Atletismo

«Nadie, ni una prueba, puede decir si eres o no mujer»

María José Martínez Patiño, ayer en San Sebastián./MÓNICA RIVERO
María José Martínez Patiño, ayer en San Sebastián. / MÓNICA RIVERO

Asegura que cuando salió la noticia de su mutación genética y le invitaron a renunciar a la competición «sufrí más por mi familia que por mí»

Macarena Tejada
MACARENA TEJADASAN SEBASTIÁN.

En 1985 la vida de la exatleta María José Martínez Patiño quedó marcada por completo. Con unas pruebas de verificación sexual a las que le sometieron en la Universidad de Kobe, Japón, descubrió que tenía cromosomas XY y le invitaron a dejar de competir. Pero «no había engañado a nadie ni tenía intención de hacerlo». Y luchó hasta que pudo volver a participar en las carreras de vallas. Asesora científica del panel de expertos de la comisión médica del Comité Olímpico Internacional (COI), ayer inauguró el XIV congreso de la Asociación Española de Derecho Deportivo sobre género y deporte en San Sebastián.

- ¿Cómo fue para usted ser mujer y deportista?

- Tengo la sensación de haber formado parte de un grupo de mujeres que, con grandes dificultades, han abierto mucho camino. Además, tuve que lidiar con una mutación genética que no se comprendía, el síndrome de insensibilidad a los andrógenos.

«En el caso de Semenya espero que el TAS dé una sonora reprimenda a la IAAF»

- Pasó de estar a punto de clasificarse para los Juegos de Los Ángeles del 84 a tener que dejar de competir por tener cromosomas XY. ¿Cómo recuerda aquel momento en el que le invitan a renunciar?

- En el 83 corrí en Helsinki y me quedé a dos centésimas de ir a Los Ángeles. Después, en Kobe, se me detectó una mutación en un receptor de andrógenos, pero no tenía ninguna ventaja deportiva. Al contrario. Y tuve que demostrarlo. Ahora puedes participar sin ningún tipo de restricción. En ese momento estaba en shock y acepté retirarme. Después me di cuenta de que no podía quedarme de brazos cruzados. No había engañado a nadie ni tenía intención de hacerlo. Estaba en conocimiento de la verdad y me avalaba la ciencia. Me convertí en líder del cambio, pero no fue fácil.

- ¿Se sintió sola?

- En los caminos de lucha uno está solo. Hay gente que te anima, aunque no mucha. Una de las personas que en su momento me ayudó pese a no comprender lo que me sucedía fue la doctora y saltadora de altura Covadonga Mateos. Se dedicó a ayudarme tanto espiritualmente como económicamente, porque de la noche a la mañana me quitaron todo para que no tuviera nada con lo que poder luchar.

- Le dijeron que por tener esta mutación genética no era mujer.

- Así es, pero nadie, ni unas pruebas, puede decirte si eres mujer o no. Sentirte o no mujer forma parte del espíritu personal e íntimo de cada uno. Nadie puede cambiar nuestra forma de sentir sin previo aviso, porque no nos podemos engañar a nosotros mismos. En ese momento sufrí más por mi familia que por mí.

- Unas pruebas de verificación sexual no le iban a arrebatar la oportunidad de vivir su pasión, el atletismo.

- No. Después de más de dos años de lucha se me pidieron disculpas públicas y volví a competir a muy alto nivel, pero ya no era lo mismo. Había perdido la ilusión de preparar con la intensidad que requiere ir a unos Juegos Olímpicos. Me fui a San Petersburgo a entrenarme. Ahí viví los momentos más felices de mi vida deportiva, pero me di cuenta de que mi tren había pasado.

- Su caso contribuyó para que en el año 2000 se cambiara la normativa. ¿Qué pensó entonces?

- Me sentí muy orgullosa. El mundo da muchas vueltas. Estuve cuestionada en los 80 y ahora estoy en una situación de privilegio al contribuir a que la normativa sea más justa con el COI.

- ¿Cómo recibió la llamada del COI?

- Sentí que se cerraba un círculo.

- ¿Tuvo que perdonar a la IAAF?

- Sí. No se puede avanzar en la vida si no has sanado antes el dolor del pasado. No solo he perdonado a la IAAF, sino que también a la Federación Española de Atletismo y a todos aquellos que de manera deliberada pretendieron hacerme daño.

- ¿Y diría que la IAAF debería actualizar su reglamento?

- Más que actualizar la normativa, creo que deberían cambiar el chip: no todo el mundo quiere engañar. Parece que a lo largo de la historia las mujeres siempre hemos querido engañar, y no. Yo no formo parte de esta revolucionaria normativa transgénero que se ha sacado de la manga la IAAF, parcial y 'ad hoc', para un grupo de deportistas muy concreto. Estoy a la espera de ver qué ocurre con Caster Semenya, quien acaba de impugnar esta normativa ante el TAS.

- ¿Qué cree que pasará?

- Espero que el TAS le dé una sonora reprimenda a la IAAF. Si la testosterona influye, influye en todas las especialidades. Esta normativa demuestra que saben muy poco de deporte.

- ¿Por dónde empieza el camino a recorrer para lograr la igualdad entre sexos?

- Se alcanzará la igualdad cuando seamos capaces de creernos lo que legislamos. Los cambios se tienen que producir también en la sociedad.

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