DERROTADOS DESPUÉS DE LA GUERRA

MIKEL G. GURPEGUI

La rusa es de esas películas que, como le pille con la guardia baja, puede dejar al espectador hundido. Por su ambiente sórdido, sus situaciones tremendas y sus personajes rotos. A su realizador, Kantemir Balagov, le conocimos con la también angustiosa 'Tesnota' ('Demasiado cerca') y en este su segundo largometraje revalida su habilidad para hacer cine intenso.

Nos lleva con dos enfermeras de un hospital de ex combatientes del Leningrado inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los soviéticos han ganado la guerra pero solo percibimos derrota, heridas, abatimiento, traumas. 'Beanpole' despliega un ambiente enfermizo y desmoralizado, con personajes que quieren morir, o que viven por inercia, o que intentan agarrarse atormentadamente a la maternidad. Un magma de relaciones complejas y reacciones imprevisibles. Todo es inestable y la sonrisa pude trocarse en mueca o un beso dar paso a un golpe.

Kantemir Balagov observa desde fuera a esa fauna rabiosa y le aporta un toque de personalidad desde el aspecto visual. Con la directora de fotografía Ksenia Sereda, adopta una insólita paleta que repite en ropas y paredes los tonos verdes y rojos, la esperanza y la sangre, colores aparentemente cálidos pero extraños y cercanos a la estridencia. Como la película, dura y enajenada, a la que acaso no le sienten bien sus 137 minutos, que dan tiempo a que pierda parte de su fuerza.