PERFIL

«Lo he hecho todo. Ya está»

Peter Sagan abraza a Valverde tras entregarle la medalla. / EFE
Peter Sagan abraza a Valverde tras entregarle la medalla. / EFE

Valverde se mostró en paz consigo mismo al cumplir «un sueño» que había llegado a aparcar

O.O.G. SAN SEBASTIÁN.

Valverde se quitó una gran mochila ayer en Innsbruck. «Llegué a pensar que nunca podría ser campeón del mundo», admitió. Ganador de Lieja-Bastoña-Lieja (4), Flecha Valona (5), Vuelta a España (1), Volta a Catalunya (3), Vuelta al País Vasco (1), Clásica de San Sebastián (2), Dauphiné (2), tercero en el Giro y en el Tour y cinco podios más en la Vuelta, el Mundial era la asignatura pendiente del murciano. Y la aprobó a los 38 años y en una de sus últimas oportunidades. «Lo he hecho todo en el ciclismo. Ya está», afirmó ayer. Hoy podría retirarse en paz con el ciclismo y consigo mismo. «El Mundial faltaba en su palmarés -advirtió su director en Movistar, Eusebio Unzue-, pero, aunque pueda parecer presuntuoso, un ciclista único como Valverde también faltaba en el palmarés del Mundial».

Ciertamente, el mundo del ciclismo en general convino que no podía haber mejor sucesor para Peter Sagan. Así pareció entenderlo el tricampeón saliente, que en el podio entregó la medalla de oro al nuevo dueño del arcoíris, en un gesto que honra al eslovaco. «Me ha dicho que se alegraba por mi triunfo, que si no era él le gustaba que fuera yo quien le relevara», desveló el ganador.

Una y otra vez, Valverde se sentía «sin palabras» para describir su felicidad. Tampoco las encontró su masajista de confianza, Juan Carlos Escámez, la primera persona a la que se fundió en un abrazo eterno al cruzar la meta. «Solo gritaba y lloraba», apuntó el alicantino.

«Es increíble -subrayó Valverde-. Han sido tantos años luchando por el Mundial, y al fin se ha conseguido. Es la mejor victoria de mi carrera. Lo que he soñado durante años. Es algo que perseguía y perseguía. He estado muchas veces cerca, llevaba seis medallas, pero ninguna de oro». La fue a hallar en una de las ediciones en las que apareció más tapado, a la sombra de su flaqueza final en la Vuelta y el aura emergente de los Alaphilippe, Dumoulin, Bardet o Roglic.

«Un equipo de diez»

Desposeído de toda presión, acostumbrado a moder el polvo, «ya no me obsesionaba» con el oro, «casi me había dado por vencido». En la cuenta atrás de su carrera -su ocaso solo llegará cuando él lo decida-, Valverde es cuando más está disfrutando, y también cuando sus errores tácticos parecen una leyenda lejana. «En los últimos kilómetros me decía que tenía que rematar, que no podía fallar a la selección, que ha estado de diez y me ha aportado una tranquilidad enorme, del primero al último. Al final se ha dado todo de cara y he logrado el maillot arcoíris. Habrá que estrenarlo en el Giro de Lombardía», sonrió.

Con la naturalidad con la que se le caían los triunfos desde cadete -ganó en Bergara y Zegama- y juveniles -Gipuzkoa Klasika-Trofeo Zumy-, el de Las Lumbres resumió el Mundial. «Mi labor era estar ahí en el momento adecuado, controlar bien la distancia, lanzar mi sprint y vencer. Lo demás me lo han dado los compañeros». Genial.

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