Ciclismo | Tour de Francia

Altitud para desbancar de su cielo al Sky

Raymond Poulidor, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain, cinco héroes del Tour, brillaron ayer en París. Odriozola, Prudhomme y Lafargue, en la presentación. / AFP EUSKADI-MURIAS

El Tour de 2019 presenta seis llegadas en alto, tres de ellas por encima de los 2.000 metros | ASO diseña una carrera para escaladores y con una sola crono individual de 27 kilómetros en Pau, la víspera de la llegada en la cima del Tourmalet

Joseba Lezeta
JOSEBA LEZETASAN SEBASTIÁN.

Miguel Indurain dixit. «A más de 2.000 metros te duelen las piernas un montón y te entra una fatiga terrible». ASO, la organización del Tour, apuesta por la altitud con siete cimas que rebasan esa barrera y tres de ellas como final de etapa, para el recorrido de su próxima edición, la de 2019, presentada ayer en París. Completado con una sola contrarreloj individual, nada larga ya que constará de 27 kilómetros, Christian Prudhomme da otro paso en su duelo particular con el Sky, al que quiere derrotar de alguna manera.

La altitud, en este caso, es la base de esta batalla contra el equipo que ha ganado seis de las siete últimas ediciones de la ronda gala. Contra las acusaciones de aburrimiento derivadas del control férreo ejercido por un conjunto dominador en la mayoría de los terrenos, con lugartenientes de la talla del jefe de filas y acompañantes superiores a algunos hipotéticos favoritos a los que la propia carrera deja en su sitio.

Chris Froome apuntó que el trazado de la próxima edición favorece a Nairo Quintana. También el propio Indurain. «En estas montañas de más de 2.000 metros se defiende bien el colombiano. Puede aprovecharlo».

Sin embargo, la realidad es tozuda. En las tres o cuatro últimas ediciones del Tour y de otras pruebas por etapas, Quintana se ha visto ampliamente superado en la montaña en más de una ocasión por Froome, Thomas, Porte, Roglic, Bardet y hasta Dumoulin. La lista es larga. Demasiado larga como para pensar en que el hombre del Movistar es un candidato firme para subir a lo más alto del podio en los Campos Elíseos. Por muy escalador que sea.

Ni siquiera limitar el número de contrarrelojs individuales a una crono de 27 kilómetros -habrá otra por equipos sobre la misma distancia el segundo día- invierte la situación lo suficiente para pensar que Nairo Quintana puede acabar por delante de los Froome, Dumoulin y compañía... si su rendimiento no gira lo suficiente para frenar la tendencia descendente y dirigir la curva hacia arriba.

Cien años de maillot amarillo

También es un Tour de aniversarios. El 50º de la primera victoria absoluta de Eddy Merckx, en 1969. Llegarían cuatro más. Su protagonismo será central en las tres etapas belgas, las que servirán para abrir el apetito en territorio flamenco y valón. La jornada inaugural pasará por el muro de Grammont y el Bosberg, subidas adoquinadas clásicas en el Tour de Flandes.

La carrera celebrará asimismo el centenario del maillot amarillo, distintivo entregado por primera vez el 19 de julio de 1919 en una pequeña sala del Café del Ascensor de Grenoble. Se lo enfundó Eugène Christophe. Después lo portaron 270 ciclistas más.

Tourmalet (2.115 metros), Tignes (2.089) y Val Thorens (2.365) forman el trío de llegadas en alto por encima de esa barrera maldita donde los organismos comienzan a sufrir más de lo habitual. Además, los ciclistas superarán el col de Vars (2.109), el Izoard (2.360), el Galibier (2.642) y el Iseran (techo de la carrera con 2.770). Sin contabilizar el Cormet de Roseland, coloso alpino como los cuatro anteriores y que roza esa altitud con sus 1.968. La dureza montañosa es tremenda.

El Tour recupera el Iseran por su vertiente más dura, que no se afronta desde 1963, año en el que Fernando Manzaneque pasó en cabeza por su cima y ganó en Val d'Isère, una jornada en la que Federico Martín Bahamontes se vistió de amarillo. La capilla de Notre-Dame de Toute-Prudence corona la cumbre de una ascensión considerada como la ruta más alta de Europa hasta que en 1962 se abrió el paso por la cima de La Bonnette, de 2.802 metros.

Los números

111 veces
ha recibido Eddy Merckx el maillot amarillo de líder. Por lo tanto, ha sido líder durante tres meses y una semana. Posee el récord en este apartado. Le siguen Bernard Hinault con 79, Miguel Indurain con 60, Chris Froome con 59 y Jacques Anquetil con 51.
16 ciclistas
han abandonado el Tour cuando vestían el maillot amarillo. El primero fue Francis Pellisier en 1927 y el último, Tony Martin en 2015.
3 corredores
únicamente han sido capaces de llevar esta prenda desde la primera etapa hasta la última. Este honor corresponde al italiano Ottavio Bottechia en 1924, al luxemburgués Nicolas Frantz en 1928 y al belga Romain Maes en 1935. Eran otros tiempos.

Será el 'aperitivo' de la llegada a Tignes, en una corta jornada de 123 kilómetros, del estilo de las que comienzan a abundar en la ronda gala cuando llega la alta montaña. La que acaba en el Tourmalet tendrá 117 y la de Valn Thorens, la víspera de llegar a París, 131. Dureza concentrada en frascos pequeños. Nada que ver con las legendarias cabalgadas pirenaicas y alpinas que minaban las fuerzas de los participantes a base de kilometrajes incluso más cercanos a los 300 kilómetros que a los 200.

¿Qué hará Sky ante este atracón de montaña y la ausencia de contrarrelojs de enjundia? Geraint Thomas, el último ganador del Tour, no es seguro en la línea de salida. Tomará la decisión dentro de quince días, después de la presentación del Giro de Italia, anunciada para el miércoles. Sky tiene más armas. La de Froome, por supuesto. Seguramente centrará los esfuerzos en la consecución de su quinto triunfo en esta prueba para igualar a Merckx, Hinault e Indurain.

Dave Brailsford puede disponer incluso de más bazas, incluida la de Egan Bernal, la joven joya colombiana, recuperada de su grave caída en la Clásica de San Sebastián por lo demostrado en el último Giro de Lombardía. Con 22 años, los cumplirá en enero, puede encontrar terreno abonado para sus cualidades si Froome acusa el peso de la edad.

También Mikel Landa, sin un lastre importante en las cronos, puede encontrar terreno abonado para sus dotes de escalador. Seguro que el recorrido ilusiona al de Murgia. Como a Bardet o al propio Pinot. Menos a Dumoulin y Roglic, a los que en teoría penaliza tanta alta montaña. Otra cuestión es que en la pasada edición ambos demostraron mayor solvencia que determinados grimpeurs en ese terreno.

Ahora bien, la iniciativa y el control seguirán en manos de un Sky que ha implantado una manera de correr adecuada a las aptitudes de sus líderes, primero Wiggins, luego Froome y después Thomas. El siguiente puede llamarse Bernal.

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