NOCHE SOLEADA

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉSMÚSICA

The Projectivers calienta el ambiente ilustrando con música e imágenes la pantalla del Dabadaba. El colectivo de Pau usa proyectores vintage para devolver vida a cintas añejas con melodías yeyé, pop, twist y rocanrol. Quienes cantan y bailan en las películas visten bañador, minifalda o 'shorts', y chapotean en playas y piscinas, entornos muy adecuados para lo que se avecina.

Es la cuarta visita de Shannon & The Clams, que lucen estrafalarios cual personajes de John Waters: moño rubio, bigotito, boina roja, sombrero tejano, corbatas de lazo, un plátano en el bolsillo... Los de Oakland abren con la deslumbrante 'The Boy', de lo mejorcito de un quinto disco, 'Onion', que peinan casi al completo paseando por sus géneros favoritos: doo-wop, rock garajero y surf aderezados con una pizca de psicodelia y actitud punk.

Uno escucha 'It's Gonna Go Away', 'My Man' o 'If I Could Know' y pronto se percata de que podrían llamarse Cody & The Clams: el guitarrista comparte con Shannon labores compositivas y vocales, y, ciertamente, está mejor dotado como cantante. De todos modos, su insinuante voz, con un punto rasgado y andrógino, encaja de maravilla con la de la bajista y juntos emulan con luminosidad a los girl-groups de toda la vida.

Tras zambombazos como 'Onion', 'Rat House' o ese 'I Leave Again' con «uh-ah» dignos de spaguetti-western, la rotura de una cuerda de guitarra ralentiza el set en 'Oh Louie'. No pasa nada.

Bajo, batería y órgano salvan la papeleta junto al animado público, muy a favor de obra y jubiloso ante la llegada de temas como 'Love Strike', 'Backstreets', 'Tryin' y 'Did You Love Me'. «Muchas gracias por bailar así», dice Shannon antes de abrevar su whisky de un trago y ofrecer dos propinas que cierran una noche soleada e ideal para ir despidiendo el verano.

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