El Dabadaba culmina su reforma y ofrece condiciones más profesionales

Los técnicos de sonido y DJs cuentan con una cabina profesional./
Los técnicos de sonido y DJs cuentan con una cabina profesional.

«Podremos pensar más a lo grande», aseguran desde la sala

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

«¡Vaya cambio, parece otro sitio!». Es la frase más repetida por quienes acceden al Dabadaba 2.0. La sala de conciertos de Egia casi ha culminado su primera reforma desde que abrió sus puertas hace cuatro años, y a falta de los últimos retoques, ya se pueden apreciar las principales variaciones: el escenario es más alto, el sonido ha mejorado y las condiciones son más profesionales en un espacio que amplía su aforo (298 personas) y su horario (6.00 y 6.30 horas).

Elegimos el viernes noche para la primera visita al remozado local pero quiere la casualidad que la afluencia de gente sea mínima. Quizá ha influido el buen tiempo, el exceso de oferta musical o el Mundial de fútbol, pero antes de comenzar el concierto de Bed Rugs, no hay más de 20 personas en el local. Seguramente, el grupo disculpa el pinchazo de público porque en ese momento, el equipo de su país, Bélgica, está vapuleando a Brasil.

Varias jóvenes tratan de captar los últimos rayos de sol de la jornada en la terraza, donde los grandes ventanales cuentan con dos nuevos bancos que serán muy disputados por la parroquia. En el interior, un par de melómanos habituales apura sus bebidas en la barra, más alta y larga, levantada en hormigón. Ambos se debaten entre la pena que les da ver tan cambiado el local y la esperanza de que la reforma sirva para mejorar la experiencia de la música en vivo. Todo indica que se impondrá este último punto...

El escenario es más alto, el sonido ha mejorado y las condiciones de la sala son más profesionales

El horario y el aforo del Dabadaba, que contará también con una tienda de discos, se amplían

Sin palés de madera

En primer lugar, el escenario se ha desplazado hacia la izquierda y ha ganado unos centímetros de altura, de modo que las personas de menor estatura podrán disfrutar de las actuaciones sin obstáculos. Llama la atención la desaparición de los emblemáticos palés de madera que lucían al fondo del tablado y que han sido sustituidos por un frente de hormigón que también tendrá personalidad propia. «Pondremos dos chapas perforadas con luz detrás haciendo efecto 'muaré'. Se acabó el rollo gaztetxe», bromea Álex López Allende, socio del Dabadaba.

Según explica, la obra la han llevado a cabo obligados por la normativa y, entre otras cosas, han instalado una doble puerta en la salida a la terraza y ventanas insonorizadas. «Son cristales de diez centímetros que pesan cada uno entre 300 y 400 kilos. Tuvieron que meter una máquina de tonelada y media para subirlos, y sólo tenían una oportunidad para colocarlos», recuerda entre sudores. Ha sido el punto más complicado y crítico de unos trabajos que han dirigido los jóvenes arquitectos del estudio Ergo, cuya oficina está situada cerca del Dabadaba. Son clientes asiduos y conocen bien el espacio, por lo que ha sido muy fácil colaborar con ellos: «Se han enrollado un montón».

López Allende añade que «aprovechando» que se metían en la obra, quisieron dotar a la sala de condiciones «más profesionales». Así, al nuevo escenario se suma el cambio completo del sistema de sonido, que ha mejorado ostensiblemente: las armonías vocales y los arreglos psicodélicos de Bed Rugs suenan de lujo. Anteayer sólo había unos focos en el suelo pero en breve se instalará un nuevo juego de luces completo, vieja demanda de fotógrafos y camarógrafos. Además, dado el «peso» que han ido ganando los pinchadiscos por las noches, frente al escenario se ha levantado una cabina perfectamente equipada que será compartida por el técnico de sonido y por los DJs, que ya no tendrán que montar su mesa en el escenario después de que haya recogido los bártulos el grupo de turno.

Todavía faltan los muebles y la decoración, algunas capas de pintura y novedades como una tienda de discos que se ubicará en el ala derecha, donde antes estaba el escenario: «Queremos abrir un puesto que sea sostenible con el mínimo gasto. Nos abasteceríamos de los discos de los grupos que pasan por aquí y también tendríamos algunas novedades. Veremos si funciona».

Gracias a su transformación, el Dabadaba tendrá licencia para ampliar su horario -en invierno hasta las 6 de la mañana y en verano hasta las 6.30- y el aforo para conciertos crecerá hasta las 298 personas. «La noche nos va a dar más juego para traer artistas y montar dobles sesiones», dice antes de que los belgas den paso al donostiarra Telmo Trenor, que al filo de la medianoche presenta su disco 'Heat'. «Ahora podremos pensar más a lo grande».

La misma hiperactividad

Pese al lavado de cara del garito, que incluso ha cambiado el célebre logotipo de la piña por otro inspirado en los arcos de los ventanales, hay algo que permanecerá inalterable en el lugar: su hiperactividad. De hecho, en los dos meses que han durado las obras no han cesado los conciertos, y tampoco lo harán en las próximas semanas en las que están anunciadas visitas como las de Dropkick, La Yegros, Caroline Rose, Donny Benét, Meridian Brothers, Shannon & The Clams, Wooden Shjips, Riley Walker e incluso Wire.

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