Pau Donés: «No me retiro, necesito solo unas vacaciones después de 20 años de música a todo gas»

Pau Donés tiene previsto tocar dos veces en Donostia antes de su retirada provisional de la música./ALBERTO FERRERAS
Pau Donés tiene previsto tocar dos veces en Donostia antes de su retirada provisional de la música. / ALBERTO FERRERAS

Jarabe de Palo clausurará la Semana Grande con un concierto «eléctrico y cañero» el 18 de agosto en el escenario de Sagüés. Hablamos con Pau Donés.

JAIONE ALONSOSAN SEBASTIÁN.

El cantante Pau Donés, de Jarabe de Palo, no se retira de la música para siempre. Solo lo hace temporalmente. «No voy a a decir un hasta pronto, pero un hasta luego, sí», asegura. De momento, le quedan 30 conciertos hasta finales de año. Dos de ellos en su «querida» San Sebastián: el 18 de agosto clausura la Semana Grande en Sagüés, y el 29 de noviembre repite cita en el teatro Victoria Eugenia. El 1 de enero de 2019 hará un parón temporal para centrarse en su vida personal y, en especial, en su hija.

- ¿Cómo se encuentra?

- Pues estupendamente, mañana toco en Torrelavega, pasado en las Palmas de Gran Canaria y la semana que viene tenemos Cadaqués (Girona), Ascó (Tarragona) y Donostia.

- Cierra la Semana Grande. ¿Cómo va a ser el concierto?

- Eléctrico y cañero. Vamos la banda al completo y haremos un repertorio con canciones muy conocidas de Jarabe de Palo. Será un concierto de celebración. Estamos en fiestas y queremos divertirnos con la gente.

- El concierto, ¿no tendrá también un halo de despedida para Pau Donés?

- No, porque ese, el de despedida, lo haremos el 29 de noviembre en el Teatro Victoria Eugenia. Habrá una escenografía y un vestuario especiales. Será también un concierto con banda pero más cuidado y con otro repertorio.

- ¿Con ganas de venir a San Sebastián?

- Voy muchísimo. Estoy encantado de ir a San Sebastián. Y ahora me he aficionado al surf y aún voy más, aunque a la parte del País Vasco francés. Tengo mucho vínculo con Donostia porque me cae cerca de casa, yo vivo en el valle de Arán, en pleno Pirineos, y es una ciudad que me encanta.

- ¿Qué encuentra aquí?

- Aquí tengo y he tenido grandísimos amigos. Me viene a la cabeza ahora Patxi San Miguel, que murió el año pasado, y al que le dediqué el concierto del Victoria Eugenia. El de la Semana Grande y el de noviembre también se los voy a dedicar. Siempre que voy a la ciudad me acuerdo de él y qué mejor que recordarle con la música o poderle ofrecer ese regalo. Tengo buenos amigos ahí, es una ciudad que con nosotros siempre ha sido muy cariñosa. En San Sebastián me siento muy bien.

«Conquisté a la madre de mi hija llevándole un fin de semana a San Sebastián»

- ¿De dónde nace ese vínculo con Donostia?

- Yo conquisté a la madre de mi hija en el Hotel Londres de San Sebastián. Nos estábamos conociendo, y en una de estas digo: 'me la llevo para Donostia', que es una ciudad bonita, me pillé una habitación guapa en el Londres y pasamos un fin de semana ahí, porque yo ya sabía que a ella le gustaba mucho la ciudad. Y así la conquisté. Además, cenamos donde mi buen amigo Arzak. Un fin de semana perfecto en San Sebastián. Antes de esto, había venido alguna vez, pero no con la asiduidad de ahora.

- Hace una semana comunicó vía Twitter que dejaba la música por «mucho tiempo» a partir del 1 de enero...

