No sin mi 'smartphone'

Los artistas ven correcto un «uso moderado» del teléfono, pero lamentan que el público esté más pendiente de grabar la experiencia que de vivirla | Martín Guevara (Capsula), Ane Leux, Izaro y Haritz Garde (La Oreja de Van Gogh) opinan sobre el uso y abuso del teléfono móvil en los conciertos

Un espectador graba con su móvil en el festival Colours of Ostraval/I. PUERTA
Un espectador graba con su móvil en el festival Colours of Ostraval / I. PUERTA
JUAN G. ANDRÉS

. De un tiempo a esta parte, el teléfono móvil se ha convertido en parte indisoluble del paisaje y del ritual de la música en vivo. No hay concierto en que los espectadores no echen mano de su 'smartphone' para registrar en imágenes todo cuanto acontece en el escenario y compartirlo en la red social de turno. En general, a los artistas no les molesta en exceso esta práctica generalizada, aunque sí les da pena que el público abuse de ella y se pierda los detalles auténticos del directo. En ningún caso prohibirían los móviles en sus funciones, como han hecho Jack White, Robe Iniesta o King Crimson, pero sí instan a tratar de vivir la música de un modo más real que virtual.

Perderse el momento

Para Martín Guevara, del trío vasco-argentino Capsula, vivimos en un momento en el que «el enganche a la tecnología y a los móviles rige la vida de mucha gente». «Lo que ves en la calle a diario se ha trasladado a los conciertos y esa dependencia de lo virtual está relegando a un segundo plano la vivencia de experiencias directas y cercanas», lamenta. A ellos no les incomoda especialmente que les graben o saquen fotos pero les da pena «que se pierdan la experiencia de vivir el momento por estar grabándolo». «Un concierto es un ritual de catarsis colectivo donde la energía de los presentes puede generar algo único e irrepetible, pero si en vez de disfrutar del momento estás disperso con las notificaciones, las grabaciones y la batería del móvil, seguro que la intensidad al dejarse llevar por esa emoción será distinta», opina el cantante y guitarrista.

Martín Guevara Capsula «Nos da pena que se pierda la experiencia de vivir el momento por estar grabándolo»

Similar opinión esgrime la donostiarra Ane Leux, quien recuerda que «las propias redes sociales nos invitan a exhibir una imagen de lo que somos». «Si sienten un mínimo de emoción o están haciendo algo fuera de lo habitual, muchas personas lo 'compran', es decir, lo graban y lo comparten como si eso hablara de ellos y sirviera para engrandecer su identidad virtual. También puede ser puro aburrimiento o necesidad de hacer algo», añade la intérprete, que define la situación como una especie de «neurosis colectiva que indica que no estás donde deberías estar: en el presente, en la escucha y en la experiencia».

Ane Leux Compositora y cantante «Prohibir no va mucho conmigo pero necesitamos educarnos»

A Izaro, por su parte, no le parece mal que se emplee el teléfono inteligente en los conciertos, «siempre que se use desde el respeto». «Lo que más molesto me resulta es que alguien pase más rato grabando que no grabando. Que graben trocitos de vez en cuando me parece estupendo y, es más, lo agradezco, porque luego lo comparten o lo guardan para recordarlo. Eso es bonito, pero un directo, como su propio nombre indica, es para disfrutarlo en directo, y que alguien lo grabe entero es muy incómodo y nada real», afirma la artista vizcaína afincada en la capital guipuzcoana. A ese respecto, Leux añade: «Mi último concierto alguien lo subió entero a YouTube. Es como si revelaran todo el misterio, como si vieras una película porno antes de tu primer contacto con otro».

Izaro Compositora y cantante «Lo más molesto es que alguien pase más tiempo grabando que no grabando»

Haritz Garde, batería de La Oreja de Van Gogh, cree que el teléfono puede aportar «cosas muy buenas si no se abusa de él» y si no se utilizan flashes potentes que deslumbren o perturben la visión del resto del público. Con Izaro coincide en que su «uso moderado» permite atesorar recuerdos o compartirlos con alguien de quien te has acordado. Aunque pertenece a una generación que disfrutaba de la música cuando los móviles no existían,reconoce que sus compañeros y él mismo recurren cada vez más a él.

