La París-Tours cambia su historia y ya no quiere a los sprinters

El Euskadi-Murias está invitado a esta gran clásica francesa, que se disputa el domingo con un recorrido nuevo

IÑAKI IZQUIERDOSAN SEBASTIÁN.

La París-Tours, una de las grandes clásicas del ciclismo, cambia de rumbo definitivamente este domingo. Paraíso histórico de los sprinters, para la presente edición (la 112ª, se corrió por primera vez en 1896) la organización ha decidido introducir cambios radicales. Baja de 235 a 211 kilómetros y los últimos 50 son una sucesión de cotas y caminos de tierra entre viñedos, hasta un total de 12,5 kilómetros por esta superficie. La última cota, Rochecorbon, se sitúa a 11 de meta.

Esta clásica ha sufrido cierto declive en los últimos años y ya no pertenece al World Tour, pero fue una carrera mítica. Sobre todo, por su recta de meta en la avenida de Grammont. En los buenos tiempos era una recta de 2.600 metros solo apta para los hombres más rápidos. Uno de los grandes sprints del año, junto a Burdeos y París en el Tour. Hace unos años, la instalación del tranvía alteró la fisonomía de la avenida y, a partir de ahí, la decadencia.

Ahora busca reinventarse con este nuevo trazado, imposible para los sprinters puros, y en la inauguración estará el Euskadi-Murias, que también correrá Bourges mañana y Vendée, el sábado.

Por otra parte, Danny Van Poppel (Lotto -Jumbo) ganó ayer la Binche-Chimay-Binche Memorial Frank Vandenbroucke con un brillante ataque en el último kilómetro adoquinado. Sacó de rueda a Yves Lampaert (Quick-Step), segundo.

 

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