Giro Italia

La primera maglia será rossa

Tom Dumoulin, el principal favorito para la victoria, en Bolonia. El holandés será el primer corredor en tomar la salida. / AFP
Tom Dumoulin, el principal favorito para la victoria, en Bolonia. El holandés será el primer corredor en tomar la salida. / AFP

Dumoulin y Roglic buscan sacar ventaja hoy y en la crono de la novena etapa para llegar a la montaña con ventaja sobre Nibali, Simon Yates y Landa

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

El ganador de hoy vestirá la maglia rossa. Roja como la Emilia-Romagna, donde arranca el Giro de Italia. Bastión del comunismo en Europa occidental durante la segunda mitad del siglo XX, los tiempos han cambiado pero la región mantiene su identidad combativa. Bolonia fue liberada de los nazis por los partisanos antes de que llegaran los aliados. Y eso marca. Siempre tuvo alcaldes de izquierdas en el siglo XX. El rosa, para más adelante.

La roja Emilia-Romaña acoge el inicio de un Giro que no profundizará en el sur. No bajará del Lazio, la región de Roma. Allí, los americanos sí entraron como liberadores. Para cuando llegaron a Emilia-Romagna y Toscana, el trabajo estaba hecho. Las dos Italias, la comunista y la filoestadounidense. El Giro vino a coser todo eso.

Por eso, aunque arranque de rojo, el rosa es importante. Tras la guerra, por no haber no había ni un idioma común. Había (y hay) dialectos. La RAI creó el italiano canónico con las retransmisiones del Giro. Tras superar infinidad de crisis, como cualquier gran institución italiana que se precie, el Giro se ha convertido en una prueba capaz de competir cara a cara con el Tour de Francia. Siempre estuvo a su altura por historia, pero ahora le discute año tras año la condición de mejor carrera del mundo. Es capaz de atraer a las grandes figuras.

El año pasado fue la mejor prueba de la temporada, con la obra maestra de Chris Froome. Este año, el Ineos reunirá a sus dos líderes en Francia. En Italia debía luchar por el triunfo Egan Bernal, pero la perla colombiana se fracturó la clavícula en un entrenamiento y es baja. Los ingleses envían a Bolonia a dos jóvenes sin miedo, Pavel Sivakov (21 años) y Tao Geoghegan Hart (24). Dos partisanos para luchar contra los ejércitos regulares.

Los encabezan los generales Tom Dumoulin (ganador del Giro de 2017, segundo en el Tour y en el Giro del año pasado) y Vincenzo Nibali (ganador de los Giros 2013 y 2016, del Tour 2014 y de la Vuelta 2010. Y Simon Yates, último vencedor de la Vuelta. Y Miguel Ángel López, tercero en el Giro y en la Vuelta del año pasado. Y Primoz Roglic, un fenómeno que domina todos los terrenos. Y Mikel Landa, que no reconoce autoridad alguna.

Un Giro de la Italia rica, que se jugará en el norte, como siempre. En sus terribles montañas. Pero antes de llegar a los Alpes hay dos etapas contra el crono que marcarán el paso de la carrera. Que definirán la táctica, porque antes de la primera cuesta seria, en la etapa 12, se habrán dirimido 43 kilómetros contra el reloj, en los que dos grandes especialista como Dumoulin y Roglic pueden coger minutos de ventaja.

Camisa negra

Hoy confían en dar su primer golpe. Las dos primeras cronos, ésta y la de 35 kilómetros de San Marino el domingo 19, acaban en alto. Un terreno donde los vatios del holandés y del esloveno pueden hacer pedazos a algún escalador.

Dumoulin será el primero en salir hoy y tras él, el resto de favoritos en un orden contrario al habitual porque se anuncia lluvia a última hora de la tarde. Nada impedirá que los tifosi abarroten las rampas que conducen al Santuario de San Luca. Será la tercera vez que llegue el Giro, la primera de ellas, en 1956, memorable.

Porque ganó el gran Charly Gaul, el ángel del Bondone. Y también porque deparó una de las imágenes más míticas de la historia del ciclismo, la de Fiorenzo Magni escalando mientras sujetaba con los dientes una cinta atada al manillar. Se había caído en la etapa anterior, en Livorno, se fracturó la clavícula y el médico que le atendió en el hospital le prohibió seguir en carrera. «Mañana hay descanso, así que véndeme y trataré de continuar», rebatió. Dicho y hecho. «Probé la subida y no pude. Mi mecánico, Faliero Masi, cortó un tubular, le sacó la cámara y la ató al manillar. 'Prueba a morderla y pedalea'. Funcionó. Así hice aquella crono».

Los tifosi se volvían locos al ver la escena. La épica del ciclismo, delante de sus ojos. Y al verle, casi se lo perdonan todo. Casi. La Bolonia roja, aplaudiendo a Magni, fascista declarado, fascista irreductible que jamás renegó de Mussolini ni de su pasado como camisa negra, fascista que tras el armisticio de 1943 participó activamente en la guerra civil y que fue juzgado en 1945 junto a otros 30 camaradas por la matanza de Valibona, en los Apeninos toscanos. Fue el único absuelto.

Tras la crono de hoy, los sprinters tendrán diez días para brillar en las llegadas. La volata, la suerte suprema. Una de las bellas artes. Para ellos, todo terminará en la undécima jornada. Ahí acabará un giro, en el sentido estricto de la palabra. Un bucle de ida y vuelta desde Bolonia a Módena, de nuevo por Emilia Romagna, tesoro de los buenos conocedores de Italia. Potencia del sector agroalimentario, la industria automovilística y el arte de vivir.

A partir de la etapa 12, los Alpes y los Dolomitas, la Italia centroeuropea, austriaca, rica. Seis etapas de impresión, con el Gavia y el Mortirolo como jueces en la jornada reina, la 16ª. Solo el Giro es capaz de coser esa diversidad, con hilo rosa. A Mussolini le colgaron y Magni murió en 2012, pero vuelven a sonar vientos de los años 30 en Italia. La Emilia Romaña y los comunistas ya no son lo que eran, pero el ganador de hoy se vestirá la maglia rossa. La rosa, desde mañana.

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