Veinte años de giras tras el telón

Empezó descargando camiones y sacando a pasear al perro de Quique San Francisco y ahora es parte del equipo de confianza de Sabina. El urnietarra Karlos Gil, con más de dos décadas en la tramoya de un sinfín de artistas, revive sus experiencias

Veinte años de giras tras el telón
IÑIGO PUERTA

A finales de los años 90, un trabajo temporal en el Centro de Artes Escénicas de Urnieta abrió un nuevo mundo para los ojos de Karlos Gil. «Participé en un maratón de teatro con compañías de todo el mundo. El ambiente me encantó». Se abrió el telón desde dentro. «La verdad es que no había estudiado nada para ser tramoyista, pero surgió y aprendí con la práctica». A falta de trabajo en Euskadi, dio el salto a Madrid. Como primerizo, le tocaron los trabajos más ingratos de la cadena, empezando por la carga y descarga. «Cuando empiezo a trabajar con los maestros maquinistas de Madrid, me acuerdo que me decían, 'niño, mira para la derecha' y mientras, hacían algún arreglo en secreto. Nos decían que los chavales les íbamos a quitar el trabajo».

Mientras Karlos se curtía en el montaje de escenarios y «durmiendo en la cartola de un camión muchas veces», un empresario de Madrid que daba servicios al cine y la televisión, «me fue dando cada vez más trabajo. Mi primera experiencia importante fue en 'La noche... con Fuentes y cía' en 2001». Tocaba hacer de todo. «Desde trabajos técnicos a cuidar del perro de Quique San Francisco. Bueno, una vez incluso me mandaron a su casa para montarle un Scalextric», recuerda entre risas. A partir de esa experiencia, «otro empresario de Valladolid que buscaba perfiles versátiles para conciertos me dio la primera gira con Eva Yerbabuena. Algo nuevo. A partir de ahí, ya he sido carne de gira durante 20 años».

Espectáculo desde dentro

En los conciertos nace un nueva perspectiva para Karlos. «Ves las obras desde los hombros de los artistas. Hay otra magia. Es un punto de vista diferente». Su contacto con los artistas también se estrecha. «La imagen que se tiene a veces de ellos en los medios de comunicación es muy parcial. Se les juzga por un momento puntual y luego la personalidad puede ser diferente. Por ejemplo, me tocó hacer una gira con el monólogo 'Defensa de Sancho Panza' de Fernando Fernán Gómez. Al estar tan pocos teníamos más cercanía. Estuvimos con él y su mujer. Me pareció un hombre muy cabal y su mujer, Emma Cohen, muy graciosa. Hacía de la 'Gallina Caponata' en 'Barrio Sésamo'. Nos reímos mucho. Al final son seres humanos, igual que tú y que yo».

El paso del tiempo le acercó cada vez más «al mundo del rock and roll, donde no querían técnicos tan especializados. Valoraban más conocer un poco de todo y tener actitud para el trabajo». Mägo de Oz, Melendi, Chambao fueron algunas de sus primeras giras hasta que «ya me hago autónomo. Hago más espectáculos como Mayumana, el Ballet Imperial Ruso y ya los productores me van llamando de forma independiente».

«Uno de los artistas para los que he trabajado con más ilusión fue Charles Aznavour. Salió a sus 92 años con una elegancia increíble al escenario. La voz no era la misma pero mantiene su esencia. Un abuelo entrañable, superelegante. Le puse muchas ganas para ponerle el escenario. Fue un placer». Un ilustre nombre al que ha seguido una lista interminable. «He trabajado para Rihanna, Scorpions, Bruce Springsteen... acabo de venir de Madrid tras trabajar en el concierto de La Oreja de Van Gogh... No sé, muchos».

«Un día me llama un amigo para hacer una sustitución y al final por un problema en su oficina me ofrecieron su puesto. Hablé antes con él. Yo opto por ser honrado porque aquí la situación te puede dar la vuelta y no me gusta pisar a nadie». El premio era entrar en el grupo de trabajo de Joaquín Sabina. «Para mí fue como un sueño. Entré en una familia que llevaba muchos años junta. Desde el primer minuto me abrieron las puertas de todo y me adoptaron».

Antes del concierto

Trabajar para una estrella del calibre de Joaquín Sabina, pasó del vértigo y respeto inicial a una relación más cercana. «Joaquín me ha dicho muchas veces que estaba encantado de que estuviera con ellos. Imagínate una personalidad como Sabina que te diga eso. Para mí era algo surrealista. ¡Si el que está encantado de estar con él soy yo!». Sabina tenía sus razones para agradecer su presencia a Karlos. «Yo creo que Joaquín no sabe exactamente el trabajo que realizo en las giras, pero por los avatares del destino, me tocó coincidir con él antes de los conciertos. Sin buscarlo. Yo me situaba en el 'Cambio Rápido'. Es un camerino cercano al escenario, donde el artista se cambia o descansa en partes del concierto. Un sitio de relax en los minutos previos al espectáculo. Ahí tomamos una relación más personal. No de amistad, pero más cercana. Cuando coincidíamos muchas veces me agradecía el estar ahí. Me decía que me emociono y que transmito lo que siento en el espectáculo. Decía que le transmitía paz o calma. Imagínate lo que significaba para mí», repite Karlos.

