'Proyecto de la Basílica de Aranzazu', de José Sarriegui, una obra que trasciende lo artístico
La vanguardista pintura, que el ordiziarra realizó en los años 60, a la vez que la que presentó al concurso para el ábside del santuario, sale por primera vez al mercado
'Proyecto de la Basílica de Aranzazu 1961-1962' es una de las piezas más interesantes de la subasta on line que Anteo realizará mañana ... martes. El óleo de José Sarriegui Aldanondo (Ordizia, 1911-1967) ha permanecido hasta ahora en el ámbito de la familia del pintor y que ahora sale por primera vez al mercado. Se trata de una obra que trasciende lo puramente artístico y refleja una época marcada por la censura, la represión, el miedo ante cualquier aspecto que pudiera ser identificado con el nacionalismo vasco.
Sarriegui, íntimo amigo de algunos de los principales representantes de la vanguardia vasca como fueron Nicolás de Lekuona o Jorge Oteiza y emparentado en cuanto su obra a Aurelio Arteta, trabajó en su estudio de la calle Goen de Ordizia –fue uno de los artistas que participaron en la exposición de inauguración del Museo San Telmo–, hasta que decidió alistarse al batallón de gudaris Amaiur al inicio de la Guerra Civil. Su formación cayó a manos de los italianos en la localidad cántabra de Santoña. Pocos días después, Sarriegui, que había sido ascendido a teniente, fue juzgado sumariamente y condenado a la pena de muerte como autor de un delito de rebelión con la circunstancia agravante de peligrosidad ingresando en el Penal de Burgos. En 1940 la sentencia de muerte le fue conmutada por la de treinta años de prisión y en consecuencia comenzó a recorrer las cárceles de Santoña, El Dueso.
No abandonó su labor creativa e incluso en alguna de ellas pintó las capillas, siempre siguiendo los cánones que marcaba la iglesia. En 1942 realizó once grandes frescos de temática religiosa para el templo de la prisión burgalesa; si bien es cierto que alejado del estilo renovador y vanguardista que había caracterizado su obra anterior porque debió ajustarse a los cánones que le impusieron la autoridad civil y religiosa del penal.
Primera invitación
Tras salir de prisión, en los años 50 Sarriegui fue uno de los diez artistas invitados a presentar un proyecto para el ábside de la Basílica de Arantzazu, algo que le llenó de orgullo porque era muy creyente y el santuario suponía para él la unión entre el arte y la religión, al mismo tiempo que también significaba una apuesta por la renovación y el cambio.
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Helder Lobelos, uno de los responsables de la casa de subastas donostiarra, recuerda que junto al ordiziarra también fueron llamados para tomar parte en el concurso nombres como Nestor Basterretxea, Jesús Olasagasti o Agustín Ibarrola. Finalmente se eligió la propuesta del madrileño Carlos Pascual de Lara. El proyecto presentado por Sarriegui fue considerado demasiado abstracto y no correspondía en absoluto «al espíritu tradicional de la religiosidad vasca».
Pero tuvo una segunda oportunidad. El proyecto de la basílica se paralizó durante unos años y en ese tiempo Lara falleció. Los franciscanos volvieron a convocar un nuevo concurso en 1962 y Sarriegui volvió a presentarse.
Lobelos considera que la propuesta que realizó para esta ocasión «trató de contextualizar la mentalidad vasca sin olvidar que el régimen franquista ejercía una gran influencia en el poder eclesiástico. En este segundo proyecto, el tema era un poco más abierto que en el primer concurso celebrado en los años de postguerra, aunque siempre presionando por temas con lenguajes figurativos y reconocibles como la representación del Juicio Final, con los caballos del Apocalipsis y los desastres de la guerra». Esa vez tampoco pudo ser, el jurado optó por el magnífico mural de madera de seiscientos metros cuadrados de Lucio Muñoz.
Otra versión a la oficial
La obra que ahora sale a subasta no fue la que Sarriegui presentó finalmente en 1962. «Posiblemente fue descartada por el propio pintor, ya que introducía el tema vasco y no cumplía con el canon establecido. Puede ser una pintura que hizo para sí, para hacer lo que él quería aunque sabía que no la podía llevar al concurso».
Este 'Proyecto de la Basílica de Aranzazu 1961-1962' que ahora sale por primera vez a subasta con un precio inicial de 6.000 euros se caracteriza por el 'horror vacui', con cientos de figuras reproducidas en sus 178 centímetros de ancho por 115 de alto. «La imagen de la Santísima Trinidad aparece en el centro con el Dios creador, Dios salvador y Dios santificador.
También se pueden ver arcángeles, Rodrigo de Balzategui –el pastorcillo al que según la tradición se le apareció la virgen que le pidió que dijera a su padre que construyera una ermita en Arantzazu– , los apóstoles, la rebelión de los ángeles contra los siete pecados capitales, diversos santos vascos y representantes de oficios como marinos, agricultores, además de descubridores y colonizadores. También hay representación de deportes vascos como aizkolaris o arrastre de piedra y otros elementos del folclore.
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