El Teatro Victoria Eugenia se prepara para la modernización del mecanismo de su escenario
El proyecto está ya redactado, con un presupuesto de cuatro millones de euros para los que se busca financiación y que mantendrá seis meses cerrado el edificio
A comienzos de siglo, el Teatro Victoria Eugenia fue sometido a un ambicioso proyecto de rehabilitación que lo mantuvo cerrado desde 2001 hasta su reapertura seis años después. La operación, sufragada por el Ministerio de Cultura, permitió acometer la reforma de todas las instalaciones, accesos y comunicaciones; la reducción del aforo; la redistribución de las oficinas, así como la renovación de cubiertas y terrazas; la reforma total del escenario y la rehabilitación de los elementos pictóricos del teatro. En 2022 se restauraron las cuatro fachadas en piedra arenisca del edificio. Ahora toca la puesta a punto y motorización de un mecanismo de escenario que mantiene el funcionamiento manual. El proyecto de ejecución ya está redactado y presupuestado, pero aún carece de financiación: serán en torno a cuatro millones de euros para una obra que obligará a mantener cerrado el teatro durante unos seis meses, en fechas aún por determinar.
Estas dos 'puestas a punto' del Teatro Victoria Eugenia no incluyeron la renovación de los mecanismos escénicos, que todavía a día de hoy resultan un tanto atávicos, con manipulación en buena parte manual y elementos prestados de la antigua navegación naval. El acondicionamiento del escenario a cada espectáculo musical o teatral parte siempre de cero y su preparación, en función de las necesidades de cada montaje, requiere de una instalación escenográfica, lumínica y acústica que roza aún lo artesanal. La futura reforma permitirá automatizar el proceso, agilizar los preparativos, acortar los plazos y ganar en seguridad laboral para los operarios. Se trata, en definitiva, de actualizar la maquinaria para llevarla a los estándares de un teatro del siglo XXI, según explican los responsables de Donostia Kultura.
El responsable de Producción de Donostia Kultura, José Ignacio Abanda, indica que «cuando se hizo la reforma del Victoria Eugenia, estábamos en un estadio en el que la tecnología no había avanzado tanto como lo ha hecho en la actualidad» y para ilustrar esta evolución se remonta a lo acontecido en agosto de 1993, cuando durante la preparación de la escenografía de 'La Traviata' para la Quincena Musical, «se vino abajo una parte del peine o telar –un enjambre, entonces de madera, situado a veinte metros de altura sobre el escenario y del que cuelga la tramoya y todos los elementos de iluminación que se le instalan–. Mediante una serie de 'apaños' consiguieron salvar aquella ópera y el resto de obras programadas aquel año en el Victoria Eugenia», recuerda.«Nuestro trabajo no es ser cortoplacistas y ahora toca actualizar la maquinaria».
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Tras aquella Quincena de hace treinta y dos años, se acometieron una serie de reformas entre las que se incluyó la sustitución del telar de madera por una estructura idéntica, pero metálica, y un sistema de barras mixto entre manuales y motorizadas. «Con aquella tecnología de 1993, que entonces era válida, se reabrió en 2007 el teatro tras su reforma».
Hasta mil kilos de peso
De las treinta y seis varas con las que en la actualidad se manejan escenografías, e instalaciones de sonido e iluminación, nueve son motorizadas, con capacidad para soportar mil kilos de peso, y las otras veintisiete, manuales, con un límite de hasta 300 kilos. «Cada espectáculo requiere un diseño de sonido, iluminacion y maquinaria, y cada uno de los elementos que lo conforman se instala en las varas», indica Abanda.
En cuanto a las varas manuales, «funcionan con un sistema de contrapeso de doble tiro, de forma que si colgamos en una de ellas cien kilos, debemos contrapesar doscientos mediante una piezas de hierro denominadas coloquialmente 'chocolatinas'». En cuanto a las motorizadas, que se manejan con una palanca de mando o 'joystick', se utilizan para colgar los elementos más pesados de la escenografía o la iluminación». A modo de curiosidad, resalta que en este sistema un tanto arcaico se recurre a instrumentos navales, como poleas, cabos o toletes, esta última, una pieza de madera que se introduce en los agujeros de las barras de la galería para anclar las cuerdas.
El director de Producción explica que en el Victoria Eugenia se trabaja con «dos tipologías de escenario que, a día de hoy, se montan en los dos casos con la tramoya superior, que consiste en un sistema de varas colocadas cada veinte centímetros».
Estos dos tipos de escenario son, por un lado, la caja negra, que se compone de patas –que cubre los laterales del escenario–, las bambalinas –para tapar en la parte superior los focos de iluminación y el techo–, y el foro –que oculta el fondo–. Este modelo se utiliza en obras de teatro, musicales y conciertos.
Por otra parte, está el modelo de escenario que se utiliza en conciertos sinfónicos, básicamente de la Quincena Musical. En este caso, se prescinde de la caja negra conformada por todas las grandes telas de terciopelo que cuelgan del peine que «son absorbentes del sonido» y se recurre a la instalación en el escenario de una concha acústica, construida con paneles de madera y que proyecta el sonido hacia el público.
«Partimos de cero cada vez»
En el primero de los casos, explica José Ignacio Abanda, el proceso parte de la petición a la compañía en cuestión de sus necesidades porque «partimos de cero en cada montaje. No hay escenografía ni sonido ni iluminación, estables, así que en función de cada montaje preparamos cada uno de ellos con los materiales que necesitamos. Pedimos a las compañías que nos envíen sus necesidades, las cotejamos con nuestros recursos y si no los tenemos los alquilamos. Finalmente, llegamos a un acuerdo para que técnicamente sea viable el espectáculo» tras una 'negociación' que en ocasiones puede ser dura, reconoce el responsable de Producción.
La segunda tipología de escenario es una concha acústica construida con tres paredes –con 96 paneles de madera–, y un techo –con otras 27 piezas–, que se guardan en los almacenes del propio teatro y cuyo montaje requiere de un día de trabajo para una decena de operarios y otro tanto para el desmontaje. El peso total de esta 'caja' es de 5.200 kilos.
El proyecto contempla eliminar las varas manuales y sustituirlas por un sistema íntegramente motorizado y manejado desde la consola situada en el hombro izquierdo del escenario». Además de una mayor versatilidad a la hora de adecuar la producción a cada espectáculo que se programe, el nuevo sistema sería «menos penoso y más seguro para los trabajadores».
De esta forma, se evitará el largo y complejo proceso de instalación que conlleva cada concierto sinfónico y que Abanda compara con un Tetris. En lugar de guardarse los paneles en el sótano, con el consiguiente movimiento de vagones para subir y bajarlos, la estructura se guardaría en el hombro derecho del propio escenario que ahora ocupan las maquinarias, las áncoras y el sistema de contrapesado manual de las varas. La eliminación de estos elementos, sustituidos por un sistema motorizado, generará un espacio en el que se almacenarían los elementos de la concha acústica, ya montados en una docena de bloques ya ensamblados.