«Vivir una gira internacional ya es una pasada, pero poder sentir la experiencia de una gira internacional de Joaquín en el 'planeta latino', es increíble. La pasión con la que se viven los shows allí no se puede comparar con nada», destaca Karlos. Su bautismo de fuego, la Bombonera, la cancha de fútbol del club bonaerense Boca Juniors. «Ahí tomas un contacto muy directo con la gente porque también vas con el nombre de Sabina detrás. Desde el primer día, la gente de allí con la que trabajaba me ofrecía su casa».

Mitómanos y fetichistas

«En el contacto con el público te das cuenta que irónicamente en países más pobres que el nuestro, como Colombia o México, las entradas son más caras. La gente se te acerca por el hecho de estar en el grupo de trabajo de Sabina y te regala cosas. Desde un cuadro, una matera en Argentina... En las salidas de los hoteles te buscan como puente de las estrellas. La gente es muy mitómana. Me han ofrecido de todo, hasta dinero por conseguir un contacto con los artistas», explica Karlos.

Cualquier ítem de la gira se convierte en objeto de deseo de los fans, pero el más preciado y simbólico de los conciertos de Sabina, es probablemente su bombín. «En la Bombonera le pregunté a Joaquín a ver qué iba a hacer con su gorro. '¿Por qué? ¿Lo quieres?'. Yo le dije que 'no, no tranquilo'. Total que al terminar el concierto, todo el equipo me empezó a buscar por el escenario. 'Oye que el jefe te busca'. Allí que fui un poco 'acojonado' por si había hecho algo mal. Total que llego y me regaló su bombín. Imagínate cómo te quedas».

Una vez cruzado el charco, la demanda para ver a una estrella como Sabina se dispara. «En México, por ejemplo, en el Auditorio Nacional del D.F. hemos llegado a hacer 14 conciertos de 14.000 personas consecutivos. Una locura. Incluso el presidente del país nos recibió a todo el equipo. En la aventura mexicana nos ha pasado de todo. Lo de perdernos con la furgoneta es un clásico».

«En Chile nos quedamos una vez tirados en la carretera en el medio de la nada. Tocábamos en Olmué. Era una zona montañosa y muy oscura. La furgo se paró y nos quedamos 12 técnicos aislados», rememora Karlos. «En otro 'bolo' en Chile, recuerdo que un compañero que tenía orden de echar a todo el mundo del escenario, primero expulsó a un gobernador de Chile que andaba por allí y también a Pablo Milanés. No lo reconoció. Tuvo que salir la mujer de Joaquín a arreglarlo como pudo».

En un calabozo de Ecuador

En Colombia, «en el aeropuerto de Bogotá me robaron todo lo importante sin darme cuenta. Me quitaron el pasaporte, el billete de avión.... Volábamos a Ecuador. Conseguimos hablar con el embajador español para que pudiéramos entrar en el país, pero hubo un cambio de guardia en el aeropuerto. Los del nuevo turno policial me hicieron un movimiento de dinero con los dedos mientras me decían que no tenían constancia. Me dijeron que me iban a llevar a un hotel de 5 estrellas y total que consistía en un calabozo para mí solo. Me tuvieron retenido durante doce horas que fueron interminables. Menos mal que iba con el equipo de Joaquín. Me sentí muy arropado. Recuerdo el abrazo que les di a los del personal de la embajada que me sacaron de allí. El embajador me dijo que me comiese un chuletón y se me pasaría el susto».

A la espera de Joaquín

Sabina llegó a a tocar en Donostia, pero la gira se tuvo que suspender en Madrid. «Ya venía con problemas de garganta y algún virus. Con un punto de afonía. Muy a pesar de él tuvo que parar. Perdió la voz. Él es muy sentido. Por su público ha hecho cosas que no te puedes imaginar», defiende Karlos. «Ha suspendido muy pocos conciertos en su carrera. En diez años en América Latina, solo en Toluca y Hermosillo, que yo recuerde». Preguntado por su voz, «lo único que sé es que según los técnicos de sonido, la voz le va entrando en calor según avanzan los conciertos. Se le va aclarando». En cuanto a fechas y plazos para la vuelta de Sabina, «nosotros hacemos nuestro trabajo y punto. Lo de las altas esferas no nos incumbe. Es cosa del artista. No se sabe cuando será el próximo proyecto. En este trabajo sabes cuándo termina una gira, pero no cuándo empieza la siguiente». Karlos se despide. Tiene que ir a buscar a su hija Uxuri. Algo que de gira echa mucho de menos. «Es mi estrella».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos