San Telmo invita a 'degustar' la historia vasca

El museo programa un recorrido sensual por sus fondos que termina con una cata de pintxos

Eneko, el guía, ante uno de los puestos, que simboliza la alimentación en los caseríos en el siglo pasado/USOZ
Eneko, el guía, ante uno de los puestos, que simboliza la alimentación en los caseríos en el siglo pasado / USOZ
Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

Es una invitación a comernos nuestra propia historia. 'San Telmo al pil pil' ofrece un recorrido sensual y diferente por su exposición permanente, hermanando cada momento histórico con la gastronomía de la época, desde la influencia de los romanos hasta la creación de la nueva cocina vasca en diez hitos distintos. La visita, de una hora de duración, termina en el restaurante del museo, Bokado, con una degustación de pintxos cargada también de guiños a la historia. El resultado es un curioso viaje que mezcla el placer con la divulgación.

«Es una propuesta distinta pensada sobre todo para despertar otra vez la curiosidad del público local en nuestra exposición permanente», coinciden Jon Insausti, concejal de Cultura, y Susana Soto, directora de San Telmo. La experiencia arranca, de momento, para los viernes y sábados de mayo y junio, tanto en castellano como en euskera, y la idea es recuperarla tras el verano. La cita es a las siete de la tarde y cuesta 15 euros, que incluyen la hora de recorrido por los 'puestos' instalados a lo largo de la exposición y, al final, la degustación. Los tickets están ya a la venta en el propio museo. Cada grupo tendrá un tope de 25 personas. «Es una manera estupenda de redescubrir una exposición permanente que sigue sorprendiendo a quienes la visitan por primera vez», dice Soto, que añade que «esta experiencia solo puede hacerse en visita guiada porque necesitas las explicaciones que relacionan los sentidos, como el olfato, el gusto o la vista, con los fondos expuestos sobre nuestra historia».

Las autoras del proyecto

«La cultura vasca también es lo que se cocina en sus fogones», dicen las autoras del proyecto, Luisa López Telleria e Izaskun Zurbitu, de la empresa Storyfeeling Studio. Ayer, con ayuda de Eneko, uno de los guías habituales del museo, ofrecieron a los periodistas una muestra del recorrido, significativamente titulado 'San Telmo pil-pilean' y con una gilda como símbolo.

El primero de los diez hitos del 'tour' es una incursión en el vínculo entre la gastronomía y la muerte: en la zona de las estelas y las argizaiolas se recuerda la tradición rural de llevar a la iglesia ofrendas de pan a los difuntos. La levadura y el pan protagonizan ese momento histórico antes de pasar a la segunda estación, con la huella de la civilización romana, hace 2.000 años, que trajo la salazón para la conservación de alimentos como el bacalao.

En los siglos XVI y XVII llegarían desde América producto que hoy ya nos parecen autóctonos, como el café, la alubia, el cacao o el maíz, y que el visitante 'huele' antes de sumergirse en una instalación que rinde homenaje al puerto de Donostia y lo que significó como puerta de entrada y salida para la cultura gastronómica vasca. El recorrido avanza por las penurias de las carlistadas, con un guiño al Gigante de Altzo y su alimentación, también gigante: dice la leyenda que era capaz de tomar 23 botellas de sidras al día.

Las mil caseras de la Bretxa

La influencia francesa en la Belle Epoque donostiarra, con elementos como la célebre pantxineta, o el fenómeno del caserío como unidad de autoabastecimiento con sus animales y su huerta, sorprenden al visitante. Dicen los responsables del 'tour' que a finales del XIX venían cada día a la Bretxa hasta mil caseras del entorno para vender leche y productos de la huerta.

Unos 'puestos' colocados a lo largo del recorrido recrean cada período con ese momento del pasado de la exposición permanente. La industrialización, con técnicas como la pasteurización, la fermentación o el destilado, cambiaron las formas de la alimentación. Una 'cocina urbana' del siglo XX, con sus viejas cajas de Cola-Cao o las pastillas de caldo, ilustra un período que asociaba a las mujeres con los fogones mientras los hombres se refugiaban en las sociedades gastronómicas.

El corolario de la visita es un guiño a la llegada de la nueva cocina vasca, con un mantel, una mesa, sillas y carta del restaurante Arzak de los años 70 y 80, todo un regalo para los curiosos de la evolución de la culinaria local.

Al final, en el restaurante Bokado de San Telmo, llega la hora de pasar de la teoría a la práctica: pan con levadura madre, bacalao, alubias y guindillas, txangurro a la donostiarra según la mítica receta de Nicolasa Pradera, un homenaje al 'pastel de cabrarroca' de Arzak y sidra o vino tinto ponen el broche de oro.

Hay visitas en euskera los días 12 y 25 de mayo y 2, 8, 16, 22 y 30 de junio. En castellano, los días 11 y 26 de mayo y 1, 9, 15, 23 y 29 de junio. On egin.

 

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