Vuelta a España

Quintana lleva a Roglic a conocer el miedo

Quintana guía a Bennett, Stybar y el resto de la fuga, en la etapa de ayer. / AFP
Quintana guía a Bennett, Stybar y el resto de la fuga, en la etapa de ayer. / AFP

El colombiano caza la fuga del día, mete cinco minutos al líder y desnuda la debilidad de su equipo

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

En su vida anterior, Primoz Roglic (Jumbo-Visma) fue saltador de esquí de élite. Alguien capaz de volar más de cien metros con la cara por delante no puede temer a nada. Ayer, Nairo Quintana (Movistar) le llevó a conocer el miedo.

El líder de la Vuelta se quedó a merced de los elementos y, aunque salvó la jornada, comprobó que es vulnerable. Seguramente, por primera vez. Se salvó porque el Astana acudió al rescate. Sintió impotencia. Y soledad. El ataque de Quintana -ahora segundo en la general, a 2:24- y la táctica del Movistar -Valverde es tercero a 2:48- reventaron a su equipo. El sufrimiento de Robert Gesink, su último hombre, para sujetarse al grupo de cabeza en el repecho donde el Movistar decidió desarbolar al Jumbo-Visma fue una escena no exenta de patetismo. El holandés no pudo agarrarse y el grupo voló. Con su jefe solo, a su suerte.

Y esa impotencia es un factor nuevo para Roglic, a falta de las dos etapas de la sierra de Madrid. Fueron doscientos kilómetros de guerra sin cuartel, sin un solo puerto. La mejor etapa de la Vuelta, probablemente. ¿Quién necesita montañas si hay ciclismo del bueno? La etapa fue una locura de viento y velocidad. La más larga de esta edición (220 kilómetros) fue la más corta, corrida a 50,6 de media.

Quintana se levantó en Aranda de Duero y vio el viento. Más de doscientos kilómetros de meseta por delante, y un vendaval de costado. Sin nada que perder y nada que ganar -estaba a 7:43 del líder en la salida- se lanzó a la aventura con un ejército de rodadores.

La ventaja llegó a ser de seis minutos. Roglic quemaba todas sus naves y su gente se dejaba el alma en la persecución. Hasta que Movistar, que tiraba a muerte por delante con Erviti, hizo su movimiento estratégico. En un repecho largo a 45 kilómetros de meta, con la cabeza a 5:30, aceleró a tope. Durante unos tensísimos minutos, el equipo telefónico tiraba delante y tiraba detrás. Una decisión excelente desde el coche. Buscaron, con buen criterio, romper el grupo para quebrar la inercia de trabajo de los gregarios del líder y dejarle solo. Movistar le recortó un minuto a Quintana. El objetivo era que una vez completada la maniobra, el Jumbo no tuviera capacidad de respuesta y que la ventaja del colombiano creciera de forma exponencial.

Astana rescata al maillot rojo

El planteamiento era impecable y surtió efecto, pero entonces entró en juego el Astana. El equipo de Miguel Ángel López, cuarto de la general a 3:59, decidió tomar los mandos de la persecución y se reorganizó de forma brillante. Una maniobra extraordinaria de audacia y poder del Movistar recibía una respuesta de muchos quilates del Astana, que reunía a sus ciclistas dispersos en un abrir y cerrar de ojos y mantenía viva la persecución.

Hizo parar a Gorka Izagirre y a Luis León Sánchez y en el grupo aguantaban también Ion Izagirre, Jakob Fuglsang y Dario Cataldo, además de Superman. Un acorazado, al rescate del desamparado líder.

Si lógica fue la maniobra del Movistar, lógica fue la del Astana, que defendió sus intereses. La diferencia en meta, 5:29. Superman mantiene aspiraciones de victoria o de podio y no podía permitir que Quintana lograse una minutada y se colocase de líder, aunque el primer beneficiado de su trabajo fuera Roglic.

La etapa sirvió para observar cómo es el profesionalismo salvaje, desnudo. Siempre hay intereses cruzados. Nunca conviene minusvalorar ese factor, capaz de causar estragos. Roglic no se fue tranquilo al hotel, por mucho que salvara el día y conserve una ventaja de garantías.

También se observó el potencial peligro que esconden las masivas escapadas que han marcado la temporada en las grandes vueltas. Antes eran cosas de aventureros. Ahora acumulan a gente de nivel, y el pelotón no tiene más remedio que dejarlas ir, porque son ingobernables. Ayer mismo, por delante tiraban siete Deceuninck, medio Movistar y medio Sunweb, para Kelderman. No hay manera de frenar eso una vez en marcha; solo de minimizar pérdidas.

Es una novedad táctica, aún sin explorar en todas sus vertientes. Porque, ¿qué impediría, por ejemplo, meterse en la fuga a Superman hoy? ¿Quién controla eso?

Magistral triunfo de Gilbert

Lo de ayer, sin ir más lejos, no era una escapada. Parecía una de las correrías de la 'crazy gang', la banda de los locos del Wimbledon que causaba el terror por todos los campos de fútbol de Inglaterra a finales de los 80. Un grupo con siete corredores del Deceuninck (Gilbert, Stybar, Cavagna, Declercq ...), Sam Bennett, Silvan Dillier, Edvald Boasson Hagen, Tao Geoghegan Hart, Ian Stannard o Nikias Arndt no es una escapada, es una cacería. La magistral victoria de Gilbert no fue sino la guinda al magnífico pastel.

Ahí se metió Quintana para mandar entre esos gigantes. El colombiano no está para nada, pero tiene el gen de campeón y eso no se pierde. Ganó una etapa llana en Calpe y ayer hizo un destrozo en los abanicos. En la montaña no le llega y lo más probable es que hoy pierda todo lo que ganó ayer. Un via crucis por la sierra de Madrid, pero le da lo mismo, el daño está hecho. Roglic ya sabe lo que es el miedo.