Basta de rodajes, queremos pelis

Qué son un par de cortes de tráfico en comparación con los nervios, las colas, los madrugones y el tiempo invertido

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO
  • 1

El Zinemaldia ofrece proyecciones magníficas, coloridas filas de público, un servicio de atención de traca, una guardería a la que deberíamos rebautizar como 'residencia de creadores' y unas instalaciones estupendas, pero nada puede rivalizar con la sala de redacción del Kursaal desde la que los periodistas envían sus crónicas. Un ambiente de monacal introspección te permite respirar sin recibir opiniones y lo que es aún mejor: sin la obligación de emitir las propias. Hablamos de un oratorio, un monumento a la ética protestante del trabajo, en el que reina un silencio que ya quisieran para sí la mayoría de los conciertos de música.

  • 2

Después de las 66.000 entradas vendidas el primer día pese al desvanecimiento del sistema informático, de las colas interminables desde primeras horas de la mañana y de las molestias derivadas de una sesión en una sala abarrotada hasta las escaleras, se supone que quedan desterradas para siempre las quejas por las ligeras molestias que pueda ocasionar el rodaje de una película en la ciudad. Qué son cuatro cortes de tráfico, al lado del hacinamiento en calles, bares, aceras y bidegorris: nada. O quizás sí: más que el motor de la Historia, las contradicciones son más su tubo de escape.

  • 3

Así como 'La hija de un ladrón' deslizaba la idea de que resulta complicado ser buena persona en la pobreza por la sencilla razón de que la variable bondad/maldad queda abolida en cuanto entra en juego la supervivencia, la galardonada 'Parasite' explicita lo relativamente sencillo que resultar ser un buen tipo cuando nadas en la abundancia. Y así retrata el director Bong Joon-ho a esa familia de «clase media/alta», en el arrobo permanente por la inteligencia de la hija -una lerda-, la sensibilidad del hijo -un salvaje-, todos causando destrozos a su paso de forma inadvertida y, por lo tanto, en pleno disfrute de la buena conciencia.

  • 4

'The Burnt Orange Heresy' abunda en la legitimidad del papel prescriptor de la crítica y, más ampliamente, nuestra capacidad para tragarnos los mayores disparates siempre que se vendan con el envoltorio adecuado o, si lo prefieren, con 'el relato'. En la primera escena de la película, el protagonista presenta a un grupo de turistas un cuadro, les invita a observar el trazo tosco y destalentado del pincel, y la falta de emoción que transmite. A continuación, les cuenta una milonga que atribuye la obra a una superviviente del campo de concentración de Buchenwald. Cuando concluye, los presentes encuentran el lienzo fascinante, hasta que les revela que en realidad, el cuadro es obra suya. Modificado el 'relato', a la vez, cambia la percepción de la obra, que se antoja otra vez ramplona.

  • 5

De lo que no habla el personaje es de la dificultad que entraña construir una buena mentira. Según su historia, la pintora superviviente de Buchenwald viajó luego a Nueva York, donde se entregó a una vida disoluta. «Los hombres besaban los números tatuados en su brazo». En realidad no es posible. En Buchenwald nadie fue tatuado, ya que ésa fue una práctica aplicada tan solo en Auschwitz.