La tangana de David Seco y Julian Iantzi

La tangana de David Seco y Julian Iantzi

El nuevo capitán azul y el presentador chocaron varias veces y la valiente Teresa, del equipo rojo, acabó expulsada tras presentarse voluntaria al duelo final

JOSEBA FIESTRAS

Había que poner a prueba la afinidad entre los capitanes de cada equipo en 'El Conquistador del Pacífico' y nada mejor que un juego de inmunidad en el que ellos fueran los protagonistas. Los azules estaban en el punto de mira porque Eneko Van Horenbeke y David Seco no se llevan especialmente bien, así que el objetivo era comprobar si iban a ser capaces de apartar sus desavenencias en favor del grupo, un conjunto mermado por las pérdidas de participantes y, sobre todo, por la falta de alimentos. «Necesitamos comer por encima de todas las cosas», proclamaban. Y con esa máxima partieron hacia el desafio.

El barro era la pieza clave del reto que podía conducirles al campamento rico. Julian Iantzi fue muy claro: los jefes debían meterse en una charca y embadurnarse a tope porque debían trasladar el fango que se les quedase en el cuerpo hasta un barreño, lo malo era que el cubo estaba en el mar. Para evitar que el lodo se evaporase al tocar el agua, los concursantes debían trasladar en volandas a sus líderes. Y el que más barro recolectara ganaba la batalla.

David Seco hace honor a su apellido porque es huraño cada vez que puede. Él y Eneko se presentaron a la prueba vestidos de pies a cabeza, cuando el presentador les había dicho que, como mucho, podrían llevar las camisetas de licra. Y ante la reprimenda, el ex ciclocrossista de Busturia apeló a su arrogancia y arremetió contra Iantzi, que no se arredró: «No te pongas chulo que la próxima vez te vas directo al campamento muy pobre», amenazó. No llegó la sangre al río. Los Angoso, los Je y los Beda se pringaron hasta las cartolas, y fueron los azules los que más lodo recogieron. El hambre lo agudiza todo y de ello hicieron virtud ganando la prueba y, con ella, la inmunidad.

Perder deja huella y a los rojos y verdes parece que la derrota les hirió de forma especial. Seleta estaba bastante cabreado con Manu Maritxalar porque su estrategia no había funcionado, y Nagore Osoro, una de las capitanas esmeraldas, estaba que fumaba en pipa porque se percató de que «hay mucho perro viejo por aquí». Iantzi, que suele ser el que 'pincha' en pos de las reyertas, estaba asombrado: «¿Os daís cuenta cómo os enzarzáis entre vosotros?», se preguntaba sorprendido.

Los azules, desde su próspera acampada, otorgaron la inmunidad a Arantxa, táctica que la veterana 'serpiente' agradeció. Teresa se ofreció voluntaria para ir al duelo y el equipo y sus capitanas pactaron enviar con ella a Lopa, otro de los fuertes. Los colorados apostaron por Iñaki. «No es plato de buen gusto, pero creo que puedo ganar por mi mentalidad y mi físico», avanzaba el joven irundarra que escogió a la chica como contrincante.

La final se basaba en un duelo clásico del formato. Los rivales debían construir una torre con cubos, mantener el equilibrio y alcanzar cuanto antes un banderín ubicado a gran altura. Teresa empezó muy bien, pero su atalaya se desmoronó dos veces. Aún así la de Berástegui no se rindió, pero su adversario logró cumplir la misión antes que ella condenándola a la expulsión. «Al menos me voy contenta porque lo he intentado hasta el final», se despidió la joven cuya estrategía suicida la condujo al exilio. Y es que eso de presentarse voluntario no es buena idea en este concurso.

 

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