El regreso de un gato negro con pantalón rojo llamado Pumby

El regreso de un gato negro con pantalón rojo llamado Pumby

Dolmen recupera uno de los grandes clásicos del cómic infantil |

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN.

No, no fue el primer gato protagonista en el mundo de las viñetas. Ilustres predecesores, como el 'Krazy Kat' de George Herriman, ya deambulaban por allí, siempre inmersos en los mundos de un humor diferente, alejados del corsé que toda dictadura impone a la creación en libertad. Se desgajaba el año 1954 y, España, a través del Nodo, celebraba su nueva flota de ferrocarriles, el crecimiento de su sanidad pública y la puesta en funcionamiento de su primera fábrica de estreptomicina.

Mientras, las revistas como 'Jaimito' o 'TBO' seguían publicando en tiradas de miles sus ejemplares, siempre ávidas de nuevas propuestas. Una de ellas, llegaría en forma de felino y, como casi siempre, de manera accidental. El joven artista José Sanchís (19 de junio de 1932 - 2 de agosto de 2011, Valencia), regresa a su casa cuando se interpone en su camino un gato negro de morro blanco, que le observa. Sanchís, sin aspavientos, le dice «Apártate, Pumby, que me voy», ante lo cual, efectivamente, el animal se retira. La pequeña anécdota le acompañará hasta una posterior estancia en el hospital, donde irá dando forma a la criatura que se presentará en público en el número 260 de la citada 'Jaimito'. Su primera aventura, de una página, titulada 'Un perrero con mucha vista', debuta sin que el gato protagonista desvele su nombre, con un aspecto gráfico muy diferente al que los lectores conocerán durante casi tres décadas aunque, eso sí, ya colgará de su cuello el enorme cascabel que siempre le acompañará, nunca se llegará a saber el porqué.

El éxito no se hace esperar y, en abril de 1955, Pumby pasa a vivir sus aventuras en la revista creada con su nombre y, cuatro años después, en 'Super Pumby', nuevo título en absoluto baladí, porque de aquella primera aparición, en la que el astuto gato ayudaba a escapar a un perro, hasta ahora, algo ha sucedido: Pumby, al beber zumo de naranja -no hay que olvidar el lugar de nacimiento de su progenitor-, se transforma en un superhéroe, cuyas capacidades rivalizan con las del mismo Superman. El nuevo enfoque entusiasma al público porque, además, mantiene a su alrededor a unos personajes secundarios inseparables del protagonista.

Un universo propio

Pumby es, hoy, un desconocido para los niños que entonces devoraban sus hazañas, adultos a quienes pretende llegar la edición de Dolmen. Para ellos, mencionar al gato equivale a incluir en el paquete al profesor Chivete, un genio afable capaz de inventar los artefactos más imposibles, su amiga Blanquita, personaje femenino de gran personalidad, alejado del lamentable rol débil que la época adjudicaba a la mujer, y villanos más inocentes que la mayoría de los mortales, como el maléfico Doctor Mekano o el Generalito de la Antipodesia.

La cuestión es que Sanchís no propone historietas carentes de fondo, basadas en un gag más o menos gracioso, sino que su amor por autores como Julio Verne o por la ciencia ficción en general, lleva a sus creaciones a recorrer 20.000 leguas bajo el mar, a visitar la corte del rey Arturo, a dimensiones como Matematicolandia, el Mundo de los Sueños o hasta donde su portentosa imaginación le sugiera. El cómo llegar a esos lugares no es problema; se encarga el profesor Chivete. El humor utilizado sigue siendo, siempre lo será, tremendamente limpio, al punto de que las exclamaciones empleadas han caído hoy en desuso, aunque el fondo ahonde en un surrealismo lleno de talento. Sanchís, tras 1.204 números de Pumby, más almanaques y extras, cierra con una brillantez difícilmente superable una etapa que finaliza junto con las revistas infantiles. Años después tendrá que litigar con Editorial Valenciana para recuperar la propiedad de sus personajes cosa que, por fortuna, conseguirá.

Ahora, Editorial Dolmen lanza un primer tomo con lo mejor de Pumby, en una edición extraordinaria, con un nuevo escaneado de cada página, viñeta a viñeta restaurados los daños sufridos por el paso del tiempo. Pumby, el gato aventurero, regresa para gozo de quienes lo leyeron y con la esperanza de que alguno de sus hijos, descubra en él la magia de la fantasía.

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