Dumoulin, a la defensiva

IÑAKI IZQUIERDO

La evolución del ciclismo en los últimos años coloca a Dumoulin en una posición defensiva. Llamado a ser el sustituto natural de Froome como gran dominador de las vueltas de tres semanas para los próximos años, el holandés se ha convertido en un veterano acosado por las nuevas generaciones. Sin haber reemplazado a la vieja guardia y sin haber desplegado aún todo su potencial -'solo' ha ganado un Giro- ve cómo su posición hegemónica se discute. Simon Yates ha ganado una Vuelta a España; Primoz Roglic juega en su misma Liga de corredores completos de motor gigante; se ha librado de Egan Bernal, pero solo en este Giro...

Dumoulin tiene todas las virtudes para marcar una época de dominio. Pero si quiere convertirse en ese número uno que por potencial puede ser, necesita ganar. En Francia se encontrará con Froome y Thomas, cómodamente instalados en la treintena y con el maillot amarillo de Tour colgado en el salón de casa. Él debía ser el siguiente, pero los jóvenes se le echan encima. Este es su Giro. Se juega su autoridad.

Sus mayores rivales corren con menos tensión. Nibali, por exceso: lo ha ganado todo. Los demás, por defecto: o ya han empezado a ganar (Yates) o tienen tiempo para esperar su momento (Roglic, López) o no están obligados a anotarse una grande (Landa).

Dumoulin tratará de abrir hueco en las dos primeras cronos. Pocos le pueden distanciar en la alta montaña y si llega a los Alpes cómodo, a ver quién le saca de ahí, por mucho Gavia y Mortirolo que falten. La estrategia de Roglic será la misma. La del resto, la contraria: esperar a los últimos días para atacar.

El diseño del Giro, por tanto, está claro, pero si algo tiene la corsa rosa es que siempre resulta imprevisible. La última semana es tan brutal que nadie podrá sentirse seguro con la maglia rosa hasta que entre con ella en la Arena de Verona. Pero hasta entonces falta un mundo.