Muros diferentes y lágrimas, muchas lágrimas

Karel López
KAREL LÓPEZ

Estoy sentado en un bar de mala muerte a menos de un kilómetro de Alexanderplatz. Veo la televisión mientras me tomo una cerveza. Dan imágenes del Campeonato de Europa de atletismo de Praga. Es 1978. El muro está lejos aunque hay mucha gente que llora porque quiere salir de allí. Veo pasar casi sin pausa a los Trabant, ese coche característico de la RDA. Uno gris, uno azul... La gente camina, aunque se topa con esas odiosas avenidas en las que, por mucho que hayas sido atleta, resulta imposible cruzar sin que los 'Ampelmännchen' te detengan.

Estoy en Berlín por trabajo y me estoy perdiendo gran parte del Europeo, aunque cuando puedo me acerco a un bar para seguirlo. Me emociono cuando veo que Jordi Llopart sube al primer cajón del podio. Ha ganado los 50 kilómetros marcha y es la primera medalla de España en un Campeonato de Europa. Entiendo poco alemán, pero lo suficiente como para saber que hablan de futuras estrellas de su país. Heike Drechsler es uno de los nombres que salen en sus conversaciones. Hablan maravillas de ella, pero todavía no ha ganado nada. A mí ni me suena... De pronto, me despierto. En 1978 aún no había nacido, me quedaban quince años y pico para hacerlo. Ahora sí me encuentro en Berlín, no estoy soñando. Sigo en directo el Europeo de atletismo. Drechsler ha sido cinco veces medallista olímpica y ahora está en el Estadio Olímpico de la capital alemana rastrillando el foso mientras los atletas compiten. Es voluntaria. El muro, claro, ya ha caído. Hay una sola Alemania, un solo Berlín.

Del campeonato me quedo con que, aunque el semáforo, el 'Ampeännchen', estuviera en rojo al principio para la selección española, pasó a ponerse en verde rápidamente. Las medallas empezaron a caer poco a poco. Pero hay algo que no cambia respecto a 1978. La marcha, siempre la marcha. De las diez medallas conseguidas en Berlín, cuatro de ellas son en marcha, incluidas dos de oro. El muro de la decena de metales ha caído para España por tercera vez en su historia. Pero el que no consigue derribar el muro es Bruno Hortelano. De hecho, se encontró con él tanto en la final de los 200 metros (cuarto con 20.05) como en el relevo 4x400. Corre la última posta y cuando parece que va a cruzar la línea de meta en primer lugar... el láctico hace de las suyas. Y el que también se encontró con un muro fue el guipuzcoano Iraitz Arrospide en el maratón. Le costó el tramo final. Pero el sufrimiento se convirtió pronto en lágrimas de emoción por la plata por equipos. Muros diferentes y lágrimas diferentes.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos