«Vengo a Jerusalén como un testigo imparcial»

Fernando Aramburu, ayer en un despacho de la Universidad Hebrea. / M.A.
Fernando Aramburu, ayer en un despacho de la Universidad Hebrea. / M.A.

Fernando Aramburu, invitado del Congreso de Hispanistas en Jerusalén, advierte que «no he venido a blanquear la imagen de Israel»

MIKEL AYESTARANJERUSALÉN.

Los periodistas esperamos en fila para entrevistarle y el encuentro no puede durar más de diez minutos. Fernando Aramburu no está en Jerusalén para promocionar su último libro; el escritor es el invitado estrella del XX Congreso de Hispanistas donde protagoniza un diálogo con el autor israelí, David Grossman. «Ambos compartimos que hemos desarrollado nuestra creatividad en sociedades conflictivas y hablaremos de convivencia, perdón, memoria... tratando de aportar nuestra perspectiva de escritores, no de historiadores o comentaristas políticos», explica este donostiarra de 60 años al que la fama le ha llegado con la publicación de 'Patria', que ya suma 32 ediciones. «El año que viene estarán listas las ediciones en hebreo y árabe. Doy un margen de un año porque los contratos son recientes y se trata de un libro voluminoso», adelanta con un tono de voz tranquilo en la Universidad Hebrea.

Aramburu, cuyo viaje está organizado por el Centro Sefarad-Israel de Madrid, se aloja en un hotel vecino al campus desde el que divisa la magnitud de una ciudad «a la que decidí venir sin prejuicios, sin expectativas, no quería aplicar un conocimiento previo que luego se me confirmara o no. He venido como un testigo imparcial, estoy fascinado, pero comprendo que se me escapa la realidad israelí, necesitaría pasar unos cuantos meses, quizás un año entero, para empezar a comprender». Es el primer viaje a la ciudad santa de un autor que no mantiene «ninguna vinculación personal con la religión, sólo una vinculación amable porque mi madre es creyente. Fui educado en colegios de sacerdotes y mi experiencia tiene diversas facetas, pero hay una que considero positiva y es el hecho de que a edad temprana se me enseñó lo que es el bien y el mal y se me convenció para amar al prójimo, un principio en el que todavía creo».

Además del cisma religioso entre musulmanes, judíos y cristianos, en esta ciudad está latente el pulso político entre israelíes y palestinos ya que ambos la reclaman como su capital. El movimiento internacional BDS (que responde a las siglas de boicot, desinversión y sanciones y que busca presionar a Israel por estos tres medios para que cumpla con la legislación internacional) considera que la presencia de figuras internacionales como sería el caso de Aramburu solo sirven para «blanquear la imagen de Israel» y ocultar las graves consecuencia que la ocupación tiene en el día a día de la población palestina. «No me parecen bien estos argumentos porque ponen una frontera, una valla, sin consultar a los implicados. No he venido a Israel a blanquear nada, he venido a decir lo que diría en cualquier otro lugar del mundo», responde de manera firme tras admitir que nunca había oído hablar del BDS.

«Hombre público»

El tiempo vuela y los colegas esperan su turno para la entrevista. El éxito de 'Patria' le ha convertido en un hombre público aunque «intento por todos los medios seguir siendo el que era, aquel escritor que de vez en cuando publicaba un libro que leían un par de miles de personas, tampoco era tan desconocido, y pasado un par de meses el libro desaparecía y volvía a la tranquilidad. No estoy hecho para ser un hombre público». Ya no es posible y esa relevancia se ha trasladado también a redes sociales como Twitter donde «alguna vez he sido mal interpretado, me ha caído una tormenta de ofensas y por eso ya le he perdido el gusto. Lo he reducido a un uso profesional o para recomendar libros que me han gustado». Más que de redes y pantallas, Aramburu es de papel porque «yo leo oliendo, voy leyendo y de vez en cuando...» se hace el silencio mientras se lleva a la nariz un ejemplar de 1942 de 'Un corresponsal en la guerra' de Jacinto Miquelarena, editado por Espasa-Calpe. Un libro que el entrevistador, a sabiendas de su afición a los libros de viejo, le trajo para la ocasión y que olió con gusto.