Soberbios de Baltasar Ibán

BARQUERITO

Vinieron a Arles ocho toros de Baltasar Ibán. Se sortearon, como siempre, seis. Los seis, de reatas conocidas, reconocidas y casi infalibles. Un Camarito, un Santanero, un Tesugo y también un Bastonito, zurdo o bizco y descarado que se jugó en cuarto lugar. La corrida fue de hechuras y remate impecables. Los tres primeros, tan serios como los tres últimos. Los tres últimos, más ofensivos que los otros tres.

La corrida de Ibán fue muy completa. Brava y más que brava en el caballo. Prontos, los seis, pendientes del caballo antes siquiera del primer castigo, se arrancaron de largo, empujaron, pelearon con fijeza y sin echar la cara arriba, recargaron metiendo los riñones, se resistieron a los capotes de quite, cobraron muy en serio y, cuando al fin atendieron al reclamo que los quitaba del caballo, lo hicieron embistiendo. Fue un espectáculo tan raro como caro de ver. La cuadra de caballos de Bonijol cumplió de maravilla.

Los méritos y logros de relevancia, las dos faenas mejor pensadas y cumplidas y el toreo de capa de alto nivel llegaron de la mano de Emilio de Justo. Excelente a la verónica de salida sin previa cata con el primero, perfecto en los lances genuflexos con que de salida también le bajó los humos y dejó fijado al bélico Bastonito. Pero ocurrió lo inesperado: a Emilio se le torció la espada al atacar con el primero de la tarde, al cuarto intento cobró una entera atravesada que parecía de sobra, pero tuvo que descabellar en diecisiete ocasiones. Al cuarto lo tumbó al segundo empeño de entera soltando el engaño.

No era la primera vez que Juan del Álamo toreaba en Arles una corrida de Ibán. Ninguna con la fijeza o la entrega de esta. Pretendió torear despacito de capa, pero sin terminar de lograrlo, y pecó de reiterativo en faenas monocordes. Juan Leal enterró en los blandos una estocada al tercero, y por ese se le fue un triunfo cabal o meritorio. Con el sexto, que llegó a planear por la mano derecha, no se entendió. Ese toro del colofón, último de la temporada en Arles, se llamaba Tesugo. No fallan.

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