Atletismo

Ramón Cid: «Ahora seré yo el que haga deporte»

Ramón Cid, en el barrio donostiarra de Amara, donde vive./ LOBO ALTUNA
Ramón Cid, en el barrio donostiarra de Amara, donde vive. / LOBO ALTUNA

El donostiarra dejó el viernes su cargo como director técnico de la Real Federación Española de Atletismo

Karel López
KAREL LÓPEZ

Ramón Cid (San Sebastián, 1954) ya no tendrá que viajar a Madrid constantemente para, como suele decir, «comerse marrones». Ahora tendrá tiempo. Bueno, tardará unas semanas, quizás meses, en acostumbrarse a su nueva vida, sin tantas obligaciones y quebraderos de cabeza, 'marroncillos' de esos que no dejaban de llegar. Ya no pasará días enteros con el teléfono junto a su oreja. El donostiarra tenía la decisión tomada desde hace meses, aunque fue el viernes cuando la oficializó: deja de ser el director técnico de la Real Federación Española de Atletismo, el seleccionador.

- Han sido seis años al frente, casi un cuarto de siglo como responsable de saltos... ¿Por qué ahora?

- Tengo 64 años. Noto que me voy haciendo mayor. El puesto me lo ofreció José María Odriozola en 2012. Estuve cuatro años con él y con Raúl Chapado como presidente adquirí un compromiso mínimo de dos años. Lo he cumplido, y se ha ido creando un grupo de trabajo que hará que el cambio no sea traumático. Y ahora que estamos en mitad del ciclo olímpico, es decir, que quedan aún dos años, pienso que es buen momento. Me voy pero en mi deseo está que las cosas se hagan de maravilla. Los que vengan tienen que seguir pensando que la selección juvenil es igual de importante que una olímpica. De manera informal me van a tener como un buen ayudante, dispuesto a atender.

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- ¿El plano personal ha tenido algo que ver?

- Mucho. Creo que es un momento en el que puedo empezar a hacer las cosas mal, y eso es lo que no quiero. Han sido años muy intensos como director técnico. La fatiga es enorme y me he llegado a quemar. Empezaba a relativizar este trabajo. He estado demasiado a todo y eso cansa. No es solo seleccionar, es crear proyectos, criterios... y luego transmitirlos.

- Vivía en San Sebastián, aunque viajaba prácticamente todas las semanas a Madrid. ¿Ha sido duro?

- Creí que era lo mejor porque no quería vivir en una burbuja. Quería seguir viendo la realidad del atletismo, yendo en la medida de lo posible a la pista a entrenar a mi grupo de Anoeta. Y mi familia estaba aquí. Aunque reconozco que he pasado un peaje físico por eso.

- El comienzo fue complicado...

- Fue duro porque la crisis fue brutal, aunque creo que la pasamos con dignidad. Hemos ido de menos a más, también en cuanto a presupuesto. Con holgura económica hemos sido capaces de tomar la iniciativa.

- ¿Y el final?

- Bonito, porque los resultados han sido buenos en líneas generales. En el último Europeo llegamos a la última jornada por delante de Francia en puntuación por finalistas. Nos pasó en el último momento. Ganamos a Italia. Son federaciones con un presupuesto mucho mayor, y eso es muy importante.

- Se le ha visto cansado, sin dormir mucho en ocasiones. ¿Ha llegado a llorar durante estos seis años?

- He estado a punto de tirar la toalla muchas veces. Ahora lo puedo reconocer. Las noches en vela no son buenas. Es un puesto que desgasta mucho y que da muchísimo trabajo, pero no quiero dar pena a nadie. La lágrima como tal no creo que se me haya caído nunca, pero sí que no he sido capaz de abstraerme. Va con mi forma de ser. ¿Vacaciones? Entre diez y doce días estos años. Y, claro, ninguno sin móvil. ¿Momentos de tristeza? Muchos.

- ¿Y ahora?

- Igual me compro una 'patata' de móvil (ríe). Lo único que sé es que, oficialmente, desde el 1 de noviembre no seré director técnico. Me gustaría tener tiempo para aburrirme. Me quiero poner físicamente bien, adelgazar, estar en forma... Ahora seré yo el que haga deporte. Leeré porque me gusta, escribiré. Quiero estar tranquilo y hacer mil cosas que no he hecho por falta de tiempo, como ponerme al día con la tecnología.

- ¿Seguirá cogiendo la bici para ir a Anoeta a entrenar a tu grupo de entrenamiento?

- No tengo ninguna duda. Mi hábitat natural es la pista, ser entrenador en ella. Dejo el cargo en la federación con la conciencia muy tranquila porque, aunque errores ha habido, ninguno lo he hecho intencionadamente. Por lo único por lo que no la tengo es por haber dejado desatendido a mi grupo de entrenamiento.

- Sin embargo, le siguen queriendo, como la mayoría de atletas con los que ha tenido que tratar.

- Es un orgullo. Habré hecho algún enemigo supongo, aunque siempre he tratado de dar explicaciones. Eso no es perder el tiempo. Los atletas tienen derecho a protestar. A veces tienen un 40% de razón y eso es mucho, pero hay que explicarles la parte en la que no la tienen. Los deportistas tienen que dar buen ejemplo, por eso somos importantes. Y en los últimos años, teniendo en cuenta el contexto económico, se ha tenido que renunciar a muchas cosas. Somos importantes pero vamos por detrás de la educación, sanidad, seguridad... Cuando el país sufría, había que explicar por qué bajaban las becas. El deporte es importante y tiene retorno, pero hay que distinguir lo importante de lo fundamental, y esto último era, por ejemplo, operar a un niño que lo necesitaba. Gastar bien, a fin de cuentas.

- ¿Un momento deportivo bueno con el que se quede? ¿Y malo?

- El oro de Ruth Beitia en Río fue magnífico. Y en el otro lado de la balanza pondría la descalificación de Óscar Husillos en el último Campeonato del Mundo en pista cubierta. Sobre todo porque fue cruel. Ya estaba celebrando la victoria y... Una pena.

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