Haritz Garde La Oreja de Van Gogh «El teléfono móvil puede aportar cosas muy buenas si no se abusa de él»

Por otro lado, todos admiten que las fotos y vídeos que los espectadores suben a Internet sirven para promocionar a los grupos y a los artistas, pero también comparten una misma idea expresada por Guevara: «El problema es que la mayor parte de las grabaciones se hacen con una calidad de sonido e imagen pésimas, con lo que se pierde la magia y la profesionalidad de los técnicos que trabajan para que el show se escuche y se vea lo mejor posible».

Educar, mejor que prohibir

El año pasado, Robe Iniesta (Extremoduro) prohibió el uso de teléfonos móviles en las funciones de su gira 'Bienvenidos al temporal'. En un comunicado, recordó que un concierto es un lugar al que se va «a experimentar una catarsis colectiva y a vivir un momento único, con el móvil apagado o en silencio como poco», y en mitad de su actuación de Madrid, llegó a decir: «Sólo os pido que no molestéis a nadie y que no me enfoquéis a mí como antes he visto hacer a uno porque me voy a la calle, cojo un saco de piedras y a alguno le doy».

Ninguno de los músicos vascos consultados está a favor de medidas tan expeditivas. «Prohibir no va mucho conmigo, creo que necesitamos educarnos y entender el porqué de ese enganche y de esa obsesión», asegura Leux. En un sentido similar, Martín Guevara entiende «que haya artistas a quienes les pueda molestar, sobre todo en teatros y salas de conciertos» más pequeñas que requieren de un ambiente íntimo, pero más que de prohibir, él sería partidario de «motivar a vivir los conciertos de otra forma». «La energía y la implicación del público en espacios reducidos en distinta a la que hay en grandes estadios. En sitios más pequeños se hace más presente la intrusión del móvil, pero en la pérdida del sentir la experiencia del presente es exactamente igual», apunta el músico.

El batería de La Oreja de Van Gogh sostiene que «cada uno verá cómo quiere disfrutar del concierto» e insiste en que el límite reside en la posibilidad de molestar al resto del público. «Al final es una cuestión de educación más que otra cosa», sugiere Haritz, quien al igual que sus compañeros, también ha visto cómo algunos espectadores de las primeras filas les dan la espalda para sacarse selfis con ellos al fondo. «Y hace poco, en la fiesta de celebración del final de temporada del Eibar los jugadores subieron al escenario y se hicieron algunas fotos mientras tocábamos, pero bueno, era su día y su fiesta, y estuvieron muy educados», agrega.

Intimidad y respeto

También se sorprenden cuando algunas personas pasan todo el concierto chateando o utilizan enormes tablets para grabarles y fotografiarles. «Aluciné, vi lo de las tablets por primera vez en Tolosa. Me sentí un poco incómoda al ver a niños en primera fila grabándolo todo», recuerda Izaro, que cuando más molesta se siente es al ver a la gente registrando con el móvil las pruebas de sonido. «Señores y señoras, intimidad y respeto, que estamos trabajando», exclama la joven que, de momento, se siente «cómoda» con su público y sus móviles: «Supongo que tendremos que ir viendo cómo nos sentimos todos e ir trazando una comunicación respetuosa».

Ane Leux piensa que debería ser el propio establecimiento el encargado de regular el uso de los móviles, especialmente en los teatros, y lo cierto es que en escenarios como el Kursaal o el Victoria Eugenia está prohibido su uso y así se advierte antes de cada función. Bien distinta es que durante el show el propio artista abra la veda y pida a los asistentes encender las linternas de sus móviles como hizo Sharleen Spiteri durante el concierto de Texas en el cubo grande.

En esos casos, además, pueden surgir imágenes hermosas como la que figura en este reportaje y que muestra un instante de un concierto de La Oreja de Van Gogh en el Auditorio Nacional de México. «Posiblemente es nuestro mejor recuerdo relacionado con los móviles. Mientras tocábamos 'Jueves', casi todas las 10.000 personas presentes en el recinto encendieron las luces de sus teléfonos como si fueran los mecheros de antaño. Fue una imagen impresionante. Nunca se nos olvidará», concluye Haritz Garde.

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