- Las noticias a veces adquieren una dimensión que muchas veces no la tienen. Cuando me diagnosticaron el cáncer, pues sí, tenía cáncer, pero como lo tiene tanta gente. De momento, no me muero. Si yo digo que 'me voy de vacaciones', comienzan las preguntas: ¿por qué se va?, ¿estará harto de todo?, ¿estará quemado?, ¿el cáncer le está matando? No, es que necesito unas vacaciones después de 20 años de estar con la música a todo gas. Sin parar un momento de escribir canciones, grabar discos, salir de gira, de subir al escenario, de hacer promoción. He dicho: ya está.

«Más que surfear, lo que hago es tragar agua salada del Cantábrico»

Pau Donés cumplía el año pasado 50 años. Y con esa edad comenzó a surfear en las playas del País Vasco francés. Se le puede ver cogiendo olas por Hossegor y Seignosse. «Surfear es un decir, porque estoy empezando y soy un paquete. Vengo a tragar agua salada del Cantábrico, que está muy buena», comenta entre risas. Alguien le recrimina que haya empezado tarde a surfear, pero Donés lo tiene claro: «Nunca es tarde si la dicha es buena». Aquí encuentra «placer y paz». «El rollo de estar en el agua, de subirte a una olita pequeña, quitarte el neopreno, y decir 'qué bien me siento' es una gozada», explica el cantante. Pero lo más importante para Donés es que el surf es una «motivación». «Tengo 51 años. En la vida he hecho de todo y ya me cuesta encontrar cosas que me motiven y de golpe, saber que hay algo que me hace sentir esa sensacion de satisfaccion y sentir que aprendo y me supero, no tiene precio», dice el compositor.

- Ya está y «me lo merezco»...

- Me lo merezco o lo necesito. Sí, es un poco más de me lo merezco que de lo necesito. Después de 20 años del grupo, estamos pasando un momento muy gustoso. Nuestra música gusta, los proyectos funcionan y vendemos discos y libros. El año pasado hicimos 121 conciertos y este año, 90. A pesar de todo esto, en mi cabeza hay una cierta necesidad o ganas de parar un poquito.

La gira de su despedida recalará de nuevo el 29 de noviembre en el teatro Victoria Eugenia

- Parar para dedicarse, ¿a qué?

- Voy a recuperar el tiempo perdido con mi hija. Es la base de todo. Ya me he perdido la infancia y paso de perderme la adolescencia. Y luego cosas tan sencillas como ir a comprar el pan, tener un fin de semana libre o vacaciones en agosto como todo el mundo, acompañar a mi hija al colegio, cenar con mis amigos, ir al campo base de Everest con mi oncólogo, hacer la travesía del Atlántico en velero, otra de mis grandes pasiones. Pero, sobre todo, me voy a dedicar a improvisar.

- Entonces, nada de retirada de Pau Donés. ¿Lo podemos dejar en un hasta luego?

- Sí, no voy a decir un hasta pronto, pero un hasta luego, sí. Porque no lo sé, en el sentido de que el futuro no existe. No sé lo que voy a hacer. No sé lo que me va a pasar. Y esta sensación de no saber me gusta porque en mi vida lo he sabido todo con mucha antelacion. Siempre he hecho planes y he planificado las cosas al detalle. Pues esta vez, no. Esta vez, sé que me paro y me piro. Y ya está.

- Cuánta incertidumbre...

- En el Victoria Eugenia explicaré seguramente algunos motivos más de mi ausencia temporal. No hay nada por lo que disgustarse y no es tan importante que nos vayamos sino que vamos a volver. El que diga que Pau Donés abandona la música, no tiene ni idea de música. Eso es imposible. Es como decir a un guitarrista que deje de tocar la guitarra, o le cortas las manos o no lo dejará nunca. Pues a mí me pasa lo mismo con la composición y ya no te digo con lo de subirme a un escenario.

- Antes de que acabe 2018 y, además de todos los conciertos que hay a la vista, hay otros proyectos. Para empezar, un libro...

