HE VISTO EL FUTURO: IBA CON PRISA

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Proclamar que «otro mundo es posible» es decir nada y sin embargo, se suele anunciar con solemnidad. No es que otro mundo sea posible, es que de hecho resulta inevitable. La cuestión es qué mundo y entregados a su adivinanza trabajan los mejores 'think tanks'. Mueven millones, aunque no den una. En 1981, el recientemente fallecido V.S. Naipaul publicó 'Entre los creyentes' en el que, a partir del triunfo de la revolución jomeinista en Irán, comentaba como quien no quiere la cosa los peligros del Islam político. En las páginas de la Hudson Review, Marvin Mudick se preguntaba a qué tenía miedo Naipaul, ¿a que los beduinos «vinieran volando desde el desierto y se materializarán en Bloomingsdale's para ponerlo a sangre y fuego con sus tarjetas de crédito?». A su juicio, las observaciones del escritor «eran una mezcla de Drácula y grand guignol llena de aullidos de fanáticos islamistas dispuestos a acabar con la civilización: ¡el cielo se desploma! ¡el cielo se desploma!». Hoy ya sabemos cuál de los dos tenía razón. Tampoco las múltiples agencias de inteligencia del imperio, alimentadas por un inagotable surtido de dólares, vieron venir el desplome del bloque del Este. Qué decir de las autoridades comunistas que, pese a su tupida red de informadores, ni se lo olieron. Los peatones del mundo no tuvimos acceso a los sesudos informes que auguraban décadas de escalada armamentística entre bloques, aunque sí a las palabras que Bruce Springsteen pronunció un año antes en Berlín Este: « Tarde o temprano todos los muros, como el que divide esta ciudad en dos, van a saltar en mil pedazos». Profecía, promesa o churro, el caso es que acertó. El futuro se convirtió en una gran industria en el preciso instante en el que asumimos que será apocalíptico y todos nuestros esfuerzos ya no se encauzan a cambiarlo, sino a paliarlo, como si el porvenir fuera una enfermedad crónica e incurable. Y mientras ejércitos de expertos enterrados en montañas de informes escrutan las cifras, cobra aún más vigencia el método Naipaul, descrito por John Carey en el Sunday times: «Deambula por ahí, habla con estudiantes y taxistas, masca nueces y frutos secos, hace preguntas amables con intención». Sencillo y barato, presenta un mayor porcentaje de aciertos.

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