Salomé Lamas: «No consigo distinguir mi vida del hecho de hacer cine»

La realizadora Salomé Lamas, ayer Tabakalera./MICHELENA
La realizadora Salomé Lamas, ayer Tabakalera. / MICHELENA

La realizadora lisboeta comparte con los alumnos de la Escuela Elías Querejeta su personal visión de la creación cinematográfica

ALBERTO MOYANO

La realizadora portuguesa Salomé Lamas (Lisboa, 1987) se ha convertido esta semana en la primera profesora del área de Creación de la Escuela de Cine Elías Querejeta de Tabakalera. Autora de títulos como 'The Community' (2012), 'Encounters with Landscape 3x' (2012), 'VHS: Video Home System' (2010-2012) o 'The Tower', (2015), Lamas debutó hace cinco años con el documental 'Terra de Ninguém', el impactante testimonio de un mercenario portugués que trabajó, entre otros, para los GAL. La directora portuguesa transmitirá durante esta semana su peculiar visión del cine a los alumnos del centro donostiarra.

- ¿Qué espera de sus alumnos?

- Tenía una expectativa y se ha cumplido. Y es algo muy bonito que pasa aquí, en una institución de enseñanza libre. Todo está en construcción. El espíritu y la energía de la gente son muy especiales. El martes yo estaba muy cansada, pero tenía ganas de impartir la clase porque yo también estaba aprendiendo. Para mí es muy fácil dar una charla o hacer un taller, no tengo que pensar, y lo hago bien, pero aquí es distinto porque en este caso quieres hacerlo también por ti. Es un intercambio.

- ¿Y qué les va a ofrecer usted?

- Compartir mi experiencia. No tengo una respuesta muy concreta, pero hay cosas que sólo aprendes cuando trabajas y las haces una, dos, tres veces. Con la experiencia, adquieres tu lenguaje y ya sabes cómo solucionar los problemas. Lo que pasa es que hay que romper eso porque la industria y el sistema te quieren para lo que haces bien y para que hagas siempre lo mismo.

- ¿Y el público? ¿Se ha vuelto perezoso?

- No, no creo... bueno, depende de lo que le muestres. Los críticos, las instituciones y los programadores te empujan a hacer cosas que, a veces, no son las que te apetecen. Esa experiencia debe incluir el aprendizaje de decir 'no', de no aceptar todo y de no perder la capacidad de experimentación. Esto es importante porque si no, te puedes encontrar haciendo sólo lo que funciona, que es lo que la gente quiere ver y programar.

- ¿Es importante para un creador desarrollar el concepto de autoría?

- La voz es importante, no la autoría. Encontrar tu voz es muy importante, algo que los otros identifican como tuyo y a partir de lo cual puedes crear un cuerpo de trabajo que tenga sentido. Para mí no es importante la finalización de la obra, algo que me resulta muy difícil, por otra parte. Suelo tener en mente mi siguiente obra para experimentar las cosas que dejo inacabadas en la que estoy trabajando en ese momento. No consigo distinguir mi vida del hecho de hacer cine porque es todo una continuación. No sé cuándo termina un proyecto.

- ¿En el momento en el que se proyecta en una pantalla?

- No, no... No sé si se terminará cuando me muera. Sé cuándo termina el proceso de cada película, pero sigue imperfecta y yo no estoy satisfecha. Hay que acabarla porque hay una producción, hay fondos, ha contratos... Tener una comunidad de gente que entiende tu forma de trabajar y la vida que llevas es importante. Pienso que los alumnos de esta escuela están buscando esa comunidad.

- ¿Quién manda sobre una película? ¿El director o el productor?

- Los dos. Director y productor somos un equipo unido para realizar una película porque queremos compartirla con el público. Un buen productor es uno que me da toda la libertad y que cuando tengo problemas relacionados con la complejidad financiera, me los resuelve.

- ¿Busca la historias que le obsesionan o éstas llegan a usted?

- No acostumbro a tener ideas. El arte se alimenta del arte. Muchas obras se hacen a base de robar de todos los lados y muchas veces, eso es más transparente que en otros trabajos realizados a base de copia/pega que resultan más opacos. El cine es un arte colectivo, no lo puedes hacer en solitario, aunque siempre estás sola porque el director es el que tiene la macrovisión del proyecto. Los sonidistas te encontrarán las mejores soluciones para ellos, no necesariamente para la película. Lo mismo pasa con la producción cuando te dice: «Mira, no puedes tener un helicóptero, pero te voy a dar un dron». Y uno, vale, pero si tienes muchos drones en tu película te vas a quedar sin película, así que hay veces en los que es mejor cambiar toda la escena.

- ¿El exceso de posibilidades técnicas ahoga la creatividad?

- No creo porque pasa lo mismo con la democratización de la tecnológica. Lo que hay es muchas modas. Ahora hay demasiados drones, ya estamos hartos de ver imágenes tomadas por drones. Cuando estás en la macroestructura, hay mucha gente a tu alrededor pero estás sola porque la película es tu apuesta. Y la de tu productor. Hice una película, 'Eldorado XXI', que sobre el papel eran un auténtico bluf. Mi productor quería una ficción, yo presenté un híbrido, que exigía rodar a 5.500 metros de altitud, que ni sabíamos si podíamos respirar. Y mi productor aceptó y triplicó la apuesta. Para mí fue muy importante tener un cómplice cuando te quedas sin energía.

- ¿Se ha trasladado el montaje-zapping de los tráilers a las propias películas?

- Ese montaje acelerado lo veo en las películas que ponen en los aviones porque en los vuelos largos aprovecho para trabajar en el ordenador, así que necesito filmes en los que no haya que pensar mucho. Creo que hoy en día las películas se mueven demasiado. Hace unos años podía ver un buen blockbuster de acción. Hoy me quedo aturdida, es muy rápido, no entiendo nada, son todo explosiones. Debemos trabajar todos juntos en la ortopedia de las imágenes porque están contaminando nuestra vida. El cine puede hacer que la gente pare un poco, no digo hacer 'slow cinema', pero es importante que pueda pensar cuando mira. Nos vamos a una película, después a un concierto, a una exposición... ¿y dónde está el tiempo para que pensemos en lo que estamos consumiendo? Es zapping. Creo que la mayoría de los alumnos de la Escuela quieren frenar un poco porque queremos pensar y dar a la gente algo que le haga pensar también.

- Por eso le preguntaba si el público se había vuelto impaciente... Un plano de diez segundos parece una eternidad.

- Sí, a mí me pasa lo mismo. Cuando intento leer un libro, la concentración se me hace más complicada. Lo siento así, pero he tenido muy buenas experiencias con el público más diverso, en aldeas... La gente se queda y lo ve y lo comenta. Es posible. Hay que encontrar una forma de distribución eficaz también para ese tipo de públicos.

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