ATLETISMO

Bob Beamon: «Hasta que no pasé los 8,90 a la medida de pies, no supe lo que había logrado»

Bob Beamon, ayer en el Paseo de La Concha en San Sebastián./USOZ
Bob Beamon, ayer en el Paseo de La Concha en San Sebastián. / USOZ

Medio siglo después de su épico salto en México 1968, «aún me emociono al pensar que pasaré a la historia por ello. Es un sentimiento maravilloso»

Macarena Tejada
MACARENA TEJADASAN SEBASTIÁN.

Bob Beamon no necesita presentación. Es el hombre del salto perfecto, aquel que batió el récord mundial de salto de longitud en México 1968 al alcanzar los 8,90 metros. Todo un hito. Nació en el barrio de South Jamaica (Nueva York) en 1946 y desde bien joven se dedicó a la longitud, hasta que su oro en aquellos Juegos Olímpicos y, sobre todo, su plusmarca -batida en 1991 por Mike Powel (8,95) pero aún vigente como olímpica-, le convirtieron en uno de los atletas más famosos del planeta. Cincuenta años después de su hazaña, Beamon visita San Sebastián en el marco del Festival Internacional de Cine de Atletismo (FICA) y hoy recibirá el premio Leyenda que otorga el certamen.

- ¿Qué le parece que se le siga recordando 50 años después de su épico récord en salto de longitud?

- Sin duda, la aventura que comenzó en México ha sido un viaje muy emocionante para mí. Estos cincuenta años han sido apasionantes. Que la gente todavía recuerde mi paso por los Juegos Olímpicos de México 1968 es magnífico, pero también es importante el camino posterior. Mi carrera deportiva tras ganar una medalla de oro y competir a ese nivel y mi vida personal iban de la mano. Y así ha sido durante estos últimos cincuenta años.

- ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando escucha la marca 8,90?

- Creo que es un sentimiento maravilloso pasar a la historia por aquel salto de 8,90 metros. Aún me emociono al pensar que pasaré a la historia por ello. Además, este registro es todavía récord olímpico. En la historia de los Juegos, a día de hoy, nadie lo ha superado.

- ¿Y qué recuerdos le trae el número 254?

- Ese es el número de mi hermano, con el que él saltó veinte metros (bromea).

- ¿Entonces, recuerda el dorsal que llevaba en el salto del récord?

- Claro. ¿Cómo lo iba a olvidar? Es un número magnífico, quizá deba usarlo para jugar a la lotería.

- ¿Qué supuso para usted México 1968?

- Los Juegos Olímpicos de 1968 dejaron un gran legado para el recuerdo. Fue un momento de la historia en el que América estaba experimentando muchos cambios. Los derechos civiles, los derechos humanos, la liberación de las mujeres, el tema de la droga... Toda esta lucha estaba candente. Fue una etapa de ebullición social y todas estas cosas estaban pasando de manera simultánea en los 60. Además, la mayoría de ellas llegaron a su momento culmen en 1968. Fue antes y después de los Juegos Olímpicos. El cambio tras México, por tanto, no lo viví solo yo, lo vivió la sociedad al completo.

- El dispositivo instalado para medir el salto no estaba preparado para tanta distancia, así que los jueces tuvieron que medirlo manualmente. ¿Qué pensó cuando vio esa imagen?

- En realidad, no tenía ni idea sobre la distancia que había hecho. A simple vista no podía saber si eso era mucho o poco, así que el resultado me sorprendió. En ese momento, tampoco sabía que los jueces estaban midiendo el salto manualmente. Cuando supe que había alcanzado los 8,90 metros, los interpreté por pies (medida que se emplea en EE UU). Realmente fue precioso, un salto gigante en todos los aspectos de la palabra. Un salto gigante en el deporte, pero también en la vida. Para mí, mi etapa tras los Juegos ha sido muy importante, muy especial.

«Mi salto no fue perfecto, estoy convencido de que lo podía haber hecho mejor, pero fue bueno»

- ¿Se había imaginado antes batiendo este récord?

- No. Nunca había pensado sobre qué distancia debía o quería alcanzar, sino que siempre me puse como objetivo ganar una medalla de oro. Los Juegos Olímpicos son una competición muy extraña. No compites para batir un récord, compites para ganar una medalla. Muchos atletas van con la intención de superar la marca anterior y vuelven sin marca y sin medalla. A los Juegos hay que ir con el 'flow', siendo capaz de ajustarse a cada situación. No puedes ser intimidado por nadie ni tampoco ser demasiado ansioso. El truco está en, simplemente, dejarte llevar.

- ¿Cómo celebró semejante hazaña?

- No pude celebrar aquel día. Nada más terminar los Juegos tuve que volar de vuelta a casa para ir a la Universidad y terminar el curso. Me perdí lo mejor porque tenía que retomar los estudios.

- ¿Qué le dijeron sus compañeros cuando volvió a la Universidad?

- Todos estaban muy emocionados. Fue estupendo volver a estar con mis compañeros de clase y con mis amigos.

- ¿Fue el suyo un salto perfecto?

- En absoluto, no fue para nada el salto perfecto, pero fue un buen salto.

- ¿Por qué dice eso?

- Porque estoy convencido de que lo podía haber hecho mejor.

- Pasaron 23 años hasta que Mikel Powell superó su récord. ¿Esperaba que fuera él o Carl Lewis quien lo lograra?

- Los dos eran atletas increíbles y los récords están hechos para batirse. Ambos eran muy buenos saltadores. Es una pena que desde entonces no nos hayamos visto mucho. En cualquier caso, estoy convencido de que pronto veremos grandes saltadores hacer también buenas marcas.

- Defina en una palabra a Powell y Lewis.

- Me basta con la misma palabra para ambos: rapidez.

- ¿Cuánto cree que se tardará en pasar de los 9 metros?

- Debería superarlos yo al retirarme (ríe). Nunca sabes cuándo van a pasar este tipo de cosas. A veces intentas saltar lo mejor que puedes y no logras hacer nada. Seguramente un día, de manera inesperada, alguien lo conseguirá.

- ¿Piensa entonces que alguien será capaz de ello?

- Creo que sí, pero nunca se sabe.

«Powell y Lewis eran muy buenos saltadores y podría describir a ambos con la palabra 'rapidez'»

- Además de por su salto, México 1968 tuvo también un gran eco por el saludo del poder negro de Tommie Smith y John Carlos, que alzaron los puños en reivindicación de los derechos de las personas negras.

- Tommie Smith y John Carlos son muy buenos amigos míos. Los tres nos enfrentamos a problemas muy parecidos en relación a los derechos humanos. Ellos fueron quienes sacaron a la luz lo que pasaba y a causa de esa acción en los Juegos vivieron momentos muy complicados. Lo pasaron muy mal como consecuencia de su reivindicación. La vida para las personas negras por aquel entonces era muy difícil, pero fue realmente horrorosa para ellos. La mujer de John Carlos, por ejemplo, se suicidó. Es horrible, pero tenemos que quedarnos con que ellos están aquí ahora, todavía siguen bien y gracias a ellos entendemos mejor los derechos humanos.

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