GIRO ITALIA

«La simplicidad es la máxima sofisticación»

Chris Froome observa el trofeo de vencedor del Giro de Italia, que lleva grabado su nombre tras su triunfo en la pasada edición, tras desbancar a Simon Yates. / RCS
Chris Froome observa el trofeo de vencedor del Giro de Italia, que lleva grabado su nombre tras su triunfo en la pasada edición, tras desbancar a Simon Yates. / RCS

El Giro de Italia presenta una nueva edición montañosa, con el Gavia y Mortirolo en la gran traca final

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

La frase del titular corresponde a Leonardo da Vinci, una de las personalidades homenajeadas en la próxima edición del Giro de Italia, con motivo del quinto centenario de su nacimiento: «La simplicidad es la máxima sofisticación», dicen que dijo el genio del Renacimiento. Justo lo que hace la empresa organizadora de la corsa rosa, RCS, con su fórmula mágica e infalible. Algo tan simple como un poco de contrarreloj, buena dosis de montaña -toda ella concentrada en la segunda mitad de carrera, con hasta siete finales en alto y algún puerto mítico como Gavia y Mortirolo- y esos guiños a la historia, a su pasado, en el país que mejor cuida su legado, ya sea deportivo con los tributos a Costante Girardengo o Fausto Coppi, cultural o simplemente trágico como fueron la II Guerra Mundial o el terremoto que asoló los Abruzzos y derrumbó L'Aquila, el año que viene hará una década. De la coctelera sale la sofisticación: la mejor vuelta de la temporada año tras año.

En Milán, la capital lombarda que el Giro de Italia no visitará en su 102ª edición, se presentó ayer un recorrido de 3.518,5 kilómetros que comenzará el 11 de mayo en Bolonia y finalizará el 2 de junio en Verona. El trazado que ya había sido filtrado con alfileres, quedó finalmente cosido sin sorpresas. Al contrario que el Tour de Francia, no desdeña la contrarreloj individual. Aunque sean 48 kilómetros, y repartidos en tres cronometradas salpicadas de la suficiente dureza como para que los grandes especialistas no puedan exprimir al límite su condición de buenos rodadores.

Vamos, que el mejor contrarrelojista entre los candidatos a las grandes vueltas, Tom Dumoulin, tampoco puede estar exultante con el recorrido del Giro, como tampoco lo estuvo con el de la Grande Boucle. Las cronos transalpinas son ideales para Roglic o Thomas.

El último vencedor de la corsa rosa, el inglés Chris Froome, quedó encantando y dejó abierta la opción de repetir el esquema Giro-Tour, aunque a día de hoy en el Sky parecen pensar más en Geraint Thomas para Italia y Froome para Francia. Por de pronto, sorprendieron ayer las declaraciones del galés en 'The Guardian', quejándose de un trato de favor de su equipo hacia el keniata cuando él era el líder del Tour. Entre sus perlas, aseguró que un día, asfixiante, la única habitación con aire acondicionado de un hotel fue para Froome y no para él, que era el maillot amarillo. Unas líneas más adelante, aclara que la relación entre ambos es buena. Y que Froome se alegró de su éxito en París. Mejor.

Tres contrarrelojes con sendos puertos, siete finales en alto y varios guiños a la historia salpican un trazado típico de la corsa rosa

Cronoescalada inicial

La organización que dirige Mauro Vegni vendió esta edición como «una de las más duras de los últimos años». Probablemente el director de la carrera no fue muy atrás en el tiempo. El Giro es duro, muy duro, pero como siempre desde aquellas ediciones diseñadas para Giuseppe Saronni y Francesco Moser. No hay ninguna etapa exagerada, por mucho que la jornada reina, la decimosexta, junte el Gavia (cima Coppi) y el Mortirolo en 226 kilómetros.

La carrera arrancará en Bolonia con una contrarreloj de 8,2 kilómetros que acabará junto a la basílica de San Luca, tras 2,1 kilómetros de subida al 9,7%, con una rampa al 16% al final.

El homenaje a Gino Bartali en la segunda etapa, que toca levemente los Apeninos, abrirá las ofrendas a la historia. La tercera será la de Leonardo da Vinci, que saldrá de su ciudad natal, Vinci, para acabar en Orbetello, primera gran oportunidad para los velocistas en la Toscana. Al día siguiente, un complicado final en Frascati antes de otra ocasión propicia para la volata en Terracina.

El final de la sexta etapa en San Giovanni Rotondo es el más complicado de la primera semana hasta la cronoescalada del domingo 19 de mayo entre Riccione y San Marino, de 34,7 kilómetros, la mitad cuesta arriba, dos días después del siempre rompepiernas destino en L'Aquila.

Los días de Coppi

Tras la primera jornada de descanso y el paseo llano entre Rávena y Módena, será el doble turno para Coppi. El primero, entre Carpi y Novi Ligure, con la meta a 400 metros a la casa en la que el italiano vivió con Giulia Occhini, la carismática Dama Blanca, en la ciudad en la que nació Costante Girardengo, quien en 1919 ganó el primero de sus dos Giros. Hace un siglo.

La jornada siguiente, todo el pelotón en pie entre Cuneo y Pinerolo, inicio y final de aquella aventura en solitario de Coppi que el radiofónico Mario Ferretti inmortalizó en las ondas en 1949: «Un uomo solo è al comando...». Esta vez no se subirán Maddalena, Vars, Izoard, Monginevro y Sestriere como en aquel épico viaje de Coppi, sino solo Montoso, primer puerto de enjundia, el prólogo de lo que llegará en los dos finales en alto en Ceresole Real (Lago Serru) y Courmayeur, donde el luxemburgués Charly Gaul finiquitó el Giro de 1959. Sesenta años ha.

Los últimos kilómetros del Giro de Lombardía, con Madonna del Ghisallo, Colma di Sormano (sin el muro en el que Nibali y Pinot arrancaron en la última clásica de las hojas muertas), Civiglio y San Fermo arribarán en Como, que albergará la última jornada de descanso, vital para poder alcanzar Verona con vida.

El ingenio de Campagnolo

La gran etapa al mejor estilo Coppi será la del martes 28, por kilometraje (226) y sobre todo dureza, con 5.700 metros de desnivel gracias al encadenamiento de Presolana, Croce di Salven, Gavia y Mortirolo desde Mazzo di Valtellina, su vertiente más dura, antes de arribar en Ponte di Legno.

En los últimos cuatro días antes de la contrarreloj final en Verona, habrá aún tres finales en alto, en Anterselva, San Martino di Castrozza -tras la tregua de Santa Maria di Sala- y la despedida dolomítica el último sábado, con casi 200 kilómetros y los 'passos' de Campo, Rolle y Manghen antes de encarar Croce d'Aune, el puerto en el que empezó el imperio del fabricante que marcó época en el ciclismo.

Fue en 1927, cuando Tullio Campagnolo, aterido de frío, no tenía sensibilidad ni fuerza en las manos para aflojar las mariposas de una de sus ruedas. De la necesidad hizo virtud, el Da Vinci de los componentes de bicicletas del pasado siglo, patentó tres años después el cierre rápido. Su primera patente.

El telón bajará en el teatro de Verona, que acogerá la crono de 15,6 kilómetros -cinco de ellos una tachuela en el ecuador- para decidir el genio de las dos ruedas en Italia.

«La constancia no está en empezar (en Bolonia) sino en preservar (hasta Verona)». Da Vinci dixit.

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