Fernando Velázquez: «¿Qué hay de malo en llevar al público a la emoción?»

Fernando Velázquez: «¿Qué hay de malo en llevar al público a la emoción?»

Con 'Un monstruo viene a verme' afronta su cuarta nominación, tres por los filmes de Bayona y una a la mejor canción

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

A sus 40 años el getxotarra es un compositor bien consagrado en el campo de las bandas sonoras, incluso internacionalmente. Sobre todo por su trabajo en las películas de J. A. Bayona, con las que ha conseguido sus tres nominaciones al Goya a la mejor música original: 'El orfanato' (2008), 'Lo imposible' (2013) y 'Un monstruo viene a verme' (2017), con la que compite este año. Además, tuvo opciones en la categoría de canción original con 'Ocho apellidos vascos', pero aún no ha tenido el Goya en sus manos. En su treintena de trabajos para el cine, hay mucha música más allá de Bayona: 'Bosque de sombras', 'Los ojos de Julia', los dos filmes de 'Zipi y Zape', 'Gernika'...

-Sus tres nominaciones en banda sonora han sido con filmes de Bayona. ¿Con él da lo mejor de sí?

-Supongo que tiene que ver también con el modo en que funciona el mercado del cine, pero yo estoy muy orgulloso de las tres y he hecho unas cuantas películas sin Bayona que quizás con una buena promoción también podrían haber sido nominadas. Pero creo que estas tres son un bonito escaparate de música en profundidad, porque ultimamente en las nominadas a los Óscar parece que prefieren películas que tengan poca música. Estas tres han sido ocasiones de mucho lucimiento para mí.

-¿Se refiere a que ahora predominan músicas más ambientales o electrónicas que sinfónicas?

-Sí, o realizadas con orquesta completa pero con poca melodía, sin querer quitar mérito a nadie. Pero yo agradezco la oportunidad de hacer una música en sentido más estricto.

-¿Cómo hizo para enfrentarse a la complejidad temática y emocional de 'Un monstruo viene a verme', que tiene drama adulto muy realista, y fantasía a través de la mirada de un niño?

-Era un reto grande y atractivo. En la primera parte, más realista, hay bastante de esa música que es 'poco musical', más retenida y discreta para acompañar la enfermedad de la madre. Luego se desata hacia el lado de la fantasía y de alguna manera van confluyendo los dos aspectos. En ese momento en que se juntan, suenan el Orfeón Donostiarra y la Orquesta de Euskadi tocando pianísimo. Y de alguna manera yo me imagino a toda la humanidad susurrándole a Connor, y espero que esto no suene pretencioso. Esos momentos para mí explican por qué los artistas hacemos nuestras obras, por darle un sentido a la realidad. Llámalo amor del inconsciente colectivo o transmisión de generación en generación de nuestra realidad tan vulnerable y finita, no sé muy bien cómo ponerle nombre. Es tratar de encontrar una razón para nuestar existencia a través de algo que es inasible y poético.

-¿Le gusta esa sensación de estar agazapado detrás de la pantalla manejando los sentimientos del público a través de la música?

-Me encanta. Lo que no entiendo es esa tendencia que hay ahora a decir «cómo se nota que quiere hacer llorar al público» en plan despectivo. Pues sí, ¿y qué hay de malo en llevar al público a la emoción? Es como si ves una comedia y te quejas de que te quieran hacer reir. El público paga su entrada para sentir algo, y a mí no me avergüenza hacer que el público se sienta conmovido, para eso estamos. Y creo que sinceramente 'Un monstruo viene a verme' es un puro ejercicio de contención, a diferencia de 'Lo imposible', que era todo lo contrario de una manera consciente.

-¿Se enfada cuando le acusan de llevar al público a las lágrimas?

-Yo no quiero hacer que la gente llore, eso es tan fácil como pelar una cebolla. Quiero que se entienda el mensaje y la historia de la película. Aquí la gente no llora porque lo que tiene delante sea lacrimógeno, se emociona porque se siente identificada y entiende lo que está ocurriendo. Y creo que no hay nada más bonito si lo usas para un buen fin. Es cierto que el público también se equivoca y se le puede manipular, pero tres películas como las de Bayona, con esa taquilla y ese reconocimiento internacional, algo deben tener bien.

-¿Al hecho de que tres de los cuatro compositores nominados sean vascos, le da alguna importancia?

-Sí, que no entiendo por qué el cuarto no es vasco también, ja, ja. Vamos a adoptar a Julio de la Rosa. Tengo la suerte de conocer a Alberto Iglesias y Pascal Gaigne y son dos monstruos y además gente muy entrañable. Qué puedes decir de ellos que no lo diga su música, eso es lo más importante. Creo que no es una simple coincidencia, porque además hay otros compositores vascos de bandas sonoras muy interesantes también. Hay algo en nuestra luz, en nuestra manera de ser, en nuestra nostalgia, que nos lleva a la emoción en la música, y es común a todos. Es lo que me gusta de la música de Alberto y por eso tiene esa profundidad, nunca es gritona o pesada o extrovertida y sin embargo está llena de emoción. Como me pasa con la música de Pascal, la de Alberto cada vez me gusta más.

-¿Qué le da la Orquesta de Euskadi que es tan fiel a ella?

-La música de 'Un monstruo viene a verme' está llena de detalles, y en los detalles es donde se ve la calidad de una orquesta, cuando se queda desnuda con una sola nota. Y por eso estoy muy contento con el trabajo que hicimos con la Orquesta de Euskadi y el Orfeón Donostiarra.

-¿Le tocará por fin ganar el Goya?

-No lo pienso mucho. Antes me preocupaba más pero ahora solo pienso en que ojalá tenga otros diez años tan estupendos como los que he tenido desde 'El orfanato'. Si alguien sabe qué tengo que hacer para ganar que me lo diga que lo hago, pero con el nivel que hay en los otros tres contendientes estará muy bien dado salga quien salga.

 

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