Vuelta a Suiza

Sagan mete codos para llegar en la mejor posición al Tour

Peter Sagan y, después, la nada. El eslovaco sacó de rueda a sus rivales en el repecho que conducía a la meta en Murten. / EFE
Peter Sagan y, después, la nada. El eslovaco sacó de rueda a sus rivales en el repecho que conducía a la meta en Murten. / EFE

El eslovaco confirma su gran estado de forma al ganar la tercera etapa y vestirse de líder en la Vuelta a Suiza gracias a las bonificaciones

Gaizka Lasa
GAIZKA LASA

Peter Sagan ha vuelto. Su dinamita, su espectáculo, su ferocidad, su clase... Peter Sagan en estado puro. Ya lo demostró con un séptimo puesto en la contrarreloj del sábado, a siete segundos de Rohan Dennis -campeón del mundo de la disciplina-, y lo confirmó el domingo ganando con facilidad el sprint del pelotón, a quien previamente había burlado Luis León Sánchez. El lunes, definitivamente, reivindicó su poderío y se abrió camino hacia el Tour de la mejor manera posible, con victoria y liderato en la Vuelta a Suiza, la última gran carrera previa a la Grande Boucle.

Lo hizo con una exhibición de habilidad, pundonor y potencia. Con el pelotón enfurecido a mil por hora dentro del último kilómetro, robó la posición a John Degenkolb (Trek) cuando el alemán rodaba a rueda de su lanzador en un cuerpo a cuerpo tan noble como temerario. Dos codazos bastaron al eslovaco para arrancar el repecho final en la posición que quería tras la rápida curva final situada a escasos 200 metros de meta. Luego, su despegue fue inalcanzable para sus rivales. Pura inyección. Imposible.

Pericia y potencial. Esos fueron los dos indicadores que descubrió Sagan para anunciar a bombo y platillo que su 'show' ya está aquí, justo en el prime time de la audiencia ciclista. Claro que lo de las agallas suele venir junto a la condición física. No se desplaza a una mole como Degenkolb con la pancarta de meta a la vuelta de la esquina si uno no está súper. Una vez conseguido lo más difícil, la arrancada final le salió de manera natural. Los siguientes quedaron reducidos a una dimensión inferior. Ni salieron en la foto. Y no eran cualquiera: el italiano Elia Viviani (Deceuninck) y el propio Degenkolb. Ya les empieza a doler la cabeza de pensar cómo batir a Peter Sagan visto lo visto.

Además, puede que a sus facultades estratosféricas se una esta vez un punto extra de rabia. Sagan lleva un año pobre en cuanto a resultados para un campeón de su talla. La de ayer era su tercera victoria del curso tras imponerse en una etapa del Tour Down Under y en otra del Tour de California. En la temporada de clásicas, su preparador, Patxi Vila, reconoció que «creo que no está encontrando las sensaciones que tenía en el pasado y hay que analizar el porqué». Ya está. Ya las ha encontrado. Estaban en Murten, localidad medieval de murallas, torres y calles empedradas, sede de batallas salvajes, como la de ayer entre Sagan y Degenkolb. Sagan ha vuelto. Y llega el Tour. Casualidad.

Un puerto cerca de meta

Al triunfo parcial, el corredor del Bora añadió el maillot de líder de la clasificación general, gracias a los diez segundos de bonificación que logró en la línea de meta. Un bonito premio para un equipo que tomó las riendas de la carrera como ensayo general para lo que puede venir ahora que su líder está como está. Lo intentó desde lejos un cuarteto formado por Bert-Jan Lindeman (Jumbo), Ryan Anderson (Rally), Simon Pellaud (Suiza) y Willie Smit (Katusha), pero el capo del Bora no estaba para perdonar y puso a sus hombres a trabajar.

Más difícil lo tendrá para controlar hoy. La cuarta etapa, entre Murten y Arlesheim, de 163,9 kilómetros, tendrá más dificultades montañosas, sobre todo en su segunda mitad, con un desnivel total ascendente de unos 1.900 metros. Un puerto de tercera a quince kilómetros del final animará la llegada, en caso de que no haya una fuga consolidada, aunque Peter Sagan ya dejó ayer claras dos cosas. Una, que está que se sale. Y dos, que sabe buscarse la vida sin compañeros en los metros finales.