Atletismo

Naroa Agirre: «Cuando mi hijo nazca, volveré a competir»

Jon Karla Lizeaga y Naroa Agirre posan felices a la espera de Jon, su primer hijo./SARA SANTOS
Jon Karla Lizeaga y Naroa Agirre posan felices a la espera de Jon, su primer hijo. / SARA SANTOS

La pertiguista olímpica donostiarra, ya «retirada del atletismo de elite», espera su primer hijo en febrero junto a Jon Karla Lizeaga

KAREL LÓPEZSAN SEBASTIÁN.

Desde que en 2000 ganó el primero de sus 23 Campeonatos de España, la donostiarra Naroa Agirre (15/05/1979), acompañada por su marido y entrenador Jon Karla Lizeaga, se ha enfrentado a multitud de cambios en la carrera de aproximación: dos pasos atrás, dos pasos adelante... Transformaciones importantes, aunque ninguna como la que afrontan ahora ya que a la atleta olímpica en Atenas 2004 y Pekín 2008 le queda poco para ser madre. A mediados de febrero, esta familia que ha estado muy ligada a la pértiga recibirá el mayor regalo que la vida podía darles: nacerá Jon Agirre Lizeaga, su primer hijo. Naroa desvela sus planes de futuro. El miércoles de la semana pasada dejó su trabajo como profesora en el colegio María Reina de la capital guipuzcoana para empezar a preparar uno de sus mayores saltos de su carrera.

- ¿Qué tal está?

- Muy bien. Sí, la verdad es que estoy muy bien. Soy feliz.

- Hace unos días, su club de toda la vida, el Atlético San Sebastián, le homenajeó y se emocionó. ¿Qué sintió?

-Fue muy bonito. Quiero muchísimo a este club. Sabía que me querían dar las gracias por tantos años en el equipo, pero cuando llegué y vi allí a mi cuadrilla, familia, compañeros...

- Corre ahora más que nunca...

- Es alucinante, pero así es. Aunque las últimas semanas estoy aguantando menos minutos. De todas formas, en mi vida había estado más de media hora seguida rodando (sonríe). Cuando calentaba para saltar pértiga, lo normal era rodar entre cinco y ocho minutos; diez a veces. Jon Karla nunca me ha pedido hacer largas series en pretemporada. Su método siempre ha sido el de ganar fondo saltando muchas veces seguidas. Quería seguir en forma durante el embarazo y la matrona me dijo que continuara haciendo deporte, siempre escuchando al cuerpo. El tope ha estado en media hora.

«No creo que vuelva a saltar pértiga. Casi no he tenido tiempo ni de pensar si he acertado dejándolo»

«Soy muy competitiva. No descarto volver a un Campeonato de España, por ejemplo, en longitud»

- ¿Va rápido?

- Los caracoles podrían pasarme.

- Después de prácticamente dos décadas saltando pértiga, ¿ha sido duro dejarlo de lado?

- Podría haber sido peor. En diciembre del año pasado, tras no lograr el objetivo fijado de estar en los Juegos de Río, la primera competición de pista cubierta no fue bien. Salté 3,90 y las sensaciones fueron malísimas. Veía que algo no funcionaba. Paré y empezamos a pensar en la temporada estival. Nada cambió. Lo que Jon Karla ya veía empecé a sentirlo yo. Y tomé la decisión de dejar la pértiga.

- Continuó compitiendo...

- Ayudé al Atlético en la Liga -el 29 de abril compitió en pértiga por última vez- y seguí saltando longitud -5,74 metros fue su mejor marca de la temporada-. Ya no eran seis exigentes días en Anoeta entrenando, solo tres o cuatro. Con la longitud encontré una nueva motivación. Pero salió el tema de la maternidad. Tanto yo como Jon Karla queríamos y fuimos a por ello.

- ¿Le hubiera gustado otro tipo de despedida de la pértiga?

