Realismo atroz pero atractivo

SANTIAGO AIZARNA

Basta con leer uno solo de estos relatos -breves aun los más largos y de difícil definición de géneros— (pongamos por ejemplo el titulado 'De vientre', que viene en segundo lugar en una lista enumerativa de sesenta y tres y en donde combina con insuperable maestría la sexualidad con la escatología a la vez que la lexicología bronca y no tanto junto con escenarios varios donde vomita respingos cohabituales al placer genesíaco en su plena desnudez)— para darnos cuenta de una evidencia incontrastable, y es que, este su autor, Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) no es un autor cualquiera por común o relevante y notable que sea 'ése cualquiera'; ni tampoco lo es por contrastante en su aparición ante el público en modesta apariencia como si se dejara ver en resquicio de humildad que por eso mismo le revaloriza por si su sujeto comparativo está tan alejado de pujos bestselleristas que en el mercado de las editoriales y librerías hayan provocado movimientos casi sísmicos en grado de ventas estupefacientes que, cuando ocurre un fenómeno de ésos, de lo que uno se acuerda es del pensamiento que floreció en la mente de aquel oso con el que ganaba su vida un piamontés, y de quien nos da cuenta la fábula 'La osa, la mona y el cerdo' del gran fabulista Tomás de Iriarte (1750- 1791), quien dejó como lección sublime, en esa fábula moral con tendencia como siempre en las suyas a las normativas gramaticales emparedadas con las conductas humanas y del vivir, aquello de que; «si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor».

Sin la pretensión de ser sabio en nada aunque tampoco de necio en todo, en el caso de Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) en cuya biografía de que, como viene anotado en la solapa de este libro que «es filólogo, escritor y ornitólogo especializado en grandes rapaces necrófagas» (y, en lo literario) «considerado por muchos 'padre nutricio de la generación Novísima'; (que) debutó como poeta en los años sesenta, pero a finales de esa misma década se trasladó a Jaca como especialista del Centro Pirenaico de Biología Experimental del CSIC, y su alejamiento de la literatura durante tres décadas lo convirtió en un autor secreto, poco menos que de culto, sobre el que se fueron tejiendo toda clase de leyendas» convendrá a algunos, acaso, rebobinar, en cierto modo, viejas lecturas y dar en la diana de algunos de ésos sus viejos textos, pero es que tampoco será tan necesaria esa medida puesto que estamos ante un libro bien generoso también con esos sesenta y tres relatos antedichos, relatos de todo tiempo y lugar que es que, mientras se los va leyendo se va dando cuenta el lector, entre gozo y gozo y entre horror y horror y entre humor y humor, que la imagen del autor de estos textos -en ocasiones tan escalofriantes como de humor y humores fustigantes—es como la de ese recogedor de setas en el maravilloso bosque cotidiano donde, esa mañana fabulosa, junto a las margaritas y a los lirios emergieron, como siempre ocurre, rociados de espanto si se quiere o de otro tipo de sobresaltos anexos, la ortiga y flores venenosas a porfía (para decirlo a modo de mayo mariano) pero que, juntas, pueden dar lugar a un producto tan plenamente analgésico como la triaca que, histórica e histéricamente considerada, así como literariamente, nos conecta, como poco y en su última fase -la de la consunción—con Calderón y Maquiavelo, además de Mitridates y su suicidio a lo Hitler.

Volviendo a nuestro singular autor y a éste su libro, digamos, para goce de lectores que, desgraciadamente hasta ahora le ignoraban, que, en esa su solapa antedicha, después de decirnos que es «una de las voces más singulares del panorama literario español», además de «experto en las formas menos rutinarias de la erudición»; es autor de un portentoso 'Bestiario' (2007), de la novela 'Familias como la mía' (2011) y de volúmenes de prosas inclasificables como 'Papur' (2008), 'Gingival' (2012), 'Mansa chatarra' (2014) y '30 niñas' (2014). En 2006 reunió su «poesía autorizada» en 'Ciudad propia'. Posteriormente ha publicado, entre otros poemarios, 'Fámulo' (2009, Premio de la Crítica), 'Hiela sangre' (2013) y 'Edad del insecto' (2016), que hay que hacer una parada breve y rescatar su imagen desde algunos de sus viejos libros si se quiere tener un perfil, al menos aproximado y al menos nada equivocado de un autor de singulares creaciones literarias y que tiene la habilidad suficiente como para que cualquiera de sus lectores haya caído en la inefable suerte de comenzar a leerle, se verá tan gloriosamente preso en sus historias que seguirá leyéndole aunque compelido se vea a realizar otros trabajos y quehaceres que parecer le pudieran obligatorios.

Un exquisito raro, por así decirlo en todo caso, este escritor un tanto eremita, a quien, sin acaso saber nada de él, no es difícil imaginarlo con un blog muy personal en sus manos, apresando, no se nos vaya a perder, el tesoro de todo pensamiento de tanta lucidez inmediatamente, puesto que las ideas y las palabras que nos resuellan como latigazos espontáneos en las meninges, lo menos que nos exigen es que los escribamos presto que, de no hacerlo así, lamentablemente se nos van a perder, lo que sería imperdonable en el caso de los textos de este libro, de los que, leído que sea el primero, condenado irremisiblemente queda el lector a seguir leyendo de una sentada los sesenta y dos restantes.

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