Lágrimas de felicidad

Karel López
KAREL LÓPEZ

Se dice pronto, pero han pasado ya veinte meses desde la última vez que se vio a Nora Orduña competir en una carrera de vallas. Recapitulemos: el verano del año 2017 prometía mucho para la donostiarra, pero a las primeras de cambio, en la primera jornada de la liga de clubes de División de Honor que se estaba disputando en el Miniestadio de Anoeta, sufrió una importante caída en los 100 metros vallas.

Una vez pasados varios días, al ver que no se recuperaba y que el dolor no desaparecía, decidió pasar por el quirófano. Fue a finales de mayo. Tenía una rotura completa en el ligamento lateral interno de su tobillo derecho. Desde entonces y hasta el pasado sábado, Orduña no ha podido competir. Al principio era por dolor. Después, porque no estaba preparada. Pero la paciencia, en este caso, ha sido clave. La atleta del Atlético San Sebastián, que ha llegado a ser medallista en categoría absoluta, volvió a competir en el control de marcas del velódromo.

Corrió un 60 en el que llegó a meta con un crono de 8.07. Nada del otro mundo. Aunque lo importante fue ver cómo regresaba 20 meses después. Ella, emocionada (normal, todo hay que decirlo), se echó a llorar. Esos 60 metros, esos ocho segundos... significaban mucho más. «Corrí sin dolores y eso es lo importante. Ahora me falta coger el ritmo de competición. Estaba muy nerviosa. Me temblaban los pies en los tacos de salida. Se dice fácil, pero han sido dos años sin competir», contaba minutos antes de confirmar que este sábado, mientras sus compañeras de club competirán en Anoeta con motivo de la Copa de la Reina, ella estará en Madrid, en un control de marcas sin mucha trascendencia (aunque muy importante para Nora), volviendo a participar en una carrera de vallas.

Son 60 metros los que tendrá por delante. Los primeros 60 metros con vallas en mucho tiempo. Y los que le quedan... Ahora ya sabe perfectamente lo que significa superar obstáculos.