La radiografía de un joven terrorista

La radiografía de un joven terrorista
ILUSTRACIÓN IVÁN MATA

Pensamientos, creencias, dudas, esperanzas, amistades y andanzas de un yihadista mientras acude a inmolarse en París

Santiago Aizarna
SANTIAGO AIZARNA

Casi al momento de haber recibido noticias de un atentado terrorista en cualquier parte del mundo, lo que cualquiera se pregunta 'in mente' es, qué mecanismo de muerte se ha puesto en marcha en el fuero interno de los terroristas, por qué reglas se han dejado guiar, qué pretenden, qué credo sustentan para que no solamente acepten sus designios, sino para que se coloquen en el lugar principal de protagonistas.

La respuesta válida que se nos ocurre ante las mil y una preguntas que pudieran hacerse ante tamaños despropósitos, es decir que se trata de una o más acciones llevadas a cabo por unos fanáticos y que todo lo que haya ocurrido es debido a unas excrecencias normales en mentes coercidas por circunstancias tan conocidas como desconocidas según, para que esas enormidades catastróficas, se produzcan.

Parece como, si en este caso más o menos particular que es el que nos ocupa, el autor de esta novela, Yasmina Khadra, hubiera ido más allá en la disección mental de esas personas, y lo que hace desde el principio es meterse dentro de tales sujetos: «Éramos cuatro kamikazes; nuestra misión consistía en convertir el Estadio de Francia en un duelo planetario. Apretujados en el coche que nos llevaba a toda velocidad por la autopista, no decíamos nada. Había dos hermanos que yo no conocía, uno delante con Alí, el conductor, y otro en el asiento trasero junto a mí y a Driss. El hermano que iba delante había puesto un CD en el aparato del vehículo y, desde entonces, no hacíamos sino escuchar al jeque Saad el-Ghamidi declamando las suras con una voz profunda como un embrujo. Jamás he oído a nadie recitar el Corán mejor que ese sabio del Islam. No tenía cuerdas vocales, sino un arco iris cantando en la garganta. Creo que llorábamos de emoción, salvo quizás Alí, que parecía nervioso al volante».

Todo un escenario magníficamente montado, incluyendo la oquedad o apófisis (según se mire) de esa voz musical de tan gratas resonancias que pudiera sonar en oídos dispuestos a ella, como cosa de reclamo celestial, un sonido multidimensional que bien pudiera amasarse en ese puchero de los sentimientos que todos llevamos inserto procedente de experiencias y referencias varias que, como dejando al desgaire ese como señuelo atractivo, sigue el novelista completando la descripción del momento recurriendo al modo o manera del yo narrativo en la persona de Khalil. Es un joven de origen marroquí que vive en Bélgica, que ha estado en contacto con asistentes a la mezquita donde ha hecho amigos y ha sido integrado en una célula terrorista y, junto con unos amigos hermanos en religión, han aceptado inmolarse en París, durante un partido internacional de fútbol entre Francia y Alemania y, para ello, deben acudir a un determinado lugar de mucho gentío para que su acción terrorista sea un éxito. Cuando, después de haberse situado en el mejor lugar al parecer y ha sido preparada la actuación, ni el detonador y por consiguiente, el artefacto, funciona, lo que hace que el terrorista se encuentre en el punto cero de su misión con toda la serie de problemas derivados de esa situación pesándole en sus creencias, deberes, recuerdos, etc, que son por medio de esta novela como nos lo transmite.

Yasmina Khadra, como se dice en la solapa de este libro, es un autor cuyas obras han sido traducidas en más de 45 países, cuenta con un amplio número de lectores y, en general, también ha tenido muy buena crítica literaria, con varias menciones como autor de 'mejor libro del año' en varias publicaciones como 'El atentado', en Alemania; 'Las golondrinas de Kabul', en Estados Unidos; 'Lo que el día debe a la noche', en Francia; 'Las sirenas de Bagdad', en el Reino Unido. Han sido llevadas al cine, convertidas en obras de teatro y reproducidas como cómic y libros ilustrados, entre otros soportes artísticos. Entre los numerosos premios cosechados a lo largo de su carrera literaria, cabe destacar el que le dio la Academia Francesa en 2011 por el conjunto de su obra, el Grand Prix de Littérature Henri Gal. En Alianza Editorial están publicadas la mayor parte de sus obras: 'Lo que sueñan los lobos', 'El escritor'», 'Los corderos del Señor', 'La parte del muerto', 'El atentado', 'Las golondrinas de Kabul', 'A qué esperan los monos...', 'La última noche del Rais', 'Las sirenas de Bagdad' y, 'Dios no vive en La Habana'.

Pese a que las cábalas en las que puede debatirse un terrorista son bien conocidas por la mayoría por los tantos casos en que se han producido en la actualidad, es de tener en cuenta esta novela de trazo firme y reveladora de la capacidad literaria y valentía de un autor que trata de adivinar y transmitir al lector la urdimbre de cómo se fragua y da sus pasos la mente de un terrorista así como sus primeras andanzas con todo el complejo anímico, mental y creencial de ese personaje referidos a ese tal Khalil que nos habla en primera persona.

 

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