Rafael Álvarez 'El Brujo': «Ser un cómico es mucho más difícil que hacer drama o una tragedia»

El Brujo ofrece una función cómica con la que revisita parte de su obra./
El Brujo ofrece una función cómica con la que revisita parte de su obra.

Regresa a San Sebastián un año después con '¡Cómico!', un espectáculo que va a la raíz de lo que es El Brujo: un artista y un juglar

ROBERTO HEREROSAN SEBASTIAN.

Se ha inspirado a lo largo de su larga vida teatral en autores clásicos y contemporáneos, sumando su vitalidad de actor que sobre todo entiende a los espectadores. En esta ocación llega al Victoria Eugenia con '¡Cómico!, una función repaso de su obra, dispuesto a mostrar el baúl de sus secretos de autor y, como siempre, un humor extremo y cuidado.

Las presentaciones

Lugar
Teatro Victoria Eugenia.
Fechas
Hasta el domingo 8 de julio.
Horario
20.00 horas
Precios
20, 24 y 28 euros.
Duración
Una hora y media (Estimada)

- ¿Cómico es la definción que más le gusta para su trabajo?

- Sí, porque incluye la comicidad como humor y también el significado de actor en general, según el lenguaje de los actores antiguos, de la época de Fernán Gómez, de la Gutiérrez Caba. Toda esta generación ya desaparecida, incluso Concha Velasco que todavía vive y se conserve muchos años. Todos ellos decían qué buen cómico es fulano o mengana decir que eran buenos actores.

«Recupero el humor en esencia. Y me reconcilio con ese actor que debe complacer al público, que es su razón de ser»

«Nunca he sido humorista, no me va, no es mi estilo. Lo he intentado, pero me ha ido fatal. Yo soy del escenario»

- ¿Se encuentra más cómodo con el cómico a la vieja usanza o con el monólogo humorístico?

- He trado de unir los dos. El espectáculo se llama '¡Cómico!' porque es de humor, pero también está hecho por un actor que utiliza obras del teatro clásico, que recita poesías del Siglo de Oro.

- ¿En esta función revisita su trabajo como cómico?

- Recupero el humor en esencia. Y me reconcilio con esa figura del actor que debe complacer al público, que es su razón de ser y de vivir. Vivo de las risas del público, que tiene que estar divirtiéndose desde el principio al final. Parece fácil, pero de eso nada. Es mucho más difícil que el drama o la tragedia. Yo meto tres golpes de humor cada minuto y así durante hora y media. El espectador no puede estar pensando en otra cosa, ha de estar siempre sorprendido.

- Dice que en '¡Cómico!' muestra en andamiaje de su forma de trabajar. ¿Desvela los trucos del mago?

- Algo de eso hay, pero lo que he descubierto es que nunca hay andamiaje porque cuando lo muestras se convierte en truco y detrás de eso hay otro andamiaje. Y si muestras también este, sigue pasando lo mismo. Los políticos tienen el problema inverso, nada de andamiaje, solo fachada.

- ¿Como lo pueden resolver?

- Pues quizás sincerándose. Tendría mucho éxito que alguno se atreviera a decir algo así: «Miren, estoy en una situación complicada porque prometí cosas que son difíciles de cumplir, pero ya saben que eso lo hacemos todos para que ustedes se encandilen, porque a ustedes no les gusta oír lo que no quieren oír y por eso les alabamos el oído, pero luego a la hora de gobernar se monta un cacao imposible».

- ¿Hace diferencia entre ser cómico y ser humoristas?

- Yo nunca he sido humorista, no me va. No es mi estilo y lo he intentado, pero me ha ido fatal. Me invitaron a una entrega de premios en Canarias. Pusieron a un cantante y yo iba luego de humorista. ¡La gente se levantaba y se iba! No lloré de milagro, pero luego sí lo hice en la habitación, de pena, del fracaso tan grande. Solo se rieron los camareros que me decían que tenía mucha gracia y que el público era muy serio. La atmósfera del humorista es el micro y la pista. Yo soy del escenario, la gente se ríe mucho y yo puedo hacer muchas gansadas y disparates, pero siempre tengo la tendencia última a rematar la faena con un momento poético y estético.

- Y con esa fórmula le va de maravilla.

- Cogí mi camino y ahí tuve todo el éxito del mundo. Todo es encontrar tu medida, tu sitio.

- Insiste el buscar el gozo de los espectadores. ¿Un gozo efímero por definición?

- ¡No,no! El gozo es lo único que permanece, los efímeros somos nosotros. Y lo que es efímera es la voluntad de comunicación con el gozo. El gozo es siempre nuevo o no lo es. La característica del gozo es que es un momento en que te olvidas del tiempo. Lo que trato de transmitir es el gozo que yo siento en el escenario.

- ¿Qué le pasó hace poco en una función en Cáceres?

- Siempre llamo a mi esposa antes de cada representación, una costumbre como la de los toreros, hola y adiós. Y en esa ocasión mi mujer estaba en América y no conseguía localizarla. Con aviones por medio me pongo nervioso. Y tenía que salir a escena sin hablar con ella, yo insistía y nada. El caso es que comencé la a trabajar con esa preocupación, pero a los cinco minutos se me había olvidado todo. Y la función fue una bomba, la gente encantada. Al final les expliqué lo que me había pasado y que ellos me habían hecho olvidar el problema. Cuando regresé al camerino tenía por fin varias llamadas de mi mujer que tampoco me podía localizar. Volví a salir a escena como un loco con el móvil para contarles que ya había podido hablar con ella. Todos nos emocionamos.

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