- Fue una decisión dura. También necesaria y un poco forzada. Pasé de disfrutar a sufrir. Ya no me apetecía saltar. Acabé cansada. No fue la despedida soñada, está claro. Aunque realmente no ha existido esa transición de tener que dejar lo que he hecho durante tantos años de golpe porque pronto me quedé embarazada y esto me obligaba a retirarme. No había posible vuelta atrás. Casi no he tenido tiempo ni para pensar si he acertado dejándolo. Ahora soy feliz esperando a Jon.

- En ocasiones, a los campeonatos llegaba con carreras de menos apoyos. ¿Por qué?

- En mi mejor época llegué a saltar con 16. Se ve hoy en día que lo mejor es hacerlo con 16 o 18. Mi carrera más habitual era de 14. Cuantos más apoyos, más velocidad, aunque más difícil controlarlo. De todas formas, se puede lograr. Los últimos años me bloqueaba. No era miedo a hacerme daño, simplemente que la cabeza no funcionaba. Es como las personas que tienen miedo a volar, se montan en un avión que todavía ni se mueve y empiezan a sudar. Yo me entrenaba para saltar más y si luego no era capaz de enfrentarme a una carrera que me permitiera hacerlo, no tenía sentido lo que hacía.

- Antes ha empleado la palabra retirada. ¿A qué se refiere?

- Al atletismo de elite, a la alta competición, a buscar mínimas internacionales...

- Aunque sea a otro nivel, por tanto, seguirá compitiendo. Pero ¿volveremos a ver a Naroa Agirre saltar pértiga alguna vez?

- Es algo que no tengo nada claro. No creo, pero no voy a decir que no porque ahora mismo ni me lo planteo. Cuando sea madre tendré otros objetivos atléticos. Por ejemplo, me gustaría volver a saltar seis metros en longitud, aunque ya veremos cuando nazca Jon... Soy muy competitiva y necesito objetivos claros.

- Supongamos que lo logra. Con seis metros podría acudir al Campeonato de España absoluto de longitud. ¿Iría?

- Depende. Si soy regular, es posible que sí. Antes iba a los Campeonatos de España a ganarlos, ahora tendría que buscar otros retos. Si veo que puedo alcanzarlos, no descarto acudir.

- Sus primeros éxitos en el atletismo llegaron en longitud y fue campeona de España juvenil, júnior y promesa, pero ¿se plantea hacer otro tipo de disciplinas?

- Quién sabe. El 100 lo veo difícil. Como ya he dicho, soy muy competitiva, y sé que salgo muy mal de tacos... Quizás pruebe algún 200. Y si veo que estoy rápida y el Atlético necesita una integrante del 4x100, ahí estaré. Si me divierto haciendo vallas, buscaré mejorar.

- ¿Algún 400?

- Eso sí que no. ¡Descartado!

- Miremos al pasado. ¿Cuál es el mejor recuerdo?

- Son muchos. La primera mínima internacional y el primer récord de España, en 2002, fueron especiales. También el diploma de Atenas. Aunque lo mejor ha sido poder compartir mis logros deportivos con Jon Karla, lo mejor que me ha dado el atletismo. Ahora él bromea y cuando nos damos un abrazo me dice, por la tripa, que Jon nos está separando...

- Los aitas estarán ilusionadísimos...

- Muchísimo. Siempre nos decían a mi hermana y a mí que a ver cuándo les hacíamos abuelos. Están jubilados, bien de salud y con ganas de niños. Yo siempre ponía la excusa del deporte, y mi hermana fue madre hace nueve meses. Les dimos la noticia de una forma un tanto peculiar...

- Cuente, cuente...

- Estábamos comiendo todos juntos y la pequeña Miren, la hija de mi hermana, era la protagonista. Jon Karla se levantó y en tono un tanto serio dijo que ya estaba cansado de que Miren fuera el centro de atención. Le miraron raro pensando que estaba reclamando atención. Y soltó que yo estaba embarazada y que habría otro bebé pronto en la familia.

 

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