- Se titulará '100 letras' y saldrá en octubre. Recoge las letras de las casi 100 canciones que hemos grabado y las fotos de los manuscritos de esas letras: el papel de ese hotel donde una vez escribí tal canción, la servilleta de un restaurante... Está la letra para que se lea bien, y luego está mi manuscrito que muchas veces no se puede leer porque tengo una letra de médico no, peor. De las canciones normalmente la gran protagonista es la música, que es lo que más recordamos. Las letras son muy importantes y he intentado darles ese protagonismo.

- Y esa idea de Pau Donés orquestal, ¿en qué consiste?

- Es un disco que saldrá también en octubre y que se llamará 'Jarabe filarmónico'. La Orquesta Filarmónica de Costa Rica nos llamó para adaptar unas canciones de Jarabe conmigo cantando. Habíamos hecho previamente tres conciertos y los tres, a tope. Con el director decidimos que íbamos a compartir eso con el resto del mundo. Y por eso hemos grabado el disco. Tocar con 70 músicos por detrás fue una auténtica delicia.

- Libro, nuevo disco, gira de despedida... A partir de enero, ¿está seguro de que no va a echar de menos los conciertos?

- Voy a echar de menos los escenarios un huevo. Y de hecho, va a ser eso lo que me haga volver un día. Es sano tener ese anhelo, lo saborearé, cuando estás de gira no tienes tiempo y quizás empiece a pensar qué afortunado fui cuando toqué en la Semana Grande donostiarra o con Pavarotti o Celia Cruz.

- Relativiza de una manera sorprendente todo lo relacionado con su enfermedad. ¿Es un optimista nato o la procesión va por dentro?

- Soy un enfermo de cáncer, y sé lo que me pasa y la mía es una enfermedad crónica, convivo con ella, ni me peleo, ni lucho, ni soy un guerrero. Es más difícil de entender si no se tiene la enfermedad, desde fuera por desconocimiento es una enfermedad que acojona muchísimo porque tiene que ver con la muerte. A mí me resulta poco traumático vivir con cáncer porque yo tengo claro cómo quiero vivir para estar contento, lo más feliz posible para estar bien conmigo mismo y disfrutar de mi presente. Porque a mí me interesa el presente, la vida es una y ahora.

- De eso trata su última canción inédita 'Humo': «Ahora que solo el ahora/Es lo único que tengo»

- Es una canción de amor a la vida, que la escribo cuando tengo cáncer, en un momento muy duro, de miedo, en el que piensas que te puedes morir. En ese día realmente pensaba que se acababa el asunto. La canción es dura pero es muy bonita. Ahora mismo no tengo tumores, estoy con la quimio, pero me encuentro muy bien, hago mi deporte y hago mi vida más o menos normal.

- ¿Es posible cantar 'Humo' en un escenario sin que se le derrame ninguna lágrima?

- Provoca una que otra lágrima, sí, pero yo aguanto. Sí que pensé que me iba a costar las primeras veces. No es fácil estar cantando que me estoy muriendo delante de todo el público con tanta libertad. Me emociono mucho porque me encanta decirlo, en esta canción me desnudo a tope. La canto con mucho gusto porque es especial.

- Hay una anécdota en su libro del año pasado '50 palos' donde describe una llamada de un amigo suyo que le dice: 'Te quiero mucho, no me viene bien que te vayas ahora'. Y acto seguido, cuelga. Bendita amistad, ¿no?

- Eso es muy potente. Sentirse querido es algo estupendo pero no es suficiente. La bomba es que te lo digan. Y que uno de tus mejores amigos, un chicarrón medio vasco de 50 años, que es más rudo que un arado, llore y te diga 'no te vayas', no puede haber sensación más maravillosa.

- Cuídese y vuelva pronto...

- Volveremos. No sé cuando pero en algún momento sí. De momento el 18 me veis en San Sebastián. Primero cogeré unas olas en la playa de Gros, después haré las pruebas de sonido y el concierto.

 

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