Ramón Cid lee a las personas

NAROA AGIRREPlusmarquista estatal de pértiga

Ramón Cid, más que motivar, que también, ha sabido calmar. Siempre ha tenido la mano ancha y la capacidad de tratar de entenderte. No es una persona rígida, lee a las personas. Es fácil llevarte bien con él, y eso es muy importante en el puesto que ha tenido durante estos últimos años.

Mi mejor época como atleta coincidió con su etapa como responsable de saltos de la federación. Todos los saltadores estábamos encantados. Aunque no considero que yo fuera una atleta de élite cuando me entrenaba con él a finales de los años 90 (la pértiga la empecé a practicar con Jon Karla Lizeaga, no con Ramón), sí que fue un gran técnico. Empecé con José Martín Pérez, pasé a su grupito y hacía, sobre todo, longitud. Llegué a ser internacional de júnior y pasé de los seis metros.

¿Anécdotas? Me quedo con una. Hubo una época en la que en cada entrenamiento con él me cansaba muchísimo. Hacía un ejercicio sin demasiada exigencia física y acababa rendida. Al ver aquella situación, me invitó a que me hiciera una analítica. «O tienes algo o te vas a enterar de lo que es entrenar», me dijo. Por supuesto, quería que en la analítica saliera algo. Si no... Y, efectivamente, vieron que tenía anemia. Esa era la explicación. Por eso acababa tan cansada.

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