas, con el Portet d'Aspet, Menté y Portillon antes de llegar a Bagneres-de-Luchon.

Es probable que mañana empiece un nuevo Tour, con unas montañas diferentes a los Alpes y una contrarreloj al final, con toda la carrera encima. Froome y Thomas, por un lado y Dumoulin y Roglic (Lotto-Jumbo), por otro. Esas parecen ser las reglas del juego.

 

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