Houellebecq y Depardieu, humor existencialista contra la tibieza

En la cinta dirigida por Nicloux Houellebecq y Depardieu se interpretan a sí mismos durante una fatigosa puesta a punto en un balneario en la costa francesa

MAGDALENA TSANIS

Entre la comedia existencial y la gamberrada, Michel Houellebecq ha presentado hoy en la sección oficial del Festival de San Sebastián 'Thalasso', una película en la que él y Gerard Depardieu se interpretan a sí mismos durante una fatigosa puesta a punto en un balneario en la costa francesa.

Lo ha hecho, eso sí, a su manera. Aunque ha posado para los fotógrafos, no ha comparecido ante los periodistas. Su productora, Sylvia Pialat, ha explicado que hace ya un tiempo que el escritor francés, autor de 'Las partículas elementales', decidió no dar ruedas de prensa. Nada personal. Básicamente Houellebecq hace lo que quiere y a esa rebeldía le saca el jugo Guillaume Nicloux, que ya le dirigió en ese primer experimento entre documental, ficción y humor absurdo que era 'El secuestro de Michel Houellebecq'(2014).

En aquella película Nicloux fraguó la idea del rapto inspirado precisamente en un plantón que el escritor dio a la prensa en plena promoción de su novela 'El mapa y el territorio'. No acudió a las entrevistas ni respondía a los mensajes. Todos le daban por desaparecido y se desataron todo tipo de especulaciones. Él nunca lo aclaró del todo, aunque sí desveló que pasó aquellos días en su casa de Almería.

'Thalasso' es de un extraño modo una secuela de 'El secuestro de Michel Houellebecq' y en ella vuelven a aparecer sus secuestradores, pero la trama es una mera excusa para confrontar a dos de los artistas mas controvertidos de Francia, verlos intercambiar confidencias sobre religión, política, sexo o muerte y, sobre todo, reirse de sí mismos.

Aunque les une ese mismo espíritu provocador, según el director, no pueden ser más opuestos. Mientras que uno (Houellebecq) es más reflexivo e introvertido, el otro (Depardieu) es espontáneo y excesivo, por no hablar de las evidentes diferencias físicas. «Son dos fuentes que se oponen y juntos crean, forman un tándem muy singular, lo interesante era eso, ver cómo dos personalidades tan opuestas llegan a un equilibrio», ha señalado.

El método de trabajo ha sido similar a la anterior película, hay una base escrita, un documento con un formato híbrido que mezcla secuencias, resúmenes y diálogos al que los actores van incorporando sus propuestas en el rodaje. «A veces ellos llegaban más lejos de lo previsto, pero a veces lo contrario. Al estar rodado en continuidad, eso me permitía que todos los accidentes nutrieran la peripecia del filme», ha dicho Nicloux.

En su opinión, el hecho de que los actores pudieran camuflarse detrás de la ficción hacía que se comportaran de modo más natural, con lo que sus personalidades quedan mejor retratadas que si fuera un documental. Depardieu exhibe su simpatía hacia Putin, Houellebecq su obsesión por la muerte y la reencarnación. Juntos beben vino y fuman a escondidas en un centro que les somete a una estricta dieta y a tratamientos no tan agradables como la crioterapia con nitrógeno o puros manguerazos de agua.

En un momento dado otra clienta del centro les dice que son la vergüenza de Francia. «Hablamos sobre esto», dice el director, «y tengo que decir que ambos respondieron, incluso con cierta coquetería, que se sienten orgullosos de ser la vergüenza de Francia».

Como anécdota, 'Thalasso' aclara lo que el 'El secuestro de Houellebecq' no hacía y es quién dio la orden de ese secuestro. Dice Houellebecq que fue François Hollande, por entonces presidente de la República de Francia, temeroso de que el escritor se presentara a las elecciones y le arrebatara el puesto.

Ahora con Macron, bromea en el filme, lo tiene más difícil. «Yo le he animado a que se presente», dice Nicloux, «tiene ideas interesantes pero ha decidido que no lo hará. Es una pena porque habíamos avanzado en composición del gobierno, sería un desastre divertido, una anarquía».

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