Nulo largo

El mundo del atletismo vive obsesionado con lo que pudo ser pero nunca llegó a ocurrir; eso sí, y lo que ilusiona...

Karel López
KAREL LÓPEZ

A vosotros que os gusta el atletismo (por eso estáis ahora mismo leyendo estas líneas) seguro que os suena la expresión nulo largo. No solo os suena, sino que estáis ya 'cansados' de escucharla. Ya sabéis: el clásico concurso de salto de longitud o triple salto en el que un atleta se marcha a casa con una marca más en su historial (de esas que ni fu ni fa) y con una bonita colección de nulos en su bolsillo no sería lo mismo sin esa expresión: «Pero he hecho un par de nulos largos que probablemente me hubieran servido para mejorar mi marca personal».

No hay saltador que se resista. Ocurre con todos. De hecho, hablas con muchos de los que ya están retirados y regresan al pasado contándote mil y una batallas en las que, de pronto (y sin previo aviso), aparece la dichosa expresión. «Me quedé en 7,80 metros (por decir algo) pero un día hice un nulo larguísimo y yo creo que llegué a 8 metros. Me lo tenían que haber medido. Ya se lo dije al juez, pero no me hizo ni caso», escuchas tú. No te va ni te viene porque lo que te interesa es la marca real que ha hecho el saltador en cuestión, pero no te queda otra que asentir mientras piensas una y otra vez: «¡Qué flipado el tío». Vamos, lo mismo que te viene a la cabeza cuando te lo cuenta uno que sigue dando botes en una y otra pista.

Pero ¿qué sería del atletismo sin nulos largos? Estos fallos (porque a fin de cuentas no son más que errores de ajuste en la ejecución del brinco, en ocasiones buscando la perfección o el 'salto del siglo'... Que me perdone Bob Beamon) ilusionan y consuelan en este deporte en el que el atleta vive obsesionado con los registros. Sí, ilusionan y consuelan.

Ilusionan porque ayudan al saltador a creer que es capaz, que verdaderamente ha conseguido esa marca aunque nadie se lo haya homologado porque ha pisado la plastilina. Consuelan porque el saltador ve que no es todo negativo, que hay conclusiones positivas que sacar también de esa competición en la que la marca de poco vale ya que todo han sido... nulos largos o larguísimos incluso.

Pero no penséis que todo esto que os cuento del nulo largo ocurre únicamente en los saltos horizontales. Pasa en absolutamente todas las disciplinas atléticas; me atrevo a decir, de hecho, que sucede en todos y cada uno de los deportes (y porque no me quiero meter en otros asuntos vitales, que si no...).

Está el velocista que dice que si hubiera reaccionado antes al pistoletazo o incluso que si se hubiera 'tirado' un poco más en meta habría batido un récord; también está el mediofondista o fondista que se acuerda de lo mal que se colocó en los primeras instantes de la prueba y que si no fuera por eso habría ganado la carrera. Ya sabéis: otros clásicos nulos largos del atletismo. Si Usain Bolt hubiera corrido a tope de principio a fin aquella final de Pekin 2008, ¿en qué centésimas habría parado el crono? Nadie lo sabe. Lo único cierto y demostrable, lo único que queda escrito... es lo que ocurre sin tener en cuenta esos pequeños (o no tanto) errores (o espectáculos, en el caso del jamaicano) que siempre acaban costando al deportista el triunfo o la marca de su vida.

Qué sería del atletismo sin nulos largos, qué sería de este deporte sin excusas que ilusionan... En definitiva, qué sería de todos nosotros si no viviéramos imaginando lo que pudo ser pero nunca llegó a ocurrir.

PS: ¡Vaya 'nulo largo' de artículo de opinión que me he cascado! Si hubiera sido Gabriel García Márquez o Arturo Pérez Reverte...