Atletismo

Gebre: «Quiero formar mi familia en Donostia»

Gebre: «Quiero formar mi familia en Donostia»

En una entrevista concedida a este periódico en 2016, la atleta confesaba sus planes de futuro

M.J. Silvano
M.J. SILVANO

«Me encanta la ciudad y su gente. No me planteo vivir en otro lugar». Trihas Gebre Aunoon se siente arropada y muy querida desde que tomara la difícil decisión de salir de Etiopía para fijar su residencia en la capital guipuzcoana. «En octubre se cumplirán seis años desde que estoy viviendo aquí. Al principio todo fue muy, muy difícil. No conocía las costumbres, el clima, la comida, el idioma... Era muy duro querer expresarme y no poder hacerlo. No me enteraba de nada. Para mi pareja y su familia también resultó complicado. Desde que llegué me trataron como a una hija y yo a ellos como si fuesen mis padres».

La historia de amor de esta pareja se fraguó en 2010, cuando Aitzol Urruzola conoció a Trihas. «Él estaba colaborando con su tío para la Fundación Etiopía-Utopía. Nos propusieron a unos atletas venir a San Sebastián y Aitzol era nuestro guía. Nos proporcionaba toda la información y nos acompañaba a todos lados».

La Fundación del religioso Ángel Olarán, en colaboración con el C.D.Fortuna, había aunado esfuerzos para traer a un quinteto de atletas etíopes que se convirtieron en noticia en la edición de 2010 de la Behobia al tomar la salida con 44 minutos de retraso. A pesar de este despiste, Tigist Kiros y Trihas Gebre batieron el récord de la prueba con 1h08. Ese mismo año, Trihas corrió su primer maratón. Ganó la prueba con 2h38:47. «No había entrenado para esa distancia. Sufrí bastante. En el futuro, con un entrenamiento específico lo haré mejor».

La gacela donostiarra, apodada Maitetxu por dos grandes del atletismo guipuzcoano como Naroa Agirre y Ramón Cid, vivió en Wukro hasta los doce años. Su entrenador convenció a su familia para llevársela a entrenar a la capital etíope, Addis Abeba. «De niños nos llevaban a correr y recuerdo que me decían que era buena. No empecé a competir hasta que tuve 17, en el Campeonato de África Junior. En casa soy la única que hace atletismo. Mi madre se casó con 14 años y pronto tuvo a mi hermana mayor. En mi país todo es muy diferente. Mi abuela, que tiene 67, me dice que si no puedo tener hijos y yo le digo que aquí, con 26 años, es muy pronto. Me gustaría ser madre antes de los 30 y tener dos hijos».

En 2015 estuvo en Wukro visitando a sus padres y hermanos. «Me gustó mucho ir porque mi madre está muy enferma y ya no puede trabajar. En la medida que puedo, les ayudo económicamente. Aproveché también para entrenar, pero tuve un fuerte catarro y no pude hacer nada de lo que había planificado».

Su relación con su entrenador, Ricardo Jiménez, llegó de forma casual. «Aitzol y yo solíamos ir a tomar café al Hogar del Jubilado de Aiete y en alguna ocasión veíamos pasar a un grupo de atletas que iban muy rápido. Entonces, un día le comenté a Aitzol que quería que me entrenara ese señor. Recuerdo que me dijo »tienes planta para ser una gran atleta«. Me dejó muy claro que si entrenaba con él no quería que hiciera muchas carreras. Había que ser más selectivos y pensar en la alta competición. Desde el primer momento me ayudó en todo. A nivel médico me proporcionó todos los medios para que me operaran de un bulto que tuve en la espalda, con las alergias, etc. Ha sido más que mi entrenador. Es una gran persona y le debo mucho. Confío en su forma de entrenar y me siento cómoda. Los miembros del grupo que entrenamos en Anoeta siempre están dispuestos a ayudarme. Les estoy muy agradecida, en especial a Alberto Revuelta, que en más de una ocasión se ha desplazado para hacerme de liebre en las series